Saltar al contenido

Más en DLAN: Nuestras Traducciones | Otras Traducciones | Mods y modding | Revisiones y Guías | Videojuegos | Arte | Literatura | Rol y Rol por foro e IRC | Mapa de la web
Foto

Capitulo 1 de Una Historia de Tamriel


1 respuesta al tema

#1 francom95

francom95

    Humano

  • Miembro
  • Pip
  • 3 posts

Posteado 05 June 2015 - 11:59 PM

                                                                                                                       1

                                                                                                   HACIA LA BOCA DEL LOBO

 

Un día de invierno del año 155 de la Cuarta Era de Tamriel, en Cyrodiil, nació un pequeño niño al que su padre, pues su madre murió durante el parto, llamo Boromir. El muchacho imperial paso su infancia  en Anvil, corriendo y jugueteando alrededor de los cientos de barcos mercantes que tocaban puerto cada año. Anvil era una ciudad hermosa para cualquier niño, con sitios donde jugar y divertirse, como también antiguas casas abandonadas donde aventurarse a entrar.

El padre de Boromir se llamaba Denethor, un hombre de ceño fruncido que se dedicaba a trabajar en su pequeño establo ubicado en las afueras de la ciudad. El establo había sido de su padre también, el abuelo del joven Borormir, y desde hacia 25 años, cuando apenas había dejado la adolescencia, dirigía el mismo el negocio, incluso antes de que su padre muriera a manos de un malviviente. Denethor siempre se mostro muy afectuoso con su hijo, que ahora era todo lo que quedaba de su familia, y se preocupaba por que no le falte nada, dentro de lo necesario obviamente.

El muchachito imperial crecío rápido, tanto en altura como en edad, y su padre se aseguro de que vaya aprendiendo lo necesario sobre el negocio. Boromir ayudaba a alimentar a los caballos y a reparar las caballerizas cuando era necesario, mientras que pasaba el resto del tiempo con su mejor amigo, Aenar. Este amigo era nórdico, pero se había criado junto a el al viajar sus padres al sur, desde Skyrim. Aenar mostraba una gran habilidad en combate cuando ambos practicaban, ya sea con espadas de madera o con sus puños.

Los años transcurrieron casi sin sorpresas ni sobresaltos hasta una fatídica noche en que su padre murio, apenas unos dias después del vigesimoveinticico cumpleaños de Boromir y  luego de haber estado en cama un par de días por culpa de una enfermedad. La terrible noticia sorprendio y dejo en shock a Boromir y a todos los amigos de la familia que se habían acercado a ver el estado de Denethor, ya que al principio los sanadores de la ciudad dijeron que era solo una fiebre pasajera, que se curaría en un par de días nada mas. Solo el apoyo y consuelo de su amigo Aenar, el cual tenia una visión totalmente distinta a la suya de la muerte, impidieron que Boromir tomara una irreversible decision.    

El dolor por la muerte de su padre se fue mitigando lentamente, hora a hora, dia a dia, mes a mes. Su angustia fue muy grande las primeras semanas, pero luego su mente dio lugar a la aceptacion y al recuerdo feliz de lo que habían sido épocas felices. Asi, Boromir retomo el trabajo en el establo, ahora acompañado por quien sino que Aenar. Es un gran amigo, decia siempre Boromir a cada persona con la que hablaba.Pero las cosas no siguieron como hasta entonces, y el negocio y las ganancias producidas por las ventas de los equinos se fueron debilitando también, hasta que llegaron a un callejón sin salida. Al menos no una salida beneficiosa. Ambos, al ver que gastaban más septims en el cuidado de los caballos que lo que conseguían vendiéndolos, llegaron a la conclusión de que era hora de vender el establo. El comprador les pago con migajas, excusándose por una supuesta mala infraestructura y ubicación del lugar, dándoles dos semanas para que encontraran un nuevo hogar para los caballos. Y eso hicieron, ofreciendo, casi regalados, los escasos caballos que les quedaban en cada una de las ciudades de la gran Cyrodiil. Se hospedaban en posadas y comían lo que los generosos lugareños les ofrecían como limosna o, en algunas ocasiones, conseguían zanahorias y tomates de las granjas cercanas.

Cuando regresaron a Anvil, exhaustos por el largo traslado, dividieron las ridículas ganancias en partes iguales y se dirigieron cada uno a su casa. Pero  mientras se acercaba a la suya, Aenar se sorprendió al ver que todas las ventanas estaban cerradas. Inquieto, se aproximó a la puerta y vio que en ella había una nota de papel clavada con un cuchillo. Sacó el arma y leyó la nota, que decía:

.                                                                                   

 

‘‘Querido hijo:

                     Hemos recibido una carta desesperada del hermano de tu madre, Ysmar, en la que nos contó algo terrible. El Rey Supremo de Skyrim, ha  sido asesinado cruelmente por el Jarl Ulfric Capa de la Tormenta, quien dice querer recuperar las viejas costumbres nórdicas. Este hecho dio lugar a una gran revuelta, en la cual se enfrentan los leales al Imperio y los rebeldes que adoptaron el nombre de su líder.

Tu tío está enfermo y teme que lastimen a su familia. Pidió nuestra ayuda, una petición que tu madre no pudo negar, obviamente. Me veo obligado a acompañarla para protegerla de cualquier mal, pero no sé si pronto regresaremos. Te pido por favor que no pienses en seguirnos, cuida bien de la casa y de ti.

                                                                                                                                    

                                                                “Te queremos, Roldvar y Mirna’’

 

 

Cuando concluyo de leerla, Aenar guardo tanto el papel como el cuchillo y salió inmediatamente a ver a Boromir. Él podría aconsejarle que hacer.

Este, al verlo llegar apurado y nervioso, se esforzo por mostrarse alegre y de buen animo. Entonces pregunto:

-¿Qué es lo que te pasa Aenar? Nos hemos separado hace apenas minutos y ya quieres estar nuevamente a mi lado-

-He venido a hablarte de algo muy serio. Algo grave.- le contesto austeramente-. El joven nordico sudaba y tenia la mirada perdida.

-¿Qué ocurre hermano? -pregunto  el imperial ahora tambien comenzando a preocuparse.- Vamos dilo, no te quedes callado.

-Mis padres, Boromir…se han ido…se fueron dejando solo esta nota en la puerta de casa explicando los motivos -detallo Aenar mientras sacaba el papel del bolsillo para entregársela a su amigo-.

Boromir, sin saber bien que esperar, leyó la carta, pensativo.

-Es peor de lo que temía -dijo-. Una guerra nunca trae nada bueno.

Hizo una pausa mientras especulaba como continuar para no preocupar más a Aenar y al fin comentó:

-Imagino que piensas obedecer a tu padre y no cometer locuras, amigo mio. Debes quedarte aquí cuidando la casa hasta que regresen.

-¿Cómo puedo cuidar de una vieja choza cuando la única familia que tengo está atravesando carreteras atestadas de bestias, bandidos y vaya a saber qué más? No, amigo, desobedeceré a mi padre e iré en su búsqueda cuanto antes.

-¡Pero tú no conoces el camino, Aenar! Te perderás en cuanto salgas de Cyrodiil.

-Eso no representa ningún problema, Boromir. Mi corazón nórdico me guiara por la tierra de mis ancestros.

El ceño fruncido y la  voz nerviosa de Boromir dieron lugar a un semblante más calmo y compasivo, parecido al que utilizaría un anciano para hablar con su nieto. Mirando a los ojos a su amigo dijo:

- Eres obstinado, amigo mio, y veo que no podre hacer que cambies de opinión. Asi que, aunque me gustaría que lo pensaras más, si decides ir, iré contigo. No hay nada ni nadie que me retenga aquí.

-Yo no te he pedido que me acompañes, pero si así lo deseas, pues ¡nada mejor!.- exclamo Aenar al escuchar las palabras sinceras de su amigo-. Pero recuerda que puede ser un viaje peligroso.

-No me importa el riesgo si camino junto a un hermano -contestó el otro sonriendo-. Luego añadio:

-Descuida, volveremos junto con tus padres antes de lo que imaginas.

-Espero que sea asi -expreso Aenar mirando el horizonte. Espero que sea asi.

- ¿Que te parece si nos reunimos  en mi casa para ultimar cada detalle? -le pregunto Boromir- Yo preparare la cena.

-De acuerdo -respondio el nordico-. Me parece bien.

-¡Jaja! -rio- Preparate para saborear tan exquisito festín entonces. Te veré en la noche, amigo.

-Que asi sea.

 

Y asi llego la oscuridad de la noche, con ambos amigos reunidos junto a la mesa del salón principal de la casa de Boromir. El imperial preparo una comida sencilla pero con buenas calorías, diciendo que iban a necesitarlas para mas adelante, acompañada de dos botellas de la mejor cerveza que quedaba en la despensa. Al poco rato, ya no quedaba nada mas que platos vacios y botellas en igual situacion. Afortunadamente, todavia quedaba esa bebida tan apreciada en sus vasos.

-Muy bien pues, la comida ha estado sabrosa y era abundante, pero ya estoy lleno -dijo Boromir mientras se echaba atrás y tomaba una pinta de cerveza-. Así que hablemos acerca del tema por el que estamos aquí. ¿Sabes en que ciudad de Skyrim vive tu tío, Aenar? ¿La nota no dice nada al respecto?.

-He oído decir a mi madre, hace cierto tiempo, que mi tío Ysmar vive en Paraje de Ivar, un lugar al sureste de la provincia de Skyrim.-bebio un trago de cerveza-. Creo que lo mejor será ir allí y averiguar más detalles.

-Muy bien, pero de todos modos no sabemos como llegar a ese pueblo , ni que ruta es mas segura para cruzar. Creo que ni contando con el apoyo de varios corazones nórdicos podemos saber que camino escoger- dijo el imperial burlandose de lo que antes habia dicho su amigo-.

-He pensado que podríamos viajar en carro hasta Bruma -contesto seriamente Aenar mientras desocupaba la mesa y estiraba sobre ella un ornamentado mapa del imperio-. Luego podríamos tomar un transporte directo hasta la aldea nórdica más cercana.

-Mmm, quizás podría funcionar, ¿pero qué haremos luego? ¿Caminar?

-No podemos sino esperar a que llegue el momento, Boromir. No te preocupes, estoy seguro de que los dioses nos tienen deparado un viaje próspero.

-Esperemos que así sea, compañero- concluyo Boromir.

Luego de terminar de planear su viaje, estuvieron juntos al aire libre, un buen rato, mirando a la luna y las estrellas, fumando en silencio, como les gustaba hacer a veces. No se quedaron hasta muy tarde, pues debían comenzar su viaje temprano. Aenar apenas pudo dormir en toda la noche, preocupado por sus padres. Boromir, al contrario, disfruto de la que quizás sea la última noche en la que estaría en su casa.

A la mañana siguiente, ya con todo preparado para la larga travesía, Boromir se cargó la mochila al hombro y camino hasta su viejo establo, donde su nuevo dueño construiría una fábrica de cerveza, sitio en el cual habían acordado reunirse antes del mediodía. Desde lejos, ya pudo ver que Aenar estaba esperándolo yendo de un lado a otro, impaciente.

-¡Al fin llegas! -exclamo el nórdico al verlo aproximarse-. Temía que te hubieras arrepentido.

-Sabes que no podría hacerlo.-contesto Boromir-. Además, aún falta 1 hora para que el sol este bien alto en el cielo, amigo mío.

-Cuanto me alegra que estés a mi lado en este momento, Boromir.- dijo Aenar estrechándolo en un fuerte abrazo-.

-No nos pongamos sentimentales ahora, guardalo para cuando veas a tus padres. Aquí comienza nuestra aventura, y espero que sea la que planeamos. -dijo Boromir antes de partir-.

Juntos se dirigieron a la estación de transporte donde una carreta no muy cuidada, que a simple vista daba la impresión de que se iba a desarmar en cuanto te subieras a ella, estaba a punto de partir hacia Bruma. El conductor los miro de arriba a abajo y saludo amargamente. No parecía ser el tipo de hombre con el que te gustaría viajar durante toda una jornada, pero no tenían otra opción. Después de todo, no tenía por qué ser amable con sus clientes.Además de ellos, había otras dos personas listas para viajar en la misma carreta: un khajiita y un elfo oscuro. El khajiita, que dijo llamarse Dro’virr, paso todo el viaje discutiendo de cada tema que le venía a la cabeza, desde lo injusta que era la vida de su raza en esta provincia hasta su añoranza por los climas cálidos de su tierra natal. Nadie parecía prestarle atención, pero a él eso no parecía importarle, pues se preguntaba y respondía el mismo. Ni Boromir ni Aenar se preocuparon en hablarle ni en asentir lo que decía para simular que lo estaban atendiendo, no porque lo consideraran de una raza inferior ni nada parecido, sino por la bien conocida fama que tienen estos hombres gato de ser ladrones o contrabandistas, muchas veces relacionada con su inigualable adicción al skooma, una bebida producida ilegalmente con azúcar lunar. Al respecto, muchos decían que los dedos de estos seres eran tan rápidos y agiles que podían robar de tus bolsillos mientras te hablaban a la cara.El elfo por su parte era todo lo contrario al khajiita. Solo dejaba escuchar un sonido de molestia cuando el otro decía algo sobre la abolición de la esclavitud o cuando nombraba las hazañas de los argonianos en su ataque contra la casa Telvanni, una de las Tres Grandes Casas de la provincia de los elfos grises. Su rostro estaba cubierto en gran parte por una capucha de color azul oscuro que combinaba con sus ropajes negros, la cual no dejaba distinguir sus rasgos con claridad.

El viaje fue una tortura. Cientos de insectos rondaron sobre la carreta todo el tiempo y la humedad elevada y el poco espacio que tenía cada uno para moverse hizo que todos estuvieran de mal humor. Por suerte para ellos, luego de  unas 7 horas de viaje que les parecieron eternas, ya cuando anochecía, llegaron a  Bruma, una ciudad que parecía pertenecer  a Skyrim y no a Cyrodiil debido a su clima frio y las costumbres nórdicas de su pueblo. Al detenerse la carreta, el elfo y el khajiita desaparecieron rápidamente de vista, mientras que los dos amigos y el conductor se dirigieron a la posada.

La posada era un edificio en verdad pequeño comparado con el estándar de tamaño que solían usar los posaderos para regentar su negocio, y la ubicación tampoco era del todo buena, ya que se encontraba un tanto alejada del mercado y la plaza principal de la ciudad. Por este motivo, Boromir supuso que los constructores de la obra habían proyectado una casa común y corriente, y no un lugar donde la gente se reuniría a beber un trago o a descansar cómodamente. A causa de esto, se sorprendieron bastante cuando entraron y vieron lo concurrida que estaba.

-Yo me encargare de conseguirnos una habitación, soy un poco más amable que tú -dijo Boromir a su compañero, a quien le guiño el ojo-.

-O quizás más embustero -agrego Aenar también sonriendo y dando una palmada en el hombro a su amigo-.

Boromir avanzo hasta la barra empujando y esquivando a varias personas, mientras que Aenar se mezcló con la multitud que estaba reunida en uno de los rincones.

-¡Saludos buen señor!- le dijo Boromir al tabernero, un hombre casi calvo de unos 50 años de edad que sobresalía del resto por un espeso bigote de varios centímetros de largo-. Quisiera saber si yo y mi amigo -señalo a Aenar- podríamos hospedarnos aquí esta noche. Nos conformaremos con un colchón limpio.

El otro lo saludo con un gesto amable y cálido. Dirigiendo la mirada a Aenar y luego a Boromir. Enseguida dijo:

-Tienen que perdonarme, señores, pero este lugar esta abarrotado. Solo me queda una habitación sin la mejor comodidad. No es mucho...¡pero si la acepta se la dejare a la mitad de su precio! -exclamo-.

-Me parece justo -respondió Boromir satisfecho- ¿Puede agregar una segunda cama o un saco de dormir al cuarto?

-Por supuesto, joven. Enseguida estará lista. Diviértanse  y beban mientras tanto, ¡La primera pinta es gratuita!-

Al decir esto le entrego un pichel de cerveza bien espumosa, y luego llamo rápidamente a uno de sus ayudantes y le ordeno que preparara la habitación de atrás para los nuevos inquilinos.

Aenar, a quien que le gustaba que los demás le prestaran atención, estaba rodeado de personas que oían sorprendidas lo que el joven nórdico les contaba sobre lo que estaba sucediendo en Skyrim y, aunque a Boromir no le pareció correcto que todos se enteraran a donde iban, decidió no objetarle nada a su amigo.Unos minutos después el tabernero le informo que su albergue estaba listo, y que había dejado algo de comer junto a las camas. El imperial agradeció con franqueza el servicio de la posada e intento acercarse a Aenar, pero al hacerlo tropezó con un argoniano borracho que estaba bebiendo brandy cyrodiilico, ocasionando que ambos cayeran al piso. Enojado, se sacó de encima al hombre lagarto de un empellón, y finalmente pudo alcanzar a su amigo y juntos siguieron al posadero a través de un pasillo que se fue haciendo cada vez más oscuro y sucio a medida que se alejaban del vestíbulo. Luego el viejo se detuvo señalando la última puerta de la derecha.

-Esta es. Tengan la llave y disfruten de su estadía.                                                                                                                   

Al ingresar, notaron que el hombre no mentía sobre la parca comodidad del cuarto. Apenas tenían espacio para caminar allí dentro. No había mesa ni sillas, así que comieron sentados en las camas. Por lo menos la comida era buena y la cerveza con la que la acompañaron aún mejor.

Luego de cenar decidieron preparar sus pertenencias para el viaje del día siguiente. Aenar no tardo demasiado, y se acostó temprano, mientras Boromir siguió revolviendo y hurgando entre sus cosas,  buscando algo específico. Nervioso, noto que faltaba el colgante con la imagen de sus padres que Denethor le había entregado cuando era pequeño.

-¿Has visto mi colgante por ahí, Aenar? -pregunto intranquilo-.

-¿El que siempre llevas en el cuello? No, no lo vi -contesto bostezando largamente.

-Creo que se me ha perdido. Es un recuerdo de mi padre, tengo que encontrarlo si o si.

-¿Revisaste entre tu ropa? -pregunto el nórdico-. Debes de tenerlo por ahí.

-No, no está. ¡Maldición! Se me debe haber caído en alguna parte.

-Quizás deberías ir a buscarlo a la carreta -sugirio Aenar-. Se te abra caído al bajar…

-¡Tienes razón! Recuerdo que durante el viaje me lo quite y lo puse en mi bolsillo. Iré a echar un vistazo enseguida.

-¿Tienes que hacerlo ahora mismo? Mañana será un largo día y hay que descansar.-

-Tú puedes dormir si quieres. Yo  necesito encontrarlo.

-Como quieras, Boromir. Hasta mañana -lo saludo el nordico antes de darse vuelta y dormirse rápidamente en la cama-.

Boromir salió de la posada preocupado y se dirigió hasta el establo, donde estaba aparcada la carreta, por el mismo callejón lateral por el que llegaron. El pasaje estaba mucho más oscuro que unas horas atrás, pero Boromir estaba demasiado enfocado en su amuleto como para darle importancia. Al alcanzar una de las esquinas que llevaban a la plaza principal de la ciudad vio a dos sujetos riendo y bebiendo bajo la luz de un farol. Decidió acercarse para preguntar si no habían encontrado su colgante mientras circulaban por allí pero se detuvo a unos pasos de ellos cuando vio quienes eran: Dro’Virr, el khajiita que viajo junto a él desde Anvil, y el argoniano con el que tropezó en la posada. Sin hacer ruido, se acercó a ellos por detrás hasta estar lo suficientemente cerca para escuchar lo que decían y su rostro cambio completamente.

 

-Tenías razón, Dro’Virr. Ese sucio imperial es más tonto de lo que parece. Ni sospecho cuando le saque este hermoso collar de su bolsillo-

-Jajaja, Dro'virr siempre tiene razon -rio el khajiita-. Pero cuéntale al buen amigo khajiita ¿Qué truco utilizo Deejo para no llamar su atención? Ése nórdico con el que viaja es bien grandote, jaja.

-Pero también es muy charlatán -respondió el argoniano-. Simplemente espere a que se separaran y me acerque al imperial por la espalda fingiendo estar borracho. Cuando dio media vuelta para ir a su habitación choco conmigo y metí mis agiles dedos dentro de su chaqueta.-

-Ahhh, el viejo truco que el hermano de Dejoo les enseño a el y a Dro'virr, nunca falla. Ambos eberian aprovechar y sacarles algo más a esos dos.- El khajiita vio que están hospedados en la habitación de atrás, la que da a la ventana sur.

-Ya es hora de que hagas algo tú, compañero -le respondio Deejo estirando los brazos por detras de su cabeza-.

-Bahh siempre lo mismo, nadie aprecia el trabajo de Dro'virr. Pero el te demostrara qué clase de botín puede conseguir un verdadero ladrón. Espéralo aquí, a el le encantara ver tu cara cuando vuelva.

Inmediatamente, Boromir salió de las sombras y retomo el camino hasta la posada a toda velocidad. Al entrar a la habitación despertó a su amigo para contarle brevemente la situación y le revelo el plan que se le ocurrió mientras regresaba. Quería emboscar a los ladrones.

-No nos precipitemos -le dijo a Aenar, que al escuchar como habian planeado el robo los ladrones la ira lo habia asaltado-. Tú quédate en la cama fingiendo dormir profundamente, y yo pondré toda nuestra ropa bajo las sabanas de mi cama para simular mi cuerpo, pero lo esperare detrás de la puerta con el cuchillo de tu padre. Ni bien aparezca lo detendré e iremos todos a ver a su cómplice-.

-¡Es un buen plan, amigo! Pero creo que tú debes ser quien finja estar dormido -contesto el nórdico entusiasmado- ¿no crees?

-No en esta ocasión, Aenar -respondió Boromir-.

Confiaba en su amigo, pero temía que las cosas se le fueran de control.

-Está bien -contesto de mala gana, algo desilusionado-.

Con prisa prepararon todo y se acomodaron para esperar al khajiita. Pasaban los minutos y nadie aparecía. Al fin, cansados de esperar, oyeron pasos ligeros que se aproximaban por el corredor. Acto seguido, se escuchó como el ladrón ponía a prueba su habilidad intentando forzar la cerradura de la puerta. Crick- Crick hizo el cerrojo cuando lo logro, y sin perder más tiempo entro lentamente en la habitación, observando como sus víctimas aparentemente dormían. De improvisto, mientras se  acercaba a los baúles que había junto a los pies de las camas con una codicia cegadora, sintió como un fuerte brazo armado con un arma blanca lo sujeto del cuello.

-¡Quédate quieto, ladrón! Un movimiento en falso y cortare tu peludo cuello -le dijo Boromir intimidante-.

-Está bien, está bien…cálmate -contesto asustado-. Solo estaba buscando al conductor de la carreta para decirle si podíamos irnos ahora, pero se ve que me he equivocado de habitación -dijo Dro’Virr simulando estar totalmente apenado-.

-¡Mentira! -grito Boromir- Te he oído hablar con ese maldito lagarto en el callejón. ¡Desearan no habernos robado!

El khajiita cambió totalmente su actitud pasiva, zamarreándose de un lado a otro intentando liberarse. Sin embargo, la fuerza con que Boromir lo sujeto fue suficiente para que se diera por vencido.  En ese momento Aenar se levantó de la cama y entre ambos lograron atarle las manos improvisadamente.                                                                                                          

-Llevemos a nuestro nuevo amigo a visitar a ese argoniano -dijo Aenar-. Debe estar impaciente por verlo regresar.

Salieron de la posada observando ambos lados del camino, inquietos. Boromir iba adelante, sosteniendo de los hombros al intruso. Un poco más atrás caminaba Aenar. Cuando estaban cerca del lugar donde había visto al argoniano, Boromir se detuvo para decirle algo a su amigo, y mientras lo hacían Dro’virr aprovecho el descuido y  logro aflojar sus amarras usando sus afilados colmillos, pero no  huyo, sino que siguió caminando como si no hubiera hecho nada.

-Espera aquí, Aenar. No quiero que el lagarto escape al vernos llegar. Si oyes que se va a librar una pelea no dudes en venir, necesitaré tu ayuda.

- ¿No deberiamos ir juntos? -gimio Aenar-. Yo tengo mas fuerza y destreza en combate.

-Lo sé amigo, pero espero no sea necesario llegar a eso. Solo quiero asustarlos.

 Aenar resoplo largamente. Estaba ansioso por demostrar su habilidad.

 Bajo el mismo farol, el argoniano aún seguía sentado allí, en un banco de madera, silbando tranquilamente como si fuera un ciudadano más. De pronto, giro la cabeza y vio la silueta de su cómplice caminando lentamente hacia él. Se incorporó de un salto y exclamo:

-¡Tardaste demasiado! Estaba a punto de ir a buscarte. ¿Conseguiste robarle algo más a esos idiotas?

-¡Cállate, imbécil! -le contesto Dro’virr con un grito entre dientes-.

-¿Que ocurre, amigo? ¿Algo salió mal? -pregunto el otro-.

Prontamente Boromir salió de atrás de su prisionero y puso su cuchillo en el cuello del hombre-gato.

-¡Quédate donde estas y devuélveme lo que me robaron! -ordeno-. ¡O de la garganta de tu amigo caerá una cascada de sangre!

El argoniano vacilo y retrocedió, sorprendido.

-¡No lo escuches, Deejo! Quiere vengarse de nosotros, ¡me matara de todas formas!.

En ese instante apareció Aenar, desde las sombras, para rodear al ratero, pero este, al igual que un animal salvaje acorralado que gira sobre sí mismo para hacerle frente a su atacante, saco del cinturón una daga de acero reluciente y grito:

-¡Vengan aquí! Si pelea es lo que buscan, la tendrán. He tenido rivales más fuertes que ustedes dos.

Al ver que la batalla era inevitable, Dro’Virr se liberó de sus ataduras y se sacó de encima a Boromir de un empujón.

-¡Vaya! -exclamo el nórdico- Esto se ha vuelto interesante. Venga, Boromir acabemos con ellos de una vez.

La lucha comenzó ferozmente en dos duelos diferentes; Boromir contra Dro’Virr e Aenar con Dejoo. El imperial aprovechaba su mayor porte físico para lanzas fuertes ataques con el cuchillo dirigidos al pecho de su oponente. Dro’Virr, en cambio, esquivaba ágilmente y contragolpeaba con sus fuertes garras. Por su parte, Aenar sacaba clara ventaja contra el argoniano a pesar de que no llevaba arma alguna. Sabía usar muy bien sus puños en combate, habilidad que le llevo a ganar varios premios en las competencias en la ciudad. De un certero puñetazo logro derribar a Dejoo, que dejo caer su daga a un metro de distancia. El nórdico la levanto del suelo apoyando su pesado pie en el cuello del ladrón y, a pesar de las suplicas del lagarto, le hundió su propia daga en el pecho acabando con su miserable vida. Asustado al ver a su socio muerto, Dro’Virr intento huir a toda velocidad, pero mientras corría, Boromir le arrojo el cuchillo  acertándole en la espalda, ocasionando que el khajiita cayera boca abajo contra el suelo, inmóvil. Luego de unos segundos de respiro, el nórdico se acercó a él para comprobar si el ladrón estaba muerto, pero Dro’Virr aun jadeaba.                                                                                                                                                 

- ¡No me mates por favor! Puedo hacerte un hombre muy rico si permites que valla a ver un sanador- suplico el khajiita.

-No correré el riesgo de dejarte ir.- Contesto severamente Aenar- Debiste pensar mejor tu profesión, ladrón.- sentencio y enterró todavía más el cuchillo en la carne del maloso, que se retorció de dolor hasta morir.

Finalmente retiro el cuchillo del cadáver  y, luego de limpiarlo, lo guardo bien debajo de su ropa.

-Revísales los bolsillos, Boromir. Deben tener tu amuleto allí.-

El imperial estaba enmudecido, no podía creer que tuvieran que haber llegado a eso. Lo impacto verdaderamente la inclemencia de su amigo, que mato a Dro’virr cuando este rogaba que lo dejara vivir.

-¡Boromir!- grito Aenar viendo que su amigo estaba inmóvil- ¡Revísales los bolsillos!-

 Boromir reacciono, se agacho en silencio y registro minuciosamente a los ladrones y, efectivamente, encontró lo que buscaba junto a una pequeña bolsa de arpillera con unos 25 septims, posiblemente de otra víctima. Lo alzo para mostrárselo a su amigo.

Enseguida volvieron caminando velozmente hasta su habitación, sin mediar una palabra. Una vez alli, Aenar se recostó y dijo:

-Espero que ahora podamos dormir tranquilos. Tu tienes de vuelta tu collar, y yo estoy tranquilo sabiendo que esos ladornes no volveran a robar a nadie mas.

Apenas tardo un par de minutos en dormirse, y asi lo hizo plácidamente hasta la mañana siguiente, como si no hubiera ocurrido nada esa noche.

Pero Boromir no concilio el sueño. Estuvo pensando inquietamente si no podían haber evitado la muerte de los ladrones, que si bien no eran buenas personas, quizá no merecían un final tan sangriento.

                                                                                                                      

 

                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                            



#2 francom95

francom95

    Humano

  • Miembro
  • Pip
  • 3 posts

Posteado 06 June 2015 - 04:17 PM

Si alguien lo lee, me gustaria saber que opinan al respecto. Gracias. Añado que los nombres son provisionales y que si bien el relato se basa en el universo de los Elder Scrolls, me he tomado la licencia de cambiar los aspectos del entorno para que se ajusten a mi historia.


Editado por francom95, 06 June 2015 - 04:40 PM.




Responder



  


A Bragol. Tus amigos te echan de menos.