Recuerdos del Cazador
#16
Posteado 10 April 2012 - 05:53 PM
Wyrd, Lof, Farvel, (el Destino) tiene un aspecto diferente. El que sale por la puerta de madera es Vaarnelke.
Worþan, Razgabel, Orrake, no se parece en nada a la imagen de lo que sea que hayas puesto, excepto (más o menos) en el color de la piel. Es infinitamente más fuerte y robusto, más o menos como un Glabrezu (al menos en cuanto a la musculatura).
Seguiré subiendo aquí los siguientes relatos.

#17
Posteado 10 April 2012 - 06:09 PM
En todo caso, lo de la escena del combate, serán cosas mías. La verdad es que las escenas de pelea de los libros siempre me suelen parecer poca cosa. Me dejan con la miel en los labios, vamos que me saben a poco.La descripción del combate la añadí tras la sugerencia. Originalmente no había ninguna.
Wyrd, Lof, Farvel, (el Destino) tiene un aspecto diferente. El que sale por la puerta de madera es Vaarnelke.
Worþan, Razgabel, Orrake, no se parece en nada a la imagen de lo que sea que hayas puesto, excepto (más o menos) en el color de la piel. Es infinitamente más fuerte y robusto, más o menos como un Glabrezu (al menos en cuanto a la musculatura).
Seguiré subiendo aquí los siguientes relatos.
Como en el anterior párrafo decía que Vaarnelke cayó incosciente pensé que se trataba de alguien diferente.La puerta de madera se abrió. De allí salió, pasando entre las filas de guerreros que se abrían para darle espacio, una figura empapada de sangre, con la cota abierta y destrozada, con el paso firme y doloroso, con el rostro cubierto de oscuridad, que arrojó a un lado una hermosa espada y un viejo cuchillo de piedra, ambos rotos, y que apretaba en el puño de un brazo destrozado un enorme diente.
Respecto a lo de la imagen, me había imaginado a los "Hijos del Mal" todos así como muy grandes pero delgaduchos y largos, y como vi que tenía la piel azul pues me recordó a Orrake (que por cierto Razgabel es mejor nombre, impone más), o por lo menos tal y como yo lo imagino xD
Siguiré el post.
Editado por popito92, 10 April 2012 - 06:10 PM.
"Bien, pues toda fantasía tiene su final. Pero en vuestros corazones podéis conservar siempre un gran poder, el poder de transformar lo que os rodea, de inventar mundos, de hacer que las cosas cobren vida... El maravilloso poder de IMAGINAR."
Miliki - 18.11.12 -
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Frustración (Relato corto)(2011)
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#18
Posteado 10 April 2012 - 08:20 PM
Yo entendí, más bien, que la figura ensangrentada es el propio Cazador, que sale moribundo (al estilo de las pelis, donde, tras un forcejeo, uno de los combatientes camina unos pasos para caer, finalmente, muerto en el suelo).El destino final del cazador no me convence, más que nada porque en la parte final del capítulo "Las puertas" no dice que pasó con esa figura que salió de la puerta con sangre y tal por lo que resulta como si hubieras dado un salto demasiado grande para ser un epílogo. Supongo que esta cosa que salió de la puerta sería el Destino,
Lo que sí que deberías retocar un poco es esta parte:
Pues, como ves, se repite muy de seguido "torre".La figura entró por la puerta de hierro de la torre, que ante él se abrió. La multitud que lo seguía se quedó afuera, bajo la larga sombra de la torre, aguardando.
La figura llegó a la desnuda cima de la torre.
Por lo demás, la historia me ha encantado y epsero que nos deleites pronto con nuevas aventuras del Cazador (o de cualquiera de tus otros personajes).
- Con la fama que tenía en mis tiempos entre las mujeres, quién te dice a tí que no soy tu padre.
"Yo he visto cosas que vosotros no creeríais"
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#19
Posteado 10 April 2012 - 08:23 PM
Por eso usé los "..." para marcar que entre ambos párrafos hay/hubo una diferencia temporal.
Editado por Oigresito, 10 April 2012 - 08:24 PM.

#20
Posteado 04 May 2012 - 03:27 PM
El relato que sigue ahora es Los hijos de la soledad, y debería ir primero de todos, pues en él el Cazador es apenas un niño.
Las notas al pie son sobretodo traducciones.
-------------------
Los hijos de la soledad
La rojiza hierba se mecía apaciblemente ante un viento suave, ligero, apenas perceptible.
Sentados sobre ella había dos Arkun, no muy alejados de la sombra de una casa, una sencilla vivienda de magia y árboles cortados, en la que ardía el fuego, y el humo escapaba por un hueco en el techo.
Eran padre e hijo, y llevaba el primero el nombre de Vaarolfen[1]. Del segundo, un niño de no más de diez años, no se recuerda el nombre, pero un gran amigo suyo lo llamó una vez “Vaarnelke”[2], y con ese nombre fue conocido luego en muchas y muy distintas partes del mundo.
- Hijo mío – dijo Vaarolfen cálidamente, pues estaba alegre y quería además mucho a su único hijo – estamos aquí sentados no sólo porque Aeren, Esera, el mundo, es hermoso de contemplar, sino porque te conozco, sé cómo es la sangre que corre por tus venas, y sé que eres, como todos los niños, curioso y quieres saberlo y aprenderlo y dominarlo todo. Puedes hoy preguntarme cualquier cosa, hijo mío, pues la responderé, según lo que mi padre, Ilon[3] me enseñó, y a él su padre, y así hasta el primero de los días.
- Padre – contestó el muchacho, que tenía al igual que su progenitor la piel blanca, pero los ojos de un azul brillante y los cabellos verdes como el mar, tal como los tenía su madre – háblame de Elte.
- Elte, la Estrella, es la luz y vida de este nuestro mundo. Nos ilumina y nos abriga, nos cuida y nos protege. Es atalneielen[4], creada con su sangre, en el comienzo de los tiempos. Recuerdas a los Dioses, ¿no es así, hijo mío?
- Sí, padre. Vaate, Raave, Nurla, Laele, Aarse...[5]
- Muy bien, hijo mío. Pero estoy lejos todavía de satisfacer tu curiosidad, ¿verdad? Pregunta, muchacho.
- ¿Por qué es roja y azul la Estrella, por qué roja la hierba y grises los árboles, con hojas rojas también, y por qué gris el cielo y verde el agua del mar y los ríos…?
- Está bien. – Vaarolfen hizo un gesto mientras sonreía – Cada cosa tiene un color que le es propio y único, y por eso distingues una de otra. El color de cada cosa en este mundo viene de los Dioses, y eso incluye el color de nuestros piel y nuestros ojos y nuestros cabellos, que puede ser….
- O amarillo o rojo o verde o azul o blanco, padre.
- Así es, hijo mío. Sigue.
- ¿Es eterno el mar, padre?[6]
- No lo sé, hijo mío. Es posible.
- ¿Muchos son los que han andado por él?
- Muchos todavía lo hacen, y no todos regresan. El mar es un lugar extraño y... - Vaarolfen sintió un frío repentino y se quedó en silencio, sin completar la oración.
- ¿Siempre hemos sido tan pocos, padre?
- Cambias rápido de tema, hijo mío – respondió rápidamente el Arquero, alejando un mal presagio. – Quizás el mar no te agrade demasiado. Somos pocos porque los Kevendoref, los Demonios, mataron a muchos. Eso fue… ¿cuándo fue, muchacho?
- Eso fue, padre, en los días de Orel y Talieva, muy lejanos ya.
- Me alegra que recuerdes las historias que junto a tu madre te hemos contado. Pero ya somos casi tantos como se cuenta que fuimos en esos días aciagos. Pero hay otro motivo, hijo mío.
- ¿Otro motivo, padre? ¿Cuál puede ser?
- La libertad, muchacho. Tú aun no la sientes, pues eres todavía demasiado joven, pero ella dormita mientras crece en tu pecho. Ella te llevará a amar las tierras salvajes y desnudas en que vivimos; y las amarás más que a cualquier otra cosa en el mundo, y querrás andar siempre por ellas, sin nunca levantar una casa, como muchos otros hacen. Pero eso, hijo mío, puede ser doloroso.
- ¿Doloroso, padre? ¿Por qué?
- Sí, hijo mío, doloroso – y al pronunciar esa palabra el rostro de Vaarolfen se oscureció momentáneamente, como cruzado por una sombra -, porque puede que, sin que tú la busques, encuentres en tus viajes a una muchacha, y el amor que sientas por ella luchará contra el amor a la libertad, y sufrirás, pues verás dos caminos que no se cruzan, y sólo podrás transitar uno, que habrás de recorrer hasta el último de tus días, solo o en compañía de tu amada.
- ¿Y tú sufriste, padre?
- Sí. – el Arquero puso una mano sobre el hombro del muchacho. – Pero amo más a tu madre que a la libertad. Dolió, es cierto, pero por ella, y luego por ti, valió la pena el sacrificio. Pero no te preocupes, hijo mío, – añadió al ver algo extraño en el rostro de su vástago – pues nadie conoce su destino, y tomarás la decisión adecuada, si alguna vez tienes que hacerlo.
- Dime más de la libertad, padre – dijo el muchacho, pensativo, con la mirada perdida en un bosque lejano, del color del fuego y las cenizas.
- Todos los Arkun llevamos el cabello trenzado y amamos la libertad. Amamos la libertad porque la llevamos en nuestros corazones, pero los cabellos trenzados son un recordatorio.
- ¿Un recordatorio, padre?
- Así es. Somos libres, es cierto, pues sólo nos atamos voluntariamente a aquello que en verdad queremos, y por eso no podemos ser obligados a nada. Sin embargo, existe el Destino.
- ¿El Destino, padre?
- Sí. El Destino es el hilo con el cual se tejen nuestras historias, y llevar el cabello trenzado nos recuerda que estamos atados a él, y que sólo haremos lo que con él haya sido tejido. Pero como no sabemos qué es lo que sucederá, pues no podemos ver el hilo o el tejido, creemos en la libertad. Ten esto siempre presente, muchacho.
- Lo haré, padre, lo haré. Y cuando morimos, ¿qué sucede?
- Allí termina nuestro tejido, y no sé si, cuando abandonamos el mundo, se teje en la eternidad otro nuevo.
- ¿Abandonar…?
- Morir implica que nuestra alma abandone su cuerpo y cruce más allá del mundo. Del lugar a donde ella va, sólo sabemos que es gris y frío. Por eso al morir un Arku su cuerpo debe quemarse, para ayudarle en su viaje. Nunca nadie ha vuelto de allí, hijo mío o, si es que acaso se puede regresar, no podríamos verles, pues no tendrían cuerpo. Sin embargo, recuerda también que no debemos abandonar el mundo antes de tiempo; esto es, quitarnos nosotros mismos la vida, pues sería despreciarla tanto a ella como a la creación entera, ambas regalos de los Dioses. Y no olvides que nuestros cuerpos no sufren por el paso de los años, ni se vuelven más débiles y frágiles; es nuestra alma la que envejece, la que quiere desligarse de la carne para así ser joven una vez más, quizás, más allá del cielo siempre gris.
- Y los Dioses, padre, ¿dónde moran?
- Algunos dicen que están con los muertos, velándolos, y otros dicen que caminan por el mundo, tomando formas que nos sean familiares, para que así no los reconozcamos. Es por eso que se dice que Vaate y Raave lucharon junto a Orel y Talieva, cambiando el Destino. No olvides que ellos no son sólo el viento y el fuego, sino también la libertad y la vida.
- Y la magia, padre, ¿qué es?
- Es magia es un don que, grande o pequeño, todos poseemos. Ella nos permite alterar la esencia de las cosas. Mi cuchillo – y le mostró a su hijo un viejo cuchillo de piedra -, por las palabras que le recité, por el poder que en él encerré, es que no puede quebrarse. A veces las palabras que decimos son para el objeto, y otras para los Dioses. Esto se llama rezar. Y por último, no olvides que las palabras pueden ser dichas, pero también escritas, y a éstas las llamamos meenef[7].
- Y dime, padre, si no estás cansado, ¿cuando tendré yo mi arco?
- Cuando tengas el doble de años, hijo mío, te daré los elementos necesarios, y te diré dónde crece el árbol del que obtendrás la madera necesaria para tu arma. Y estoy cansado, pero sólo de estar quieto. Caminemos un poco. – Se levantó ágilmente y comenzó a andar; su hijo le imitó. - Recuerdas cómo orientarte si te pierdes, ¿verdad? – añadió poco después.
- Sí, padre. En cada casa arde un fuego, y es el humo de ese fuego al que debemos buscar para no perdernos, sin importar que “conozcamos el tronco de cada árbol y todas las briznas de hierba”.
- Así es. Y dime, muchacho, ¿cómo evitarás que el fuego del hogar consuma a este también?
- Trazando, padre, con las cenizas del fuego anterior, la runa Rev en las paredes, pues esa es la runa del fuego.
- Muy bien, hijo mío. Y por ahora han sido ya suficientes palabras. Andemos un rato, disfrutemos de la hierba en nuestros pies desnudos, del fresco viento en el rostro.
Y así esos dos hijos de la soledad honraron por unas horas el que era el más preciado de los regalos: la libertad. Pero amaban también al amor, y volvieron para encontrar en el hogar a Velail[8], amada de Vaarolfen, madre de Vaarnelke.
Y como ese día muchos otros hubo, llenos de palabras y viento, de relatos junto al fuego, de mar y llanuras, de bosques y cacerías, hasta que pasaron diez años y el muchacho, que todavía no había tomado el nombre de Vaarnelke, partió para buscar su arco, el que sería su símbolo.
Notas:
Editado por Oigresito, 07 May 2012 - 02:32 PM.

#21
Posteado 04 May 2012 - 04:43 PM
Te apunto tres cosillas que he visto:
Estas dos frases, si ambas proceden del propio Vaamelke, no veo el porqué de separarlas en dos. Quizás deberías unirlas con un pequeño inciso que nos haga saber que el hijo interrumpe al padre; tal vez así:- O amarillo o rojo o verde o azul o blanco, padre.
- ¿Es eterno el mar, padre?
"- O amarillo o rojo o verde o azul o blanco -prosiguió Vaamelke-. ¿Es eterno el mar, padre?"
Aquí debería ser dormitapero ella dormite mientras crece en tu pecho.
Y aquí se te olvidó ese que.es nuestra alma la que envejece, la (que) quiere desligarse de la carne para así ser joven una vez más,
Por lo demás, ya digo, un profundo y bello capítulo sobre la infancia del héroe.
Un saludo.
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#22
Posteado 06 May 2012 - 07:30 PM
Enhorabuena Oigresito, otro gran relato de Recuerdos del Cazador
Editado por popito92, 06 May 2012 - 07:34 PM.
"Bien, pues toda fantasía tiene su final. Pero en vuestros corazones podéis conservar siempre un gran poder, el poder de transformar lo que os rodea, de inventar mundos, de hacer que las cosas cobren vida... El maravilloso poder de IMAGINAR."
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#23
Posteado 07 May 2012 - 02:38 PM
Corregidos los pequeños errores (falta de concordancia, una línea perdida por ahí).
En cuanto a las preguntas:
1
2
3
------------
El próximo relato será la continuación de éste, pero antes tengo otras cosas para subir sobre los Hijos de la Luna.
----------
Corregidos también unos detalles de Lev orelorten (los versos), y añadido un índice, para ordenar de una forma más clara los diversos textos.
Editado por Oigresito, 07 May 2012 - 02:47 PM.

#24
Posteado 12 May 2012 - 12:02 AM
Pues es una pena. Ese mundo de niebla me tiene intrigado. Te hago una petición de lector, y es que, por lo menos, crees un relato independiente si puede ser acerca de este mundo tan misterioso3
Spoiler
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#25
Posteado 26 June 2012 - 03:38 PM
El arco del Cazador
El Cazador era ya el Cazador, aunque no llevara todavía los que serían sus símbolos, el arco y el nombre.
Con los ojos cerrados, dormía junto a un pequeño fuego. Cuando sintió, poco después, la luz y el calor del día que recién nacía, se levantó, apagó el fuego, y comenzó a andar.
Tenía el aspecto que tendría siempre, por el que todos lo conocerían: la piel de un blanco claro y opaco, todavía no curtida por sus largos viajes, los ojos de un azul brillante y violento, que se apagaría con el correr de los años, y los largos y verdes cabellos recogidos en una única y larga trenza.
Vestía también las ropas que caracterizaban a su pueblo, los Arkun: la túnica corta y el manto largo y pesado encima.
Corría por la inmensa llanura, en Letve Savhralen, la Isla del Despertar, pues estaba en él la prisa y la alegría de la juventud.
Iba ligero de equipaje, llevando consigo sólo un carcaj con una veintena de flechas en la cintura, así como algunas frutas que le darían las fuerzas que tanto necesitaría, y también algunos instrumentos y materiales, entre otras cosas, que le permitirían completar su tarea. No llevaba arma alguna, pero no tenía miedo: era un día hermoso, que avanzaba mientras él andaba por la llanura, hacia una montaña (la única en la isla) cercana.
Su paso era ligero, y apenas hacía levantar la cabeza para mirarle a los animales de rojo lomo que pastaban allí; el cielo estaba gris, con pocas nubes y ninguna ave. El viento era suave, vigorizante, y traía consigo el perfume de muchas flores, el recuerdo de un bosque, el eco del mar.
Moría el día cuando el joven Arku llegó al pie de la montaña, oscura y ominosa. Las rocas eran ásperas, pero el que sería el Cazador comenzó a escalarlas.
La noche lo envolvía ya, pero sólo se detuvo al encontrar una pequeña cueva (que no era más que un agujero un poco más grande que los demás, pues la montaña estaba llena de ellos). La única luz que había allí era la de los ojos del Cazador, que no podía ver en la oscuridad. Se sentó en el suelo, y se llevó a la boca una de las frutas que su madre le había dado. Ler[1]era el nombre de ese alimento, dulce y de un intenso color verde, redondeado en la base y delgado en la punta.
Contemplando la llanura bajo la roja luz de Elte, la Estrella, con las piernas cruzadas, el joven trataba de dormir.
Más que miedo, se sentía ansioso. Sin embargo, apeló al dominio que tenía sobre sí mismo (habilidad que estaba desarrollando todavía) y, sabedor de que no había nada peligroso en la oscuridad, logró serenarse y dormir hasta el nacimiento del nuevo día.
Salió entonces de su pequeño refugio y se dispuso a seguir escalando. La montaña era al menos quinientas veces mayor que el Cazador, así que éste suspiró, preparado (aunque sediento) y siguió escalando. Las piedras raspaban y laceraban sus pies y manos, a pesar de que se los había vendado cuidadosamente.
Llegó a la cima tras unas horas, las manos y los pies ardiendo de dolor, las vendas destrozadas, la sangre manando como pequeños hilos de las heridas abiertas.
La cima era, básicamente, plana, y había allí hierba y unos pocos árboles oscuros, así como dos profundos largo verde oscuros. Esa… planicie estaba rodeada por un oscuro círculo de piedras, que la protegía del viento.
Hacía mucho frío allí arriba, aunque no había viento casi. El joven, que ya pronto sería el Cazador, se acercó a uno de los lagos y bebió allí hasta saciar su sed. Luego se despojó de todo lo que llevaba, destrenzó su larga cabellera, y se lavó y bañó en el otro lago, cuyas aguas estaban frías como el hielo.
Salió, limpio y helado, y mientras su cuerpo se secaba con el calor del día, volvió a trenzar sus cabellos.
Su cuerpo, en cierta forma, era hermoso, sumamente delgado, pero elástico y de músculos perfectamente delineados: un cuerpo ágil, no demasiado fuerte, hecho para la carrera y los esfuerzos de una vida demasiado dura para todo aquel que no fuera de su raza.
Una vez vestido, observó el bosquecillo con sus ojos brillantes. Los árboles eran de madera oscura, prácticamente negra, y no demasiado altos (unas cinco veces, quizás, la altura del Cazador). Oscuras eran también sus hojas, de un rojo umbrío. Las flores, por el contrario, eran de un blanco delicadísimo, doloroso entre tantas sombras.
Apoyó el muchacho la mano en una rama que tenía la forma de lo que él buscaba y anhelaba. Murmuró unas pocas palabras, recientemente aprendidas, y la rama se quebró.
Sentado ahora entre ambos lagos, lejos de las sombras de los árboles o las rocas, comenzó allí a darle forma a su rama, y llegó y pasó la noche y todavía continuaba en su labor, murmurando siempre algún eterno cántico. Avanzaba ya el nuevo día, y el joven acabó entonces su creación: un arco de cuerno y madera, hermoso y letal.
Entonces durmió un sueño tranquilo hasta el anochecer, cuando despertó. Se alimentó de una de las frutas (le quedaban tres todavía), recogió todo, y comenzó a descender, cautelosamente, en la oscuridad.
Amaneció una vez más, y el muchacho con el arco había terminado ya el descenso. Volvía lleno de dicha y alegría a su hogar, sin poder dejar de sonreír con una sonrisa que en pocos años perdería.
Tres Ler consumió, tres días con sus noches pasaron, y el joven regresó a la pequeña casa donde vivía con sus padres. Ahora que había pasado la prueba, había dejado de ser un niño, pasando a ser un adulto. En esas cosas pensaba mientras abría la puerta de su hogar, pero la alegría se marchitó en él cuando vio lo que sucedía.
La casa era sencilla, un fiel reflejo de las gentes sencillas que allí vivían. El suelo era de tierra, y en el centro de la única habitación ardía un fuego. No tenía ventanas, y el humo de la hoguera salía por un hueco en el techo. Había en una burda mesa unas pocas armas y herramientas (un hacha y un cuchillo, ambos de piedra, arcos y flechas) y casi nada más.
Al ver llegar a su hijo, Velil, su madre, le hizo un gesto, y éste se acercó. Sobre unas pocas pieles yacía, herido de muerte, Vaarolfen, su padre.
El muchacho cayó de rodillas, derrotado y lleno de angustia. A su lado, su madre rezaba, pero no para salvar a su esposo, que tenía el pecho desgarrado por una zarpa cruel, sino para aliviar su último dolor.
- El arco, hijo mío…. – dijo Vaarolfen brevemente, y su voz parecía venir de muy lejos.
Su hijo le acercó el arma.
Con cierto esfuerzo, Vaarolfen la examinó. Parecía satisfecho, y entonaba un salmo entre dientes. Luego, en voz más alta, le reveló el orden de las runas que debía trazar en él, le regaló además su cuchillo, y se despidió de él.
Sin ser capaz de articular una sola palabra, pues el dolor era en el joven un nudo de cuchillos trenzado en su garganta, el muchacho tomó el arco y el cuchillo.
Con sus últimas palabras, Vaarolfen se despidió de su amada, y con sus últimas fuerzas probó una vez más el sabor de sus labios en ese rostro tierno y cubierto de lágrimas. Entonces murió.
…
Murió el fuego de la pira en la que se había consumido el cuerpo de Vaarolfen.
Hacían esto su esposa e hijo porque así el alma del Arquero, según creían, con la fuerza del fuego y una vitalidad recién nacida, podría alcanzar más rápidamente el gris y frío reino de la muerte.
- Lo vengaré, madre – dijo el muchacho, que ya casi era el Cazador, y partió con su arco y su cuchillo, con el paso firme y el rostro de piedra.
En la larga cacería que pronto llegaría, ganaría el nombre de Vaarnelke, el Cazador.
[1] Presumiblemente deriva de “lir”, dulce.
---------------------
El siguiente texto es El nombre del Cazador (añadido al índice), que subí hace ya mucho al foro, y que revisé y repasé cuidadosamente. Ese texto es la continuación directa de El arco del Cazador.
Todavía quedan subir algunos más.

#26
Posteado 27 June 2012 - 12:34 AM
Te apunto dos pequeñas cosillas que he visto:
Aquí yo pondría el "cercana" antes del inciso entre paréntesis (pero esto es solo mi opinión, por supuesto).hacia una montaña (la única en la isla) cercana.
Por lo que dices unas líneas después, ese "largo" es "lagos" ¿me equivoco?así como dos profundos largo verde oscuros.
Por lo demás, ya te digo, el ritmo poético que impregna el relato me tiene enganchado. te sigo/seguiré leyendo, que lo sepas.
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#27
Posteado 27 June 2012 - 06:44 PM
probé para ese relato un estilo diferente, alejándome del personaje, volviendo a él sólo al final, y no comentando hasta que fuera imprescindible por qué estaba haciendo eso.
El texto que debería seguir es La Dama y el Cazador, pero tardaré todavía mucho en corregirlo.
Dejo por ahora un breve poema en prosa.
---------
Aetel
(Ayer)
Aetel, aetel oneleser ol rolveser tava ereno eenar elervelf telkelf, orvelke naamen ol raonon, vadelordenf ol televkenf, olfenen parnoko ‘l iolen ol tilven.
Aetel rolveker vare vaadirvel ereno eenar ne arvaler tilpake, kevel aet aenlo ene naaler, vatie vaaten kaanke silenf, nurete aenlo invel aetelene.
Aetel rolveser talieva, ol turle rolveser taalpe ol inve. Aenlo rolver vele inve ol taalpe, ol talieva varel ereno vele, varel ereno aet aneven, varel ereno aet oertaren, varel ereno aet narolen leveme nol in varlom.
Ivor rolner eveke varenf aet vinen par or uro, aetelen ereno aet vinen par or vaarake. Tor rolver tinten esel rolne laelke aetele, esel mor laelte aenlo varer aetelene rel?
Tar roltelv, nalel, asvel aet taelkef vae tar raantelv urnem.
(Kevel vaate olervem veke kaanteser nalelf rel, ol nome rolneser aed mar tesler ol mar ider.)
Ayer, ayer sucedió y fue una vez hace muchos años, teñido de gris y rojo, de costas y bosques, de arco tensado y dicha y alegría.
Ayer será el recuerdo de una brisa hace ya tanto tiempo perdida, pero que hoy todavía regresa, mar de viento cargado de cuchillos, abriendo hoy el dolor de ayer.
Ayer fue la felicidad, y luego fue la pérdida y el dolor. Hoy es sólo el dolor y la pérdida, y la felicidad un recuerdo solamente, un recuerdo que invoco, un recuerdo que lloro, un recuerdo que arrastro por esta nueva innominada tierra.
Prisionero he quedado de recuerdos que me niego a olvidar, de un ayer que me niego a sepultar. ¿Es mía acaso la culpa por haber amado ayer, por seguir amando hoy al recuerdo de ese ayer?
Perdeos, palabras, para que vosotras sí caigáis en el olvido.
(Pero el viento en cada hoja recogió esas palabras, y así hubo quien las oyera y entendiera.)
------------------
Lo próximo (Palabras) irá después de Las puertas, y explicará algunas cosas que quedaron sueltas.
Editado por Oigresito, 27 June 2012 - 06:45 PM.

#28
Posteado 01 July 2012 - 01:37 PM
El poema me ha encantado.
Perdeos, palabras, para que vosotras sí caigáis en el olvido.
(Pero el viento en cada hoja recogió esas palabras, y así hubo quien las oyera y entendiera.)
Esta parte es preciosa.
Un saludo a todos y espero lo siguiente del Cazador, ¡cómo siempre
Editado por popito92, 01 July 2012 - 01:42 PM.
"Bien, pues toda fantasía tiene su final. Pero en vuestros corazones podéis conservar siempre un gran poder, el poder de transformar lo que os rodea, de inventar mundos, de hacer que las cosas cobren vida... El maravilloso poder de IMAGINAR."
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Qué feo es vivir (Relato corto)(2011)
#29
Posteado 04 July 2012 - 04:02 PM
En la medida de lo posible, trato de que todo tenga algún sentido, aunque no necesariamente lo explique.
En el texto que dejo a continuación (Palabras) se responden unas cuantas cosas que quedaron abiertas tras Las puertas.
-------------
Palabras
- Podrías tenerlo todo, Gehena, todo – le decía inútilmente Taro al Cazador en ese momento.
- Lo sé, amigo mío, lo sé – contestó éste con su calma habitual, los labios resecos.
Se encontraban en un bar en la más lejana de las ciudades de los Aram, poco después de la muerte de Orrake, del fin de la guerra. Las heridas de Vaarnelke habían sanado ya, y volvía a llevar las ropas típicas de su pueblo, confeccionadas esta vez por el agradecido pueblo que había liberado, la nación a la que había devuelto aquello que, para él, estaba entre lo más importante: la libertad. El arco y el cuchillo que llevaba eran nuevos también: el primero de la recia madera de un árbol desconocido fabricado, y el segundo de un diente de Orrake elaborado.
Taro contrastaba fuertemente con el Cazador: era mucho más bajo que él, de rasgos infinitamente más suaves. Tenían en común, eso sí, el color de la piel (blanco apagado), pero el Aram tenía los ojos amarillos y los cortos cabellos rojos como el fuego. Vestía ropas más elaboradas, e iba calzado con altas botas.
- Entonces, ¿por qué no quieres ser nuestro rey? – pregunto Taro, tan sutil como siempre.
- No pretendo que entiendas mis razones – dijo Vaarnelke mientras mezclaba agua y jugo de frutas de dos jarras en un vaso de cerámica decorado con complejos motivos geométricos.
- Las cuales son….
- Dos años – el Cazador terminó de beber. Dos años – levantó la vista del vaso; sus ojos brillaban, quizás de rabia, y hablaba con una calma resignada. – Dos años – repitió, elevando el tono de voz. – llevo con vosotros, y todavía no me conocéis.
- Eres muy diferente a nosotros, Gehena.
- Quizás, Taro, quizás – contestó el Cazador distraídamente, encogiéndose de hombros -. Pero yo no nací para vivir en un palacio, sino para la eterna soledad de los caminos. No olvides que ereno erele tavelen aen rolven, es decir, que soy un hijo de la soledad.
- Puede que nunca nos entendamos, Cazador – Taro dijo esto con pesar.
- Es posible.
- Pero….
- ¿Pero qué? No puedo quedarme, Taro, realmente no puedo – y su tono reflejaba levemente su dolor -. Realmente necesito viajar y ver tierras sin nombre. Y no sólo no puedo, sino que no quiero aceptar semejante responsabilidad. No podría vivir con la carga de miles de vidas sobre mis hombros. Ya demasiados confiaron en mí en la guerra, y de ellos sólo quedas tú. Kara, Gahen, Vene… – suspiró con pesar – todos ellos murieron, y fue mi culpa. Un rey debe ser capaz, igual que un guerrero, de tomar grandes y adecuadas decisiones en poco tiempo. Yo soy como los míos, demasiado lento y reflexivo para vosotros.
- Pero….
- ¿Qué ahora? En estos dos años de guerra, en los que vosotros me usasteis como arma, como instrumento de una profecía, viví sólo para vosotros. Quiero ser libre, Taro, libre. Si realmente eres mi amigo, deja que me vaya, y no hagas más doloroso el adiós.
- Aunque no quiero que me malinterpretes, amigo mío, - añadió poco después -. Hubo, entre tanta sangre y dolor, cosas buenas: relatos junto al fuego, tierras que no tenían nombre para mí, ciudades y ruinas extrañas – suspiró -. Muchos buenos recuerdos, Taro, varef kef tulvef – repitió en su lengua.
- Sigo creyendo que podrías quedarte, Gehena – dijo el Aram con insistencia -. Podrías escuchar todavía muchos relatos, amar a muchas de nuestras mujeres…
- ¿Mujeres? – el Cazador parecía haber perdido la paciencia - ¿Sabes acaso lo que le sucedió a la única mujer que amé? Ella, que era de muy valiente, se quito la vida frente a mis ojos, con mi propia espada, y yo no pude hacer nada para evitarlo. Y hay más todavía: ella era de una raza distinta a la mía, y por el amor que hubo entre nosotros se perdió mi pueblo y mi patria, la sangre manó como ríos, el fuego consumió sus bosques….
- Lo siento mucho, Gehena. – Taro estaba realmente apenado.
- ¿Qué importancia tiene ahora? Todo fue mi culpa. Esa es mi carga, que prefiero arrastrar solo – Vaarnelke estaba lleno de dolor, y había lágrimas en su rostro, trastocado por violentas emociones -. Adiós, Taro.
Se levantó bruscamente y salió de la posada a grandes pasos. Estaba fuertemente turbado, y las manos le temblaban. Trató de calmarse con el frío aire de la noche, y salió de la ciudad sin que nadie lo viera. Ya nunca volvería a ver a Taro o a visitar las ciudades de los Aram, del mismo modo, que ya nunca amaría a otra mujer.
Lo único que lo acompañaría siempre sería el deseo de conocer nuevas tierras, y la terrible angustia, que crecía año tras año, de haber causado la ruina de su propio pueblo, de haber destruido todo lo que él había amado.
- Adiós, Gehena – dijo Taro, aunque ya estaba solo -. Bebo para que encuentres la paz, extraño amigo mío – terminó su trago, pagó y salió del mesón.
Ese Aram era a quien el Cazador había encontrado tras seguir las instrucciones de Vaate. En esos días era un ermitaño, y había enseñado a Vaarnelke (o Gehena, como él lo llamó) su lengua y las costumbres de su pueblo. Luego, junto a él, había incitado a su pueblo a recordar viejas profecías, ayudado a buscar la espada en la nieve, y luchado a su lado en la larga y sangrienta guerra contra los Hijos de la Oscuridad.
Dolorido él también por la brusca despedida, volvió a su pequeña casa en la ciudad, donde le esperaba una mujer tierna y delicada, que en su vientre llevaba a sus dos primeros hijos.
Lo que nunca le había revelado Taro al Cazador era cómo o por qué habían venido los Hijos de la Oscuridad.
Tampoco le había dicho – aunque Vaarnelke siempre lo había sospechado – que había engañado a su pueblo, de memoria débil, con falsas profecías, para que así lo aceptaran y creyeran en un héroe, en un salvador.
Editado por Oigresito, 18 July 2012 - 01:51 PM.

#30
Posteado 04 July 2012 - 07:37 PM
De todas formas, me parece interesante lo de que el Cazador fuera el responsable de la caída de su pueblo por "culpa" del amor hacia una mujer de distinta raza, ahora muerta también ¿Escribirás sobre esta parte de los recuerdos del Cazador o quedarán escondidos tras una cortina como el misterio de ese grisáceo lugar a donde van a parar las almas tras la muerte?
Editado por popito92, 04 July 2012 - 07:39 PM.
"Bien, pues toda fantasía tiene su final. Pero en vuestros corazones podéis conservar siempre un gran poder, el poder de transformar lo que os rodea, de inventar mundos, de hacer que las cosas cobren vida... El maravilloso poder de IMAGINAR."
Miliki - 18.11.12 -
D.E.P.
Mis relatos (Si tienes algún ratillo léeme alguno que no cuesta nada y me ayuda a mejorar
)
Frustración (Relato corto)(2011)
Qué feo es vivir (Relato corto)(2011)













