El rayito de luz intrépido
por DEEKIN
Hace mucho, mucho tiempo (sin olvidar que el tiempo es un concepto relativo) un rayo de luz atravesó la atmósfera terrestre y fue a dar contra ClanDlan y, tras pasar por la cristalera de Dlan, adquirió una bonita tonalidad rosa que no desentonaba para nada con los cortinajes de la habitación, por el sancta sanctorum de la Comunidad: la sede de los moderadores.
La habitación, a pesar de las pesadas cortinas rosas que rodeaban la habitación, era muy amplia; grandes y confortables cojines se desperdigaban por el suelo. Los había de todos los colores: rosa pastel, rosa ácido, rosa pálido, rosa fuerte... en las paredes se encontraban los retratos de todos los eméritus, todos sonrientes, todos muy guapos, todos muy repelentes, y muy al fondo, como si formara parte del decorado, reclinado de forma indolente, Príncipe_sonrosado se limpiaba las uñas usando su corona.
- Me abuuuuuuurro.
- ¿Cómo te vas a aburrir con la de cosas brillantes que tenemos en la habitación? -le preguntó Pequeñito Ñandú.
- Pues porque soy humano y no una urraca o un primo lejano del avestruz.
Pequeñito Ñandú le miró dolido. Unas límpidas lágrimas se asomaron al balcón de sus ojos y volvió la cara con su pobre corazón constreñido por la pena. ¡Qué malo era Príncipe_sonrosado! ¡Y cruel!
- Amigüitos, amigüitos, mirad que tesoro me he encontrado -dijo Rhaenysita entrando en tromba en la habitación. Rhaenysita era menuda con dos coletas pequeñitas pequeñitas que le sostenían una diadema de tela con florecitas verdes también del mismo material.
- ¿Que has encontrado? ¿El buen gusto quizás? -le espetó Príncipe_sonrosado.
- A que te meto dos hostias -le contestó Rhaenysita ante la mirada sorprendida de Pequeñito Ñandú.
Príncipe_sonrosado se puso muy rojo, pero mucho mucho mucho, casi carmesí, lo que provocó que tras mirarse Rhaenysita y Pequeñito Ñandú entre sí rompieran a reír.
- Has dicho una picardía y se lo voy a decir a Imm.
- Venga, hombre...
- No, no. Has dicho una picardía y te vas a condenar. Y se lo voy a decir a Imm -insistió Príncipe_sonrosado mientras salía corriendo de la habitación.
Rhaenysita, al ver cómo Príncipe iba a cumplir con su amenaza, gritó a toda voz la mayor imprecación, el mayor insulto que se podía dirigir a persona alguna:
- ¡¡TONTO!! ¡¡¡CHIVATO!!!
- Cantémosle la canción, cantémosle la canción -pidió Pequeñito Ñandú.
Acusón de Barrabás
en el infierno te verás
comiendo pan con garbanzos
y de noche martillazos.
Sin embargo, la canción no animó a Rhaenysita. Se quedó cabizbaja, muy triste. Sus hermosos ojos se cubrieron no con miedo a Imm, porque sabía que era justa y sabia, si no de tristeza por verse traicionada por quien ella tenía por un buen amigüito.
- Venga Rhaenysita, no te pongas triste -le animó Pequeñito Ñandú poniéndole la mano en el hombro y ruborizándose hasta el infinito y más allá.
La niña siguió cabizbaja mirando al suelo, como evidentemente no podía ser de otra forma y es que muy pocos pueden estar cabizbajos y mirar hacia arriba. Pocos, muy pocos en verdad.
- Venga Rhaenysita -insistió Ñandú-, ¿qué decías de un tesoro que habías encontrado?
- Ah sí. Pero... ya da igual.
- No venga, ¿qué es?
Rhaenysita, sin levantar la mirada del suelo, le enseñó lo que tenía en la mano: una afilada navaja de barbero.
De repente se abrió la puerta violentamente y apareció Príncipe_sonrosado riéndose.
- Tonta, que te lo has creído.
Tras un momento de silencio, todos empezaron a reír y se abrazaron.
- Por cierto -dijo Príncipe_sonrosado-, he visto dos ratoncitos correteando por el Archivo de Baldur.
- ¿¡Dos ratoncitos!? -exclamó sorprendido Pequeñito Ñandú.
- Sí. Bueno, uno no sé si es un ratón o una lagartija gorda o un kobold enano. El otro sí es un ratón, y lleva un antifaz negro como si fuera un ladrón.
- ¡Uy, Uy! Ya sé lo que vamos a hacer -afirmó Rhaenysita mirando alegremente a sus amigüitos y levantando la navaja de barbero-. ¡¡Desollémosles!!
Y así, los tres amigüitos se fueron muy contentos y felices a la caza de esos malévolos roedores, mientras cantaban la canción de su serie televisiva favorita. Pero eso ya es otra historia que será contada en otro momento.
Ah, ¿que qué pasó con ese rayito de luz que atravesó la vidriera de Dlan y con el que comienza la historia y que le da título a la misma? Pues ni lo sé ni me importa, francamente.


















