Posteado 02 July 2012 - 01:22 AM
Lo primero de todo es que aunque ya conocía el cuento su relectura me ha fascinado. Creo que es un cuento que merece la pena leer más de una vez. Al hilo de eso diré que algo que me encanta en Salinger, y en otros de su generación, creo, es su capacidad de sugerir, de indicar levemente al lector, pero dejándole libre albedrío respecto a donde llevar la interpretación. Diría que se juega con la ambigüedad, pero no, porque las indicaciones son muchas, quizá mejor hablar de una suerte de estructura en forma de iceberg. Se puede ver la punta, y uno puede disfrutar del cuento quedándose en ese estrato, aunque para un cuento de final tan siniestramente pesimista quizá disfrutar no sea una palabra adecuada, o se puede profundizar más.
Si se profundiza un poco más creo que uno de los temas centrales a descubrir bajo la superficie aparentemente tersa del relato es el de la comunicación y sus problemas, o incluso de su imposibilidad. En la primera escena del cuento, una mujer tiene muchos problemas para establecer contacto telefónico con su madre (muy importante la exageración de los 97 agentes de publicidad alojados en el Hotel, luego volveré sobre eso), y cuando lo logra, en realidad apenas consiguen establecer contacto, comunicación, real: parecería que cada una habla por su parte y a veces emite algún tipo de enunciado fático para comprobar si la otra persona está ahí, pero no se escuchan mutuamente. Es más, la muchacha, pese a las advertencias de la madre, de su familia preocupada por el marido de la muchacha, por su comportamiento anti-social, por sus manifestaciones de malestar psicológico, no ve nada en su marido, está más preocupada por la moda, los cotilleos, el lujo del lugar, y no parece haber prestado atención a los problemas de su pareja. Y todavía más, aunque como le cuenta a su madre, habló en el Hotel con un psicólogo, el bullicio del lugar, de la fiesta nocturna, no le permitió comunicarse adecuadamente con él, para tratar de saber algo más sobre su marido.
Si pasamos a la segunda escena, tenemos más de lo mismo, la niñita pequeña en la playa, Sybil, molesta a su mama, que finalmente la deja sola en la playa para irse a tomar un Martini (increíble la atención y el cuidado de la madre para con su hija). Ésta le dice algo que de primeras no entendí, pero que con una segunda lectura queda claro: “Quiere ver más cristal”, dice la niña, esto es quiere ver a Seymour Glass, el protagonista del cuento (See more Glass, en inglés, se pronunciaría igual). El caso es que Sybil, no logra comunicarse con su mama, con el mundo de los adultos, así que se va con el protagonista, que está en la playa, sólo, aislado del resto de la sociedad. Y en realidad ese es el comportamiento habitual de Seymour, según el cuento nos deja entrever, en la fiesta de la noche tocando el piano a solas, antes comportándose de forma muy inadecuada con la familia de su esposa, ahora sólo en la playa. Sabemos que es un veterano de guerra, que ha vuelto tocado psicológicamente, ha “visto más” o demasiado, a través del cristal del conflicto, y le han dado de alta sin estar plenamente recuperado, hasta el punto en que se ha convertido en un outsider, aunque su esposa no se haya dado cuenta, no lo vea.
Casí podría decirse que Seymour, visto que le resulta imposible comunicarse con el mundo adulto, demasiado interesado en cosas superficiales, en el consumismo, el lujo, el placer (el paraíso de los publicistas que se alojan en el Hotel de manera masiva, por cierto), trata de establecer contacto con el mundo de los niños, como volver a la ingenuidad y pureza infantil. De ahí su trato con Sybil, o con su amiguita, y aunque esto por instantes parece posible, la niña “ve” el pez platano del cuento de Seymour, sin embargo al final se revela también como un camino vedado: hay una tensión sexual diría yo (el beso de Seymour en la planta del pie de la niña) que rompe ese espacio comunicativo, la niña se vuelve con su mama, y deja nuevamente al protagonista sólo.
En la última escena, ese bloqueo de la comunicación con el resto del mundo aún es más patente, se manifiesta de manera violenta, en los malos modos con que trata a una persona que simplemente coincide en el ascensor con él (malos modos que nos recuerdan el comportamiento insociable de Seymour con la familia de su esposa, que tanto alarmará a estos), y finalmente en la única salida que parece quedarle al protagonista que ha visto demasiado y no logra comunicarlo. Por cierto, que ese creo que es el sentido del cuento del pez plátano, igual que éste, Seymour tiene demasiadas cosas dentro y en el mundo artificioso y superficial que le rodea, donde no ven su trauma, donde no puede sacar de dentro nada de lo que carga emocionalmente, sólo le queda una vía siniestra, un final violento y definitivo, una fiebre que se lo lleve de un mundo en el que no encaja.
En fin, supongo que hoy también es un día perfecto para el pez plátano!
Saludos!!!!
Conocerse es errar, y el oráculo que dijo «Conócete» propuso un trabajo mayor que los de Hércules y un enigma más oscuro que el de la Esfinge. Desconocerse conscientemente es el camino. Y desconocerse concienzudamente constituye el uso activo de la ironía. No conozco cosa más grande ni más propia del hombre verdaderamente grande que el análisis paciente y expresivo de las maneras de desconocernos, el registro consciente de la inconsciencia de nuestras conciencias, la metafísica de las sombras autónomas, la poesía del crepúsculo de la desilusión.