- Recuerda, querido lector, que este relato participa en el Concurso de Microrrelatos, por lo que si te animas a dejar una valoración positiva de él y además escribes literalmente: "le doy mi voto", le estarás votando. Valorar solamente significa explicar brevemente porqué te gustó. Los comentarios que sólo digan: “me gustó” o "le doy mi voto" pero no expliquen el porqué, no se considerarán votos válidos.
Ahora sí, sin más preámbulos, disfruta del relato:
A tu lado
Extiende sus poderosas alas, mira valiente al vacío y se precipita sobre el agua gélida a una velocidad espectacular; sabes que algún día llegarás a poder efectuar esas formidables maniobras con tu enjuto cuerpo pero aún eres joven y tus endebles músculos deben crecer y ser ejercitados.
Sigues aguardando la sabrosa comida masticada de tus serviciales progenitores, conoces de memoria sus graznidos, aunque casi no identifiques su forma, pues todos te resultan semejantes. Tus plumas comienzan a caer y otras ocupan su lugar, son más fuertes, te dan mayor seguridad, te hacen pensar que puedes afrontar cualquier peligro sin temor.
Con el paso del tiempo, además, te sientes más vigoroso, anhelante de poder valerte por ti mismo, experimentar sensaciones nuevas que te permitan alcanzar la libertad.
Una mañana en la que sol lucía tenue en la lejanía, te acercas al risco para extender tus débiles alas, a tu alrededor te observan con suspicacia, desean contemplar cómo el nerviosismo de la incertidumbre recorre tu cuerpo. No te equivocas, estás temblando, no eres tan intrépido como crees en un principio. Lo que a otros les hace más fuerte a ti te empequeñece, eres honesto pero aún no lo sabes, estás extendiendo tus alas y entiendes que no debes lanzarte al vacío, no es el momento. Hacia tu indecisión escuchas los graznidos inefables y finaliza la reunión, vuelven todos a sus huecos insondables y tú, cabizbajo, encabezas la vuelta a tu diminuta gruta. Mañana no recordarás lo ocurrido y descansarás sabiendo que ellos tampoco. Te calmas pensando que se presentará una nueva oportunidad próximamente.
Tus progenitores, un aciago día, no regresan para alimentarte, comienzas a sospechar su pérdida cuando este hecho se repite de forma habitual, aunque reconoces que cualquiera pudo haber sido el que, –confundido-, te trajo de comer ayer mismo. Sacando fuerzas de flaqueza intentas encajarlo, reprimes las lágrimas aunque ya sea tarde, éstas ya se deslizan mezcladas con la lluvia por tu nacarado pico.
Apenado, caminas sosegadamente por el risco del escabroso acantilado que habitas, procuras tener cuidado en cada paso, te acercas al borde y sientes el agua deslizarse entre tus afiladas garras, del mismo modo que la recalcitrante rabia circula por la sangre.
En el horizonte, el mar, donde siempre ha estado, sus sempiternas olas acarician con fiereza las rocas, erosionando lo que conoces por hogar, tú las ves extasiado, comienzan a contagiarte una sensación de euforia, te animan a realizarte, a formar parte de ellas, en definitiva, a vivir.
Tu mirada reflexiva otea el crepúsculo, no ves nada más, estás aislado del entorno. Finges que miras y no ves nada. Despliegas tus extremidades y una pluma vuela ante ti, el viento la mece con suavidad y, desciende con tal delicadeza, que te invita a seguirla, comprendes entonces para qué estás hecho, comienzas a conocer tu función.
Tomas impulso y te precipitas hacia el mar, el sonido del viento rozando cada pluma de tu cuerpo esculpe tu figura, desciendes en picado junto a la lluvia, con las alas pegadas a tus costados y, cuando el mar se acerca inexorablemente a ti, las extiendes, todo en tu derredor da un vuelco, lo que antes estaba arriba, ahora está abajo, todo aquello que siempre has deseado lo tienes ante ti y es mejor de lo que imaginaste jamás.
Ahora te percatas de que puedes moldear la realidad a tu antojo, has olvidado la soledad, la pérdida de tu progenie, no tienes miedo al abismo, no te aterra nada ni nadie. Es una perspectiva única y real, la mejor de todas las que podrías soñar. Te envidio, ¿me permites volar a tu lado?















