Saltar al contenido

Más en DLAN: Nuestras Traducciones | Otras Traducciones | Mods y modding | Revisiones y Guías | Videojuegos | Arte | Literatura | Rol y Rol por foro e IRC | Mapa de la web
Foto

Una Disputa Inoportuna (Baldur's Gate)

Baldurs Gate Imoen Khalid Jaheira Xzar Montaron Nashkel Ivanus Historia Fan Fic

No hay respuestas

#1 Lord Ivanus

Lord Ivanus

    Humano

  • Miembro
  • Pip
  • 2 posts

Posteado 10 April 2017 - 01:08 AM

Ivanus Elliotek era un guerrero novato, aunque formidable a su manera. Tenía la piel cobriza, las cicatrices sutiles en el rostro, el cabello corto y ennegrecido, y los ojos ocres. Vestía una armadura metálica que le cubría casi todo el cuerpo, un casco de hierro, un escudo grande y blandía un hacha de combate.

Los recientes acontecimientos lo tenían perturbado… el inminente viaje junto a su padre adoptivo, Gorion, su repentino asesinato frente a sus ojos, la dura vida del aventurero en la Costa de la Espada…

Afortunadamente, Imoen, su amiga de la infancia, le había seguido y le había apoyado tras la desgracia de la muerte de Gorion.

- No le des muchas vueltas. – Le decía la joven con un entusiasmo casi infantil. – La vida continúa. Yo siempre te apoyaré. Además, ¿No crees que ésta es una oportunidad para formarnos un renombre en toda la Costa de la Espada? ¡Podríamos encontrar riquezas, tesoros! ¡Visitar la Puerta de Baldur! Aunque no me entusiasma demasiado la parte de derrotar monstruos… ¡Pero imagina todo lo que podríamos lograr como aventureros, tú y yo! Bueno, y podríamos reclutar a unos cuantos más, sería bueno tener un poco de ayuda. ¿Por qué no?

- Gracias por intentar animarme, Imoen. – Le dijo Ivanus dando un sonoro suspiro. – Pero déjame preguntarte… ¿Acaso no echas de menos a Winthrop? Candelero, nuestro hogar… no quiero sonar pesimista, pero todo éste asunto fue tan repentino…

- El Pedorretas puede apañárselas sin mí. – Le respondió revolviéndole el pelo, cariñosa. – Tú siempre quisiste salir de esa biblioteca aburrida. ¿Acaso no te acuerdas las veces que los viejos eruditos te nombraban como la condena del profeta Alaúndo, cada vez que les revolvías los pergaminos mientras jugabas con las escobas? No mires ésta desgracia de manera tan aciaga. ¡Puede ser tu oportunidad! ¡Nuestra oportunidad!

- Supongo que tienes razón. – Le dijo Ivanus más convencido de su causa. – Deberíamos ir al Mesón del Brazo Amigo. Gorion me dijo que hay dos amigos que podrían ayudarnos. Si eran conocidos de mi padre, de seguro que serán de confianza.

- Yo me voy.

- ¡Oye, eso es mío! – Le reclamó saliendo a su carrera. La alcanzó a pesar de su pesada armadura y recuperó el par de monedas que la joven le había sacado con gran habilidad de la bolsa. – A veces me preocupan tus tendencias cleptómanas.

- Vamos, vamos. Sólo era una broma.

- Deberíamos ir con cuidado… no sabemos qué peligros podemos encontrar.

Desde entonces, habían enfrentado varios riesgos, aprendiendo de la experiencia del combate la cautela, la habilidad, y la importancia de tener un equipo de aventureros balanceado.

Habían seguido el sendero sin saber que se encontrarían con dos viajeros de dudosa procedencia. Xzar era el primero, un mago nigromante que tenía una mirada trastornada y la cara pintada. Montaron era el segundo, un mediano ladrón con habilidades de guerrero, de aspecto tosco y sucio, con cera en las orejas puntiagudas y una excelente habilidad con el arco corto.

- Te recuerdo que nos hemos unido a ti, porque necesitamos investigar cuanto antes las minas de Nashkel. – Le dijo Montaron a Ivanus mientras acampaban cerca del farol de la costa. – La escasez de hierro es un problema para todos, en especial para mi bolsillo. ¿Por qué estamos en ésta condenada costa perdiendo el tiempo?

- Nos hemos desviado un poco del camino. – Dijo Ivanus limpiando su hacha. – Quiero ir al Mesón del Brazo Amigo primero. Allí reclutaremos a dos amigos de mi padre. Entonces iremos a ese destino. Te pido que tengas un poco de paciencia.

- Sólo te diré una cosa. Me impaciento mucho cuando tengo mi espada al alcance y nada que cercenar. – El mediano parecía estar gastándose una broma, pero había algo siniestro en su sonrisa.

- Tendrás mucho que cercenar, amigo mío. – Le dijo Ivanus intentando calmarlo. – Los bandidos son numerosos en estos tiempos. Fue espectacular el modo en que apuñalaste por la espalda a ése gnoll que intentó robarnos.

- Nadie roba a Montaron. – Se jactó. – Nadie.

- ¿Qué estás haciendo? – Le preguntó Imoen a Xzar.

- Oh, oooh… mira eso mami, la niña tiene curiosidad. – El mago parecía divertido extendiendo las manos al suelo con manierismo. – Mira esto, acércate. Mis heridas se están curando por completo, mira qué poderoso soy en el uso de la magia.

- ¡Le estás drenando la vida a esa pobre liebre! – Exclamó la chica con horror. - ¡Eres despreciable!

- Deja eso de una puñetera vez. – Le reclamó Montaron. – A todos nos repugnan tus hábitos desagradables.

- ¡Pero si lo hago porque estoy herido! ¡Ivanus es un guerrero horrible que no hace bien su trabajo de protegernos! – Ivanus se levantó y le dirigió al mago una mirada de reproche. No le gustaba para nada tener a esos dos dando vuelta, pero habían probado ser de utilidad. Sobrevivir era lo más importante entonces. No se podía dar el lujo de elegir mejor compañía.

Jaheira y Khalid se les unieron poco tiempo después. Jaheira era una druida aguerrida, de largos cabellos desenredados y esclarecidos. Tenía una mirada fiera, aunque era un poco maternalista con Ivanus. Tal parecer, ella y su tímido esposo Khalid, le debían especial pleitesía a Gorion, ya que cuidaban de su hijo adoptivo como si fuera propio.

Así, el grupo partió a investigar las lóbregas minas de Nashkel para averiguar la razón de los problemas de la zona.

Los mineros parecían trastornados, dando pistas confusas a los aventureros sobre lo que realmente estaba sucediendo. El hierro se desintegraba sin razón aparente.

- Esto me da mala espina… y no quiero formar parte de esto. – Dijo Imoen, temerosa.

- Tranquila. Quédate detrás de mí y yo te protegeré. – La calmó Ivanus.

- En un lugar tan oscuro como éste, me puedo esconder en cualquier lugar. – Dijo Montaron, con la codicia asesina en los ojos brillantes del mediano.

- No te pongas atrás de mí. – Le espetó Jaheira con brusquedad. – Eres hombre de poca confianza.

- T-T-T-Tranquilos, chicos. N-N-No es momento p-p-para ponernos a discutir. – Dijo Khalid tartamudeando.

- ¡No me toques! – Gritó con una voz aguda el mago.

- Lo siento, no pretendía hacerlo. – Dijo Ivanus.

- ¡Shhhh! – Siseó Jaheira con autoridad. - ¡Bajen la voz! No me siento nada cómoda en ésta profunda herida de la madre tierra. Nos podría caer un derrumbe encima.

Siguieron bajando, cada vez más profundo, el aire estaba encerrado y húmedo, las vigas de soporte parecían reclinarse de forma paulatina, el fuego de los candelabros se hacía tenue, como avecinando el peligro inminente del que el alcalde de Nashkel les había advertido con anterioridad. De pronto, un minero apareció de la oscuridad gritando, corriendo hacia los viajeros.

- Ya vienen… los demonios chillones… ¡Salvadme! – Gritó.

- No temáis… ¡Os protegeré de cualquier mal! – Le aseguró Ivanus disponiendo el hacha y el escudo. De pronto, el filo ardiente de una flecha encendida le atravesó el pecho al pobre minero que se desplomó muerto en el suelo, ahogándose con su propia sangre. - ¡Es hora un poco de bronca! – Exclamó Ivanus y junto con Khalid, cubrió las flechas que los kóbolds les lanzaron al grupo. Xzar drenó la fuerza vital de uno de ellos haciendo uso de su magia. Imoen y Montaron asesinaron a otros cuantos con el arco y las flechas. Khalid apoyó la ofensiva con la espada, hendiendo el filo en las cabezas de perro de las criaturas antropomórficas, mientras Ivanus le rebanó el pescuezo al resto.

- No me gusta… como se está poniendo esto. – Dijo Imoen.

- Debemos continuar y descubrir el meollo de éste asunto. – Dijo Ivanus con firmeza severa.

- Un regalo para los dioses. – Xzar parecía divertido al ver el brillo de un ónice, saqueado de uno de los cadáveres de los kóbolds. – A aquellos que los dioses desean destruir, ¡Primero los vuelven locos! ¡Locos! ¡Loooocos! – Berreó como un cabrío.

- Cállate la boca. – Le espetó Montaron sin tacto. – Esto se pone interesante. ¡Vamos a matar a unos perritos más!

- Conmigo. – Ivanus los lideró a través de los túneles interminables. Las minas estaban infestadas de kódolds, que les lanzaban flechas incendiadas desde los rincones más oscuros. La contienda se convirtió en una carnicería. El pequeño riachuelo subterráneo pronto se empapó de la sangre de las pequeñas criaturas. Ivanus y Khalid eran los más vapuleados, pero Jaheira acudía presurosa a curarlos con su poder. Sus heridas se cerraban y continuaron la lucha hasta que de nuevo sintieron la abrazadora soledad dentro de la mina.

- ¡U-u-u-un necrófago! – Exclamó Khalid, alarmado. El muerto viviente se había estado alimentando de la carroña de los trabajadores y de los kóbolds muertos. Era una criatura repugnante, con los ojos brillantes como esquirlas, la piel engruñada con sangre fresca y sangre seca de sus comidas pasadas, emitía unos escalofriantes gruñidos que ponían la piel de gallina.

- ¡Cuidado! – Ivanus encabezó al grupo y le dio una tajada horizontal que fue esquivada con asombrosa agilidad. Intentó girar la muñeca y dar un corte hacia la cabeza, pero el necrófago se agachó y le dio un mordisco justo en el cuello al guerrero. - ¡Aaaargh! – Sintió el efecto mágico en ese preciso momento, y ya no le fue posible mover un músculo.

- ¡Khalid, ayúdalo! – Le ordenó Jaheira. El tímido guerrero se mostraba muerto de miedo, pero no dudó un segundo en socorrer al discípulo de Gorion. Le aventó la espada en el esternón con gran precisión y se cubrió la represalia con el escudo. Jaheira intentó curar a Ivanus con sus poderes druídicos pero fue en vano. Montaron se escondió en las sombras y sorprendió al muerto viviente por la espalda, dándole una puñalada en donde tendría que estar el hígado, pero grande fue su sorpresa al ver que no surgió el efecto deseado.

Xzar le disparó una bala con la honda justo en cabeza, y ahí cayó el temible enemigo de una vez. Khalid intentó sacudir a Ivanus pero seguía inmóvil.

- ¿Está… muerto? – Preguntó Imoen con preocupación.

- No. Solo está paralizado. Debemos darle un poco de tiempo. El efecto no debería tardar en pasar. – Respondió Jaheira. En efecto, Ivanus se recuperó no mucho rato después, con la respiración entrecortada.

Siguieron avanzando, pero Ivanus notaba mucha tensión en el grupo. A Jaheira y Khalid no les caía nada bien Montaron y Xzar. Era lógico, pero con todos los peligros de las minas de Nashkel, aquel sería un muy mal momento para que los desacuerdos salieran a flote. Por desgracia, eso fue justo lo que ocurrió.

Atravesando un par de charcos, llegaron a un puente de roca natural. Hacia abajo se veía la piedra hirviendo, rojiza. Más allá, se veía un río de lava que avanzaba lentamente. Hacia el costado de la cueva lúgubre, había varios ojos que miraban con sumo apetito al grupo de aventureros.

 - ¡¿Qué demonios?! – Las arañas gigantes se abalanzaron contra ellos, emitiendo chillidos ensordecedores.

- ¡Por los caídos! – Gritó Jaheira, agitando el garrote para asistir el combate. Aquellos escalofriantes arácnidos no tenían razón alguna de estar en ese lugar, el asunto se ponía cada vez más extraño y peliagudo. Montaron decidió hacer uso de su arco y mantenerse alejado. Volaban las balas, las flechas atinaban, el hierro tronaba, las arañas chillaban… el hacha de Ivanus se desintegró en ese momento, dejándolo anonadado. Entonces fue mordido en la pantorrilla y el veneno mortal comenzó a expandirse por sus venas.

Entró en frenesí y desolló vivas a los monstruosos insectos, haciendo gala de una fuerza tremenda. Sin embargo, pagó la subida de adrenalina con un agotamiento atroz que le vino de golpe, y lo tumbó al suelo. Cansado y envenenado, Ivanus sentía que su hora estaba cerca.

Imoen le dio a beber una pócima de sanación que le salvó por los pelos de la muerte, aunque sentía que la vida se le seguía escapando de las manos. El veneno no se iría a menos que bebiera un antídoto, o la druida hiciera uso de los poderes de la naturaleza.

- ¡Ya no toleraré vuestra presencia! ¡Desenfundad! – Exclamó Jaheira. Ivanus no entendió lo que sucedió. Sabía que tenían sus diferencias, que entre los Arpistas y los Zhentárim de seguro habría inconvenientes. Pero de ahí a matarse justo en ese momento, nunca se le cruzó por la cabeza. Estaba demasiado débil para intervenir, allí, en la sofocante oscuridad.

- ¡Chicos, no tenemos tiempo para esto! ¡Ivanus está grave! ¡Jaheira, debes hacer algo por él! – Le imploró Imoen.

- ¡Vamos a desollar vuestras arterias como si fueran panecillos! – Exclamó Montaron.

- ¡N-n-no te atrevas a hablarle así a mi esposa! – Dijo Khalid, empuñando la espada larga.

- ¡Ya no soporto esta tensión! ¡No soy nada simpático cuando estoy tenso! – Gritó Xzar y en seguida comenzó a recitar las palabras mágicas. Khalid se lanzó contra Montaron y Jaheira conjuró una bendición para darles fuerza para el combate. Un brote de misiles mágicos fueron disparados hacia ella, causándole serias quemaduras. Jaheira se abalanzó contra el mago y le dio un golpe tremendo que lo dejó sin aire. – Mami… no me siento muy bien… - Exclamó con una voz aguda y maniática. En seguida, Jaheira le reventó la cabeza de un garrotazo, causándole una muerte inmediata. Khalid por su lado, demostró ser más hábil que Montaron en combate cuerpo a cuerpo, y le cortó la cabeza con la espada, dándole un corte hacia abajo para alcanzar al mediano. La sangre estaba por todos lados, mientras los cónyuges recuperaban la respiración y la compostura.

Jaheira curó el veneno a Ivanus y lo ayudó a ponerse de pie.

- Te pido disculpas, Ivanus. Pero durante nuestro viaje, hemos soportado cosas de esos dos que no te atreverías ni a imaginar. – Le miró con solemnidad. – Ya no eres un niño, hijo de Gorion. Deberías decidir ahora si quieres que sigamos siendo tus compañeros en tu viaje. – Ivanus reflexionó un momento. Khalid le dirigió una leve sonrisa, como diciéndole que todo estaría bien desde ahora.

- Sí. Quiero que vengan con nosotros. Afrontaremos juntos el trayecto que nos queda.

- Sabia decisión. – Le dijo Jaheira.

Entraron los cuatro al refugio de Mulahey, un semiorco bastante desagradable. Parecía fuerte y musculoso, con la mugre saliéndole de los colmillos, la piel verduzca, la armadura pesada, casi impenetrable.

- Tazok debe haberos enviado y mis kobolds traidores os dejaron pasar, ¿no? ¡Sabía que no podía confiar en ellos! ¡Confesad vuestra traición y tal vez os perdone! – Exigió con una voz profunda y gutural.

- Nadie nos ha enviado. ¡Confiesa tus crímenes y quizás te tengamos compasión! – Respondió Ivanus, aunque con la duda en la cabeza. Perder a Montaron y Xzar justo en ese momento le sentaba mal. Ahora se tendría que bastar con sus otros tres acompañantes.

- ¿No os envió Tazok? Entonces estáis muertos. Socorro, mis adláteres, ¡SOCORROOOO! – Un ejército de kóbolds y de esqueletos acudió a su rescate. Ivanus se enfocó en el semiorco mientras que Khalid empujó con el escudo a la chusma, protegiendo la retaguardia para que no le hicieran daño a Imoen y Jaheria.

La lucha fue frenética. Ivanus atacó con todas sus fuerzas al causante de las desgracias en Nashkel, recurriendo a las enseñanzas de su padre adoptivo. Cubrió las estocadas con el escudo lo mejor que pudo, intentó no perder el equilibrio, se agachó para que no le rebanaran la cabeza.

Hubo una explosión de fuego. Imoen había leído un pergamino que se habían encontrado, para convocar una bola de fuego explosiva. La mayoría de sus enemigos fueron incinerados al instante, causando una gran conmoción. Ivanus dio las gracias para sus adentros al recordar que la pícara tenía un interés por la magia arcana.

Vio la mirada suplicante de Mulahey, a punto de pedir misericordia, pero el hacha de Ivanus se hendió en su armadura, dejando sus tripas afuera y gimiendo sus últimos espasmos de muerte, cayó para contornearse y morir al fin.

En el interior de la cueva, parecía haber un refugio con las comodidades básicas. Camas, cojines y alfombras, además de unos cuantos cofres con pergaminos, suministros, y armas variadas.

Sin embargo, antes de descubrir aquella carta que le revelaría hacia dónde se dirigía su heroica proeza, Ivanus vio a un mago cautivo. Parecía tener una mirada depresiva, como si no tuviera esperanza alguna. ¿Acaso aquel pobre miserable podría ser su nuevo compañero de viajes? Le dirigió una mirada cómplice a Imoen. La vida del aventurero en la Costa de la Espada no es nada como uno se imaginase en un principio. Nada.


Editado por Lord Ivanus, 10 April 2017 - 01:21 AM.




Responder



  



También marcado con Baldurs Gate, Imoen, Khalid, Jaheira, Xzar, Montaron, Nashkel, Ivanus, Historia, Fan Fic

A Bragol. Tus amigos te echan de menos.