Llevo leyendos sus relatos desde hace un tiempo pero siempre me dió pereza(y vergüenza, pero esto es un secreto) colaborar abiertamente. Pero ahora me encuentro miles de horas libres que me causan un aburrimiento terrible, así que decidí empezar una novela a ver que tal.
El Templo esta ambientado en el mundo vampiro, así que les será mucho más fácil entender sobre lo que escribo si le echan un ojo a este hilo: introducción en el mundo Vampiro
De momento pongo la introducción. Si gusta seguiré. Comentad.
Huelga decir que si White Wolf ve sus derechos de autor vulnerados por este relato solo hará falta que me lo hagan saber para que lo retire.
Primera parte: La noche de las sombras
Prisión-isla de Kzäjsid, Mar Caspio, 2:00 A.M.
…seguía corriendo por el pasillo. Veía los cientos de dibujos y grabados que adornaban las paredes de las ruinas. Todos ellos representaban, en cierta forma, la muerte de los hijos de Caín. Además sus amplios conocimientos sobre lingüística le permitían traducir lo que ponía en las paredes. Él no quería pero su mente lo hacía inconscientemente.
En los escritos se leía una y otra vez la misma profecía en asirio, hebreo, sanscrito y muchas otras lenguas muertas, algunas que probablemente ni siquiera hablaban los humanos.
De repente su carrera terminó, algo tiró de su estómago hacia atrás. Bajó la vista lentamente para ver que una especie de garra negra le atravesaba de lado a lado…
Zack se despertó sobresaltado. Las mismas pesadillas que le acompañaban desde el momento de su Abrazo se habían repetido esa noche. Todos los Vástagos a los que había preguntado coincidían en que sus sueños reflejaban el momento de su muerte definitiva.
Él se negaba a creerlas. “Hay que ser más duro que el Demonio para matarme” se dijo para autoconvencerse. En lo más profundo de su ser sabía que era muy posible que ese fuese su final. Llevaba años estudiando sus sueños, buscando esas ruinas para no ir nunca, pero cada vez le llamaban con más fuerza, y la profecía que leía no hacía sino empeorarlo. Esta situación le recordaba a cuando era pequeño. Una vez un cura le dijo que si pensaba en su madre desnuda iría al infierno. Él intentó con todas sus fuerzas no hacerlo, pero fue inevitable. Acabó pensando en ello solo porque no quería ir al infierno. La idea rondaba constantemente su mente y al final ésta se traicionó a si misma. Si a una persona le das una pistola y le dices que no la dispare al final se vuela la tapa de los sesos con ella.
Sus sueños eran idénticos a ese caso.
Dejó de pensar inmediatamente en el tema, pues sabía que podía inducirle a la locura. Empezó a concentrarse en su situación actual. Seguía estando en la celda de máxima seguridad del complejo Kzäjsid, prisión secreta del Arcanum. Intentó moverse pero se paró al recibir una fuerte punzada de dolor por todo el cuerpo que le hizo recordar que estaba atado a una silla por una serie de rosarios bendecidos. Cualquier Vástago se habría sentido incómodo, pero en su caso se agravaba pues era un Baali. También le resultaba incómoda la reliquia que estaba colgada encima de la puerta impidiendo que cualquier “demonio” cruzara su umbral.
Llevaba aproximadamente un lustro encerrado en esa celda. Había entrado en hibernación a la primera semana de cautiverio y desde entonces parecían haberse olvidado de él. Sin embargo hacía tres días que le habían despertado de nuevo proporcionándole una cantidad ingente de sangre. Sus captores esperaban que Zack se hubiese vuelto un paranoico demasiado violento para ser estudiado con facilidad. Nada más lejos de la realidad.
Aún conservaba la cordura y se mostraba calmado en los exámenes, incluso colaborativo. Este comportamiento era, según ellos, debido a que su cerebro se había quedado frito durante la hibernación y se había vuelto un eunuco vegetativo. Cada vez que los exámenes terminaban Zack mostraba una amplia sonrisa. Esta ocultaba un oscuro secreto, y es que el Arcanum había cometido un error fatal, y lo iba a pagar esa misma noche.
El mensaje que durante tan largo tiempo había esperado no tardó en llegar. Una voz femenina aterciopelada inundó su mente.
-Prepárate-dijo como si le estuviese susurrando en el oído-, va hacia ti.
Al poco tiempo Zack empezó a notar temblores en el suelo. La batalla se intuía con claridad aunque era incapaz de oírla debido a que su celda estaba insonorizada. Poco a poco las vibraciones se acercaban como si un terremoto estuviese empezando. Al poco tiempo las vibraciones llegaron hasta su puerta donde se detuvieron súbitamente.
Casi de inmediato las sombras de la celda empezaron a arremolinarse bajo su silla, pronto parecía que la luz no existiese bajo él.
De repente de entre las sombras empezó a emerger una cabeza que fue seguida por unos brazos, un torso y finalmente unas piernas. Junto con la persona surgió una brisa congelada que le provocó un escalofrío. Zack reconoció de inmediato a Izzy, y viceversa.
Izzy, eternamente veinteañero y atlético, llevaba su pelo de color azabache largo, ocultándole sus fríos ojos grises tras el flequillo. Aunque presumiblemente acababa de exterminar a todo un ejército del Arcanum iba vestido con una americana sobre una camisa blanca acompañada por unos vaqueros ceñidos y unos botines Chuck Taylor. Realmente parecía que iba a salir de fiesta esa noche con sus colegas. Las sombras de su cuerpo estaban muy acentuadas y se movían de forma sobrenatural, lo cual hacia que su rostro pasase de ser atractivo a inquietante por momentos. Era evidente que era un Guardián.
Zack, por su parte, seguía pareciendo un cuarentón con cara de pervertido. Su cabeza estaba rapada al cero contrastando con una perilla juvenil perfectamente definida. Le habían quitado toda la ropa, lo cual no sería preocupante si no fuese porque eso incluía sus gafas de sol. Estas ocultaban sus brillantes ojos amarillentos, que parecían un faro de lo impío en medio de la oscuridad. A pesar del cautiverio no había perdido en absoluto su aspecto imponente y su imperecedera sonrisa socarrona.
-Te estás volviendo un carcamal, Zack-dijo Izzy rompiendo el hielo-. Hace treinta años no te habrían cogido tan fácilmente.
-Que te den, mocoso-dijo Zack soltando una carcajada-. ¿Qué querías? ¿Que abriese las puertas del infierno en medio de Bagdad?
Ambos comenzaron a reír a mandíbula batiente víctimas de un ataque de risa. Cuando se recuperaron Izzy extrajo una navaja muy particular de un bolsillo de su americana, con la cual hizo un corte limpio que hizo que los rosarios que ataban a Zack estallaran. Éste lanzó un leve gemido al aire, pero se incorporó sin problemas.
-Necesito que traigas al resto del grupo-dijo el Baali una vez estuvo de pie.
-Está bien-saltó y de un golpe reventó la lámpara vacilante que había en el techo. La habitación quedó iluminada únicamente por una pequeña y titilante luz de emergencia.
Zack asintió. Acto seguido las sombras abrazaron al muchacho que se fue dejando arrastrar hacia su interior lentamente. Aprovechó el momento de soledad para centrar sus esfuerzos en recuperarse de las heridas que le había causado su brusca liberación. Con el tiempo y la práctica había aprendido a recibir al dolor como aún amigo, así que no le costó cerrar rápidamente los pequeños rasguños.
Estaba terminando de cerrar la última herida en el momento en el que la oscuridad, ahora imperante en la habitación, volvió a arremolinarse, solo que esta vez aparecieron tres figuras en lugar de una.
Una de ellas era Izzy, las otras dos eran los miembros que faltaban del grupo. La más alta de ellas era Malcolm, perteneciente a los Samedi.
El vampiro no tenía tan mal aspecto como los demás vampiros de su clan, pero aun así su piel estaba pálida y estirada como la de una momia, y aunque no le faltasen trozos de ésta como a los demás Samedi sí que olía bastante a putrefacción. El traje de enterrador que llevaba siempre, sombrero incluido, resaltaba aún más su figura de espantapájaros. Más de uno había huido al verle, y con toda razón pues a la hora de torturar no tenía rival. Él se refería a sus prácticas como un hobby. Era el único momento en el que sonreía.
La más pequeña y esbelta de las figuras pertenecía a Anna. Era una Hija de la Cacofonía congelada en el final de la veintena que acostumbraba a perderse en su propio mundo musical. Su larguísimo pelo rojo resaltaba su físico de modelo y enmarcaba unos ojos verdes en los que más de un Toreador había perdido su alma. Iba vestida con un vestido de gala negro que insinuaba sus curvas de manera sugerente. Le dedicó una mirada penetrante a Zack. Mirándola a los ojos fijamente era imposible no percibir que veía más que cualquier otro ser existente. Era una de los pocos oráculos que quedaban.
-¿Sabes lo peligroso que es que nos reunamos aquí?-dijo Malcolm por todo saludo-El edificio no es seguro. Cualquiera podría estar escuchándonos-dicho esto le arrojó a Zack uno de sus trajes de profesor universitario. Tenía toda una colección de ellos y miró mal a Malcolm por lanzárselo de esa manera, aunque este ni se inmutó. El Vástago tendía a mostrarse estoico en casi cualquier situación.
Zack se vistió con una velocidad pasmosa y miró fijamente a todo el grupo durante largo rato. Cada uno por separado era un peligro a tener en cuenta, pero cuando se unían podían poner en jaque a quien quisiesen. Sin embargo, su arma más peligrosa no era el trabajo en equipo, sino el anonimato.
Nadie en el mundo podía afirmar o desmentir que existiesen, eran una leyenda al nivel del propio Caín. Esto se debía en gran parte a que nunca dejaban rastros de su trabajo ni de su existencia, “nada de cagadas” decía Zack. Ni siquiera tenían un nombre, porque, ¿Qué nombre le das a algo que no existe?
Los inexistentes compañeros del inexistente grupo empezaron a trazar un plan muy real.
Editado por BlackAbel, 26 October 2011 - 03:46 PM.














