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Génesis - La Partida


173 respuestas al tema

#1 Greeny

Greeny

    Señor de los Patryn

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Posteado 02 August 2011 - 09:21 PM

Schwarzwald
Primero de Abril de 1214


Con un empujón, Yaun Elur apartó a Bernardett de una muerte segura. Enormes rocas cayeron ruidosamente junto a ellos, mientras el enorme hombre cubría con su cuerpo a la delgada mujer. El hombretón se levantó pesadamente, mirando alrededor: varios árboles milenarios habían sido arrasados por el extraño acontecimiento. Agarrando la mano derecha de Bernardett, Yaun la levantó de un tirón al tiempo que miraba arriba, al cielo que anunciaba una noche cercana. Un cielo que no presentaba luna, ni estrellas. Entonces, no muy lejos de allí, lo vio.

Las rocas de fuego caían sobre Altes Gestein, la Vieja Roca.

---------------------------------------------

El aire era asfixiante. Y esas extrañas rocas ígneas aparecidas de la nada no ayudaban a apartar esa sensación de los Defensores de la Alianza. Johann los dirigía, como otras tantas veces. Sólo que esta vez la derrota era tangible, y tenebrosa.

- ¡Mantened la posición! ¡Dejad que los magos usen su arte! –gritaba Rodrigo, la mano derecha de Johann, justo a su lado. Sin embargo, los magos no habían dado señales de vida aún. Johann observó que Rodrigo y el resto de sus camaradas de armas jadeaban. Se ahogaban ante la opresiva atmósfera. En ese momento, Enelya, la Vigía de Altes Gestein, apareció a su lado, arco en mano. Sudaba copiosamente, y era obvio que había bajado corriendo desde lo alto de la torre de piedra. Johann había combatido varias veces codo a codo con la mallorquina, a veces contra humanos, a veces contra criaturas innombrables salidas de las profundidades del bosque que rodeaba la Alianza: Schwarzwald, la Selva Negra. La chica era valiente, al igual que todos los que tenía bajo su mando. Pero ahora la cercana noche parecía llevarse sus fuerzas, mientras oscuras figuras montadas a caballo tomaban posiciones frente a los Defensores, en una penumbra cada vez más lóbrega.

Las rocas siguieron cruzando el cielo, iluminándolo fantasmagóricamente. Alcanzaban la torre de Altes Gestein, haciendo retumbar la enorme roca sobre la que se alzaba, sobre el promontorio mágico que daba nombre a la Alianza. Se oían gritos de terror, de angustia, de muerte. Gente sufría, moría. Gente que Johann y Enelya conocían.

La vista de Johann se cruzó con los ojos profundos de Enelya, y supo lo que las pupilas oscuras de la joven habían percibido desde lo más alto de la torre: su mirada mostraba al hombre el terror que había visto surgir del bosque. Entonces, unos cánticos en latín empezaron a resonar en el aire, inundando a los presentes con un temor paralizante. Johann vio a sus hombres dudar, empuñando sus armas con manos sudorosas.

---------------------------------------------

Khalek ex Bonisagus apareció en la Cámara. De esa sencilla forma llamaban al salón circular que servía como lugar de reunión para los magos de Altes Gestein. A pesar de las rocas que golpeaban la torre, cuatro de los cinco magos de la Alianza estaban allí, en un piso intermedio de la edificación mágica. Como casi siempre, allí faltaba el Merinita. Khalek los observó a todos, preguntándose porqué habían decidido ir a ese lugar en esa oscura hora.

- Las protecciones mágicas se están desbaratando rápidamente –decía Kuanstor ex Bjornaer. Sus ojos recorrieron a los presentes mientras se acercó a la líder de Altes Gestein, una bella mujer que miraba a través de uno de los ventanales-. Debemos irnos ahora, y pedir ayuda a Durenmar, o a Dankmar. Murion debería…

Kuanstor el Oso vio a su líder apretar los puños y, en sus ojos, observó un rabioso fuego ardiendo. Deteniéndose, el Bjornaer miró nuevamente al resto de los magos, buscando apoyo. Allí estaban casi todos los que habían seguido a la joven pero talentosa Tremere hasta las profundidades de Schwarzwald: Caduceo ex Jerbiton, Khalek ex Bonisagus y el propio Kuanstor ex Bjornaer. La pregunta era: ¿dónde estaba Nuruk ex Merinita?

Una nueva roca golpeó la cima de la torre, y la sala tembló violentamente. Pero la líder ni se inmutó.

- Iré a ayudar a los Defensores –habló finalmente Gloria ex Tremere. Su normalmente suave rostro se mostró impenetrable cuando miró a sus compañeros, casi desafiándolos a intentar detenerla. Sus ojos levemente rasgados se detuvieron brevemente en Kuanstor, y una incomprensible mirada fue intercambiada. El Oso hizo un leve gesto negativo con la cabeza, al tiempo que la mujer pasaba a su lado, dirigiéndose fuera de la Cámara-. Será mejor que no esperéis mucho aquí, o será vuestro fin.

En ese momento, desde los ventanales de la torre todos pudieron oír claramente los cánticos en latín surgiendo del bosque, aunque no lograban discernir sus palabras ya que numerosos gritos resonaron en la Selva Negra. Los Defensores se preparaban para la batalla, animándose unos a otros con gritos de valor, teñidos de miedo. Aún esperaban órdenes de los magos.

Los magos vieron como, bajo las rocas ígneas, bajo la temblorosa torre, negras sombras salían del bosque, directas hacia la Vieja Roca, hacia su Alianza, hacia su sueño que ahora se hacía pedazos.

---------------------------------------------

Bernardett apenas podía creerlo. Llevaba días vagando por la Selva Negra, alimentándose de lo que podía. Y ahora un hombre de más de dos metros de altura había surgido de la nada para salvarla de una inesperada lluvia de piedras de fuego. Siguiendo la mirada del recién llegado, la maga vio una torre de piedra bajo ataque. Algunas de las rocas, tras impactar contra ella, salían despedidas por el aire, pero otras hacían temblar la torre desde los cimientos. Desde allí, Bernardett escuchó los gritos, y también lo que parecían palabras en latín. ¿Había magos allí?

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Liara, a su corta edad, no entendía qué pasaba. Minutos atrás, una angustiada Enelya la había obligado a quedarse en la habitación de Otto, el herborista. Este hecho ya era de por sí inaudito, pues cuando la joven bajaba de lo alto de la torre, siempre estaba dispuesta a estar con ella. A su lado, una joven sirviente la tranquilizaba acariciando su cabello. Pero por el temblor de la mano de la muchacha de dorados cabellos, Liara supo que también lo hacía para calmarse ella misma. Observando toda la escena, al parecer tranquilo, se hallaba Nuruk ex Merinita, el quinto mago de Altes Gestein.

- Abuelo, no crea que sea momento de…

- Querida –interrumpió Otto con voz tranquila a la sirviente, mientras seguía recogiendo algunas plantas de su desordenada mesa-. Es el momento. Estas plantas nos harán falta, pase lo que pase.

Los ojos del anciano no eran los de antaño, con un tono blanco lechoso destacando en ellos. Sus manos ahora siempre temblaban, como sus delgadas piernas, que no podía mover sin su bastón de madera. Su cabeza, casi despejada, contaba con algunos mechones blancos aquí y allá. Pero aún así, el hombre nunca dejaba de trabajar. Sus dedos tocaban casi amorosamente cada raíz, cada hoja, cada flor, cada tallo. Y sonreía al hacerlo.

Otro temblor hizo que la habitación temblase. Liara y la sirviente miraron al techo de roca, y vieron caer pequeñas piedras. Estaban en una de las salas excavadas mágicamente por Gloria, maestra en Terram, en la enorme roca mágica que daba nombre a la Alianza. ¿Pero cuánto aguantaría la sala en pie?

Otto no apartó la mirada de las plantas, y Nuruk supo que el hombre nunca abandonaría lo que más amaba en este mundo. Pero si seguían allí, morirían aplastados.

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Los gritos, los impactos y los cánticos fueron suficientes para que Cristóbal reconociera que había una batalla cerca de allí. Azuzó a su caballo, y salió al galope. Tras él, Tadeus el monje soltó una exclamación, e hizo que su mula acelerase el paso.

Ni uno ni otro estaban preparados para lo que vieron al alcanzar el claro donde se elevaba Altes Gestein, su destino. Las enormes rocas ígneas sobrecogieron a los dos hombres, pero más aún lo que observaban al otro lado del claro. Cristóbal y Tadeus vieron cómo varias figuras oscuras, montadas a caballo, se encaraban con un turba de guerreros y arqueros. Entonces, vieron lo que surgía delante de los enigmáticos jinetes… o, mejor dicho, sintieron qué eran esas cosas, pues parecían hechas de la oscuridad del bosque. Las sombras, si podían llamarse así, brotaron de la tierra del claro, al tiempo que emitían una especie de risa gélida. Sin forma definida, eran terribles a la vista, mutando con naturalidad según avanzaban: a veces parecían tener varias cabezas, o decenas de extremidades, o miles de pequeñas bocas de curvos dientes. O, simplemente, parecían un desordenado caos oscuro y maligno, a cuyo alrededor la temperatura parecía descender. Esos engendros eran más oscuros que la noche que caía sobre el bosque. Las monturas de Tadeus y Cristóbal parecieron olfatearlas, pues empezaron a corcovear violentamente, terriblemente asustadas.

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Todo comenzó sin aviso previo. Con los cánticos latinos elevando tu fuerza, procedentes de las figuras montadas, numerosas estacas pétreas surgieron del suelo, y con gritos moribundos numerosos Defensores fueron empalados. La sangre salpicó la cara de Johann, mientras un joven guerrero era partido en dos por varias estacas que habían surgido a sus pies. Johann no pudo recordar su nombre, y se maldijo por ello, mientras lloraba en silencio su muerte, y por la violencia sin sentido. Las rocas de fuego cruzaban aún el aire, chocando contra la torre, mientras las sombras alcanzaban a los primeros Defensores.

- ¡Oh, Dios mío! –gritó con terror un veterano guerrero mientras su espada trazaba un arco sobre una de las sombras, traspasándola por lo que podría haber sido su pecho. La sombra, de forma irreconocible pero temible, tembló por donde el arma la atravesó, pero recuperó su figura al tiempo que, con varias garras umbrías, desgarraba el cuerpo del hombre, traspasando la armadura como si ésta no existiera. El grito del hombre heló a todos. El Defensor cayó al suelo, con los ojos en blanco, y muerto.

- ¡¿Dónde están los magos, maldita sea?! –gritó uno de los Defensores, justo junto a Enelya. Algunos valientes reunieron el ímpetu suficiente para atacar a las sombras, pero las espadas, hachas, lanzas y flechas eran inútiles. La mayoría de los Defensores terminaron soltando las armas y corriendo por su vida.

- ¡Mantened la posición, Defensores! –maldijo Rodrigo entre jadeos y sudores. Pero solamente Johann, Enelya y media docena más se mantuvieron firmes. El caos se apoderó del pequeño claro entre el bosque y la roca mágica de Altes Gestein-. ¡Maldición! ¿Dónde están esos malditos magos? –más afiladas rocas surgieron de la tierra, aniquilando a los Defensores que huían. Las sombras siguieron masacrando, riendo con sus gélidas voces en la asfixiantemente calurosa noche-. ¡Johann, tus órdenes!

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#2 Txibi

Txibi

    Antediluvian

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Posteado 02 August 2011 - 10:51 PM

*Con un empujón, Yaun Elur apartó a Bernardett de una muerte segura. Enormes rocas cayeron ruidosamente junto a ellos, mientras el enorme hombre cubría con su cuerpo a la delgada mujer. El hombretón se levantó pesadamente, mirando alrededor: varios árboles milenarios habían sido arrasados por el extraño acontecimiento. Agarrando la mano derecha de Bernardett, Yaun la levantó de un tirón al tiempo que miraba arriba, al cielo que anunciaba una noche cercana. Un cielo que no presentaba luna, ni estrellas. Entonces, no muy lejos de allí, lo vio.

Las rocas de fuego caían sobre Altes Gestein, la Vieja Roca...*


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.
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*Yaun Elur apartó la (para él) pequeña y esquelética figura de pelo negro enmarañado, mientras observaba claramente en la oscuridad de la noche el espectaculo que se mostraba en la cercanía en el viejo pedazo de roca. Era una buena roca, antigua como la maldad del mundo en el que vinieron a vivir gentes "de la ciudad" mezclados con habitantes de la zona. No le preocupó. Poca gente se queda a vivir demasiado tiempo en el interior de la Selva Negra. Ni siquiera los campesinos lo hacen y los que moran en las profundidades es porque no tienen espacio ni oportunidad de contruir en los llanos y se ven obligados a ganar palmo a palmo cada centímetro que arrebatan al bosque.*

*Terreno que se paga a menudo con sangre, pues la Selva Negra es una armonía que rara vez da la bienvenida a los extraños, una armonía que puede ser cruel como sólo la naturaleza sabe serlo con el que no está preparado para valerse por si mismo.*

"Mala noche parece ser para salir de caza", gruño para si mismo Yaun. Como algunas noches, aprovechaba para recolectar comida cuando el bosque mostraba su faceta menos peligrosa, ¡el día podía llevar a engaños sobre la falsa sensación de tranquilidad en la Selva Negra! Había visto matojos de frutas silvestres, moras, algunos manzanos y otras frutas que quizá no deberían crecer en estas latitudes pero la Selva Negra era rica en diversidad... aunque no fuera lógico que creciera ahí. Apenas había llenado media canasta de moras, moras que observó con pena esparcidas y pisoteadas por el suelo cuando dejo caer la canasta mientras apartaba a la muchacha, mujer o lo que fuera que había apartado. Se permitió apartar un instante la vista del espectáculo que las rocas ardientes mostraban al fondo para observarla. De seguro que no era una campesina. Estos campesinos paletos cuando llegaba la noche se atrancaban en sus chozas de barro y paja temerosos de todo lo que no conocen, o sea de todo y no salen si no es cargado de amuletos que hacen más ruido que el que provocan el temblor de sus huesos. Esta chica no olía a miedo y se permitió lujo de observarla un instante con sus ojos verdes que brillaban en la oscuridad de la noche. "¿Estás bien?" -gruñó.- "Pareces tener los huesos en tu sitio, ni siquiera te han chamuscado el pelo. Salgamos del camino y no te preocupes por el fuego. El bosque está humedo y no prenderá. Además sabe protegerse y las copas de los árboles nos protegerán de ser alcanzados por estos pedruscos. Aparte, quizá necesiten un par de brazos fuertes ahí arriba. Cualquierá diría que se ha desatado el infierno en la casa de ese pedrusco. ¡Ah!" - se señaló. - "Yaun Elur, guía y en ocasiones preparo pieles. Si tienes alguna pregunta, después serán contestadas. Ahora vuelvo."

*Y Yaun Elur se dirigió cuidando que cuando saliera a campo abierto (¡si eso era posible en este bosque!), no lo cayera un pedrusco de esos humeantes mientras se acercaba a ver si podía echar una mano.

Después de todo no quería poner a prueba la dureza de su cabeza, aunque la mayor parte de sus amigos le dijeran que tenía la cabeza más dura que habían conocido.*


Txibi.

Editado por Txibi, 02 August 2011 - 10:52 PM.


#3 Diomedes

Diomedes

    Humano

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Posteado 03 August 2011 - 01:24 AM

“...Y hubo granizo y fuego mezclado con sangre, que fue arrojado sobre la tierra; y quedó abrasada la tercera parte de la tierra...”
En la mente de Cristóbal resonaron aquellas palabras extraídas del Apocalipsis de Juan. Y es que la visión de Altes Gestein golpeada por rocas ígneas hacía tan real aquel fragmento bíblico que , por unos instantes, el cruzado quedó paralizado pensando que los ángeles habían tocado la primera de las siete trompetas.
“No, no puedo quedarme de brazos cruzados”, dijo para sí y miró a su compañero. Los ojos verdes del monje miraban fijamente a las extrañas criaturas que parecían surgir de la nada. Debía proteger a Taedus y ayudar a su amigo Nuruk. Cristóbal, aprovechando el caos reinante en el claro, espoleó su cabalgadura y se lanzó contra los jinetes con la esperanza de que estos no se percataran de su presencia hasta que fuera demasiado tarde para ellos, o al menos, para alguno de ellos. Tal vez así los defensores pudieran ganar algo de tiempo.
“Maldito Merinita cabezota- pensó-. Siempre me acabo metiendo en líos por su culpa y él seguro que está tan tranquilo”, aunque en el fondo de su corazón rezaba por el mago y deseaba que este se encontrara a salvo.

Editado por Diomedes, 03 August 2011 - 10:55 AM.

El búho de Minerva sólo levanta su vuelo al romper el crepúsculo

#4 Imaginista

Imaginista

    Elder

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Posteado 03 August 2011 - 08:36 AM

Caduceo, por lo inesperado de la situación, estaba más inquieto de lo habitual en él. Sorprendido por la determinación de la líder de Altes Gestein, se sentía indeciso sobre qué debía hacer a continuación. La pasividad de su antiguo mentor, Kuanstor el Oso, todavía le hacía dudar más.

Por un lado su sentido práctico le decía que lo mejor era huir, como sugería Kuanstor; pero la frustración de verse atacado por sorpresa, sin ni siquiera una negociación previa en busca de un acuerdo pacífico, le calentaba la sangre haciéndole pensar que ir en pos de Gloria, hacia la batalla, era la única opción.

Pero de repente se dio cuenta de una cosa, él no era más que un sólo mago ,y sea cual fuere la decisión que tomase, el sólo no podría salir airoso de ninguna de las opciones, ese pensamiento frío y realista por fin lo tranquilizó. Tras lo cual dijo dirigiéndose a todos los presentes en la Cámara:

-Tal y como está la situación no sé que es lo más correcto, si huir para salvar la vida o luchar para salvar el honor. Pero lo que si sé es que decidamos lo que decidamos debemos de hacerlo juntos, como uno sólo, para tener alguna posibilidad de conseguirlo. Entonces, ¿os parece bien a todos que nos pongamos de acuerdo para actuar en uno u otro sentido, pero como uno sólo?

#5 agarroc

agarroc

    Humano

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Posteado 03 August 2011 - 09:43 AM

Tadeus había visto muchas veces el mal en muchas formas. En la forma de un Conde que mataba de hambre a su pueblo, en la forma de un asesino que mató por un puñado de monedas, en la forma de una madre que ahogó a sus hijos, por no poder darles de comer, pero aquella era la primera vez que veía al mal en una forma tan clara y concreta. Aquellas bestias oscuras e informes no podía ser si no obra del mismisimo Beelzebub. Por unos segundos se quedó petrificado sobre su mula, viendo la horrible escena en la que se encontraba el bosque, con los musculos en tensión, temblando, no de miedo, pues sabía que Dios estaba con él, si no por lo inconcebible de aquel tremebundo espectaculo.
Sin embargo algo lo sacó de su ensimismamiento, un ruido a su lado. Tadeus agitó la cabeza para sacudir el aturdimiento que le había producido todos aquellos hechos y vió como su buen amigo Cristóbal salia a todo galope en dirección a los demonios. Tadeus no salía de su asombro, no sabía que pensar de Cristóbal. Era sin duda un valiente o un necio. Mas él sabía que tampoco podía quedarse brazos cruzados mientras tanta gente estaba sufriendo, más aún cuando era por el ataque de seres de tanta malignidad y entidad demoníaca. Así que clavando los talones en su mula se dirijió a toda la velocidad que le permitía su montura hacía el grupo de soldados que se defendían de las entidades del mal, esperando que sus conocimientos sobre curación, aunque básicos, sirvieran para algo, o que al menos pudiera ofrecer consuelo a alguien en sus últimos instantes.
Y así cabalgó hacia la batalla mientras recitaba el salmo tercero.
-"Domine, quid multiplicati sunt, qui tribulant me?
Multi insurgunt adversum me,
multi dicunt animae meae:
“Non est salus ipsi in Deo”..."

#6 Chicharrero

Chicharrero

    Primogénito Ventrue

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Posteado 03 August 2011 - 03:28 PM

Johann




La espada y el escudo le pesaban en los castigados brazos y la frente comenzaba a perlarsele de gotas de sudor, pero Johann estaba decidido a aguantar la posición y dar tiempo a los habitantes de Altes Gestein. Probablemente le costara la vida, pero hacía tiempo que su vida no era más que un pasillo recto.

Con un golpe horizontal de la espada trató de hacer retroceder a dos sombras que avanzaban, pero sus esfuerzos eran inútiles. Esos condenados demonios parecía que no estaban dispuestos a morir. Las voces de Rodrigo a su lado mantenían la fila, mientras él pensaba rápido que hacer. Si al menos contará con la magia de su lado...Pero sólo contaba con sus hombres. Y sí iba a perder la vida allí, al menos iban a vender cara su piel.

- ¡Infantería, conmigo!¡Agrupaos!- grito a los defensores que estaban en pie con su fuerte voz de mando- ¡Escudos y atrás!¡Proteged a los arqueros!¡En cuadro!- Trataba de reunir a sus hombres para replegarse unidos, una desbandada probablemente haría que los mataran a todos. Agrupo a sus hombres en torno a los arqueros- ¡Arqueros, apuntad a los jinetes y a sus caballos!¡Mandadlos al infierno!

Johann sabía que probablemente las flechas ni se acercarán a los jinetes, pero si eran magos al menos se distraerían un poco. Tal vez lo suficiente para salvar sus pellejos.

#7 Darvin

Darvin

    Antediluvian

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Posteado 03 August 2011 - 03:34 PM

Khalek ex Bonisagus



Khalek empezó a caminar hacia la puerta y, cuando estaba a punto de llegar, se detuvo y giró su vista hacia sus hermanos magos para hablarles, de manera impasible y sin expresar ninguna emoción:

- Vosotros podéis hacer lo que deseáis, yo voy a ir al lado de Gloria y ayudarla a la defensa de nuestro hogar. Lo que decidáis hacer vosotros al final es cosa vuestra.

Sin añadir nada más, el miembro de La Casa Bonisagus salió de la sala en ayuda de la maga Tremere y ayudarla en la defensa de la fortaleza, con todos los medios a su alcance.

Editado por Darvin, 03 August 2011 - 03:35 PM.


#8 Geno

Geno

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Posteado 03 August 2011 - 06:07 PM

Desde lo alto de la torre de piedra, Enelya vio como de repente surgían extrañas sombras en el bosque. Una sensación de terror dominó unos instantes sus pensamientos. Unas enormes rocas ígneas iluminaron el cielo y empezaron a caer contra la torre y sus habitantes.
No había tiempo que perder. La chica solo podía pensar en la protección de la pequeña Liara, la niña que encontró en el bosque tiempo atrás. Fue corriendo en su búsqueda, ordenando a una sirvienta que la llevara junto a Nuruk.
Li, no te separes de Nuruk —le susurró al oído a la aterrada Liara. Y la besó en la frente. En ese instante Enelya dejó a la pequeña marchándose a toda prisa hasta el claro donde se encontraban los Defensores.

Al llegar al claro, vio la situación, ningún mago había aparecido.
¿Que hacen? —pensó desconcertada la chica al ver que no había señales de los magos. La situación era muy desequilibrada… sin los magos poco más durarían.
- ¡Mantened la posición, Defensores! –maldijo Rodrigo entre jadeos y sudores.

La chica se posicionó junto a Rodrigo y Johann. “Es momento de actuar”, pensó.
¡Infantería, conmigo!¡Agrupaos! —gritó Johann a los Defensores que estaban en pie con su fuerte voz de mando—. ¡Escudos y atrás! ¡Proteged a los arqueros! ¡En cuadro! ¡Arqueros, apuntad a los jinetes y a sus caballos!¡Mandadlos al infierno!

Estando de acuerdo con las claras intenciones de Johann, Enelya cogió una flecha y tensó al máximo su arco. En ese instante vio a un temerario caballero acercarse a los jinetes, y lo reconoció. “¡Cristóbal, viejo amigo!”. Tomando aire, acentuó más su puntería, dirigiendo su mirada hacia uno de los encapuchados… y soltó la flecha…

Editado por Geno, 03 August 2011 - 06:09 PM.

"Estoy perdida. ¿Eso tiene arreglo?"

#9 LEONA

LEONA

    SUPER LEO´CKSTAR

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Posteado 04 August 2011 - 05:38 AM

Imagen posteada

Bernardett


Antes de haber sido empujada al suelo, Bernardett corría por el bosque intentando huir de la extraña lluvia de rocas, no estaba asustada pero el inesperado suceso la agarro tan de sorpresa que mas bien parecía estar de mal humor. No le gustaba para nada el fuego ni el calor y mucho menos si venia acompañado de rocas.

La súbita aparición de aquel hombre la sorprendió aun mas. No fue la apariencia enorme lo que le desconcertó, era mas bien la amabilidad con la que se dirigía a ella. Bernardett no estaba acostumbrada a que le trataran de esa forma. Sin tener claro como reaccionar, prefirió hacer lo que siempre hacia, no decir nada. No confiaba en el "gesto desinteresado" de nadie.

Bernardett miraba la gran torre, sabia que el recién llegado le hablaba y comentaba algo sobre la protección del bosque húmedo. A la maga no le importo mucho lo que decía, por encima de todo el desastre había algo que robo mas su atención... latín, escuchaba latín. Había llegado a la Selva Negra con la intención de esconderse e intentar conseguir un poco de paz, es que acaso nunca terminaría de huir?...

- "Yaun Elur, guía y en ocasiones preparo pieles. Si tienes alguna pregunta, después serán contestadas. Ahora vuelvo." -

Volvió a mirar al enorme hombre. Aun sin decir nada, Bernardett solo asiente levemente con su cabeza para luego verlo marchar hacia la torre. Algo le decía que tenia que salir corriendo lo mas lejos posible de ese lugar, sus problemas eran mucho mas importante que ir a "echar una mano" aun mas cuando se trataba de ayudar a unos magos. Tenia que irse de ahí. Decidida, Bernardett da media vuelta para dejar la torre a su espalda. Con solo unos pocos pasos, se detiene y vuelve a mirar hacia la torre, no podía permitirse correr siempre ademas de que la curiosidad en la chica a veces pesaba mas que la razón.

Después de meditar unos segundos, y de escuchar y ver estallar unas cuantas roca volvió a cambiar el rumbo. Se coloco su capucha y comenzo andar hacia la torre de roca, pero a diferencia de su antiguo recién conocido, Bernardett busco llegar por un camino mucho mas discreto e intentando moverse con el sigilo que le permitía aquella tormenta inusual, a fin de cuentas solo quería intentar husmear...



 

Editado por LEONA, 12 August 2011 - 08:33 PM.

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#10 Greeny

Greeny

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Posteado 04 August 2011 - 03:32 PM

Kuanstor ex Bjornaer miraba a través del ventanal, mientras Caduceo ex Jerbiton, su antiguo aprendiz, esperaba tras él. Tras lo que pareció una eternidad, el Oso suspiró. La torre tembló con otro impacto.

-El Aegis va a caer de un momento a otro -Kuanstor se giró, mirando seriamente a Caduceo-. Esto es una matanza. Sacalos a todos de aquí... prométeme que te llevaras a los mundanos lejos de aquí. Por el Camino del Bosque.

El hombre volvió a mirar por el ventanal, observando la sombra que avanzaba sobre Altes Gestein. Su voz se tornó entonces susurrante.

-La Orden debe saberlo, Caduceo. Haz que este sacrificio no sea inútil. Murion debe enterarse de esto.

Kuanstor quedó callado, y tan quieto que pareció por un momento una estatua. Caduceo creyó intuir que estaba viendo más allá de lo que sus ojos podían ver, como le había visto hacer tantas otras veces.

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#11 Imaginista

Imaginista

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Posteado 05 August 2011 - 09:16 AM

Caduceo, tras escuchar las palabras de su antiguo mentor, se sintió por una parte profundamente abatido al no poder luchar junto a sus compañeros en defensa de la Vieja Roca, pero por otra parte seguro de que su papel en esta desagradable situación era de vital importancia. Ojalá que sus compañeros y la guardia pudieran resistir el ataque, pero si no...alguien debería informar de lo ocurrido para evitar que los malditos engendros que planearon tal villanía queden impunes y sin castigo. Además los mundanos al servicio de la Alianza no merecían lo que se preveía como una muerte segura, ellos no podían luchar en igualdad de condiciones, así que ya nada los retenía allí. Mientras pensaba todo esto una sensación pesimista envolvía sus pensamientos, provocada por la certeza de que Kuanstor rara vez erraba en sus cálculos, por lo que el resultada de la batalla muy probablemente sería desolador.

Agitando la cabeza para alejar esos pensamientos, Caduceo despejó su mente para centrarse única y exclusivamente en su cometido, con la mayor concentración posible. Pero antes de ello se dirigió a su antiguo mentor, y le dijo:

-Así se hará, te lo prometo.

Con un nudo en el estómago por la incertidumbre acerca de lo que le sucedería a Kuanstor y al resto de sus compañeros tras la batalla, Caduceo se giró sobre sus talones y echó a correr hacia la salida de la estancia para recorrer los pasillos de Altes Gestein a grito de: ¡Avisad a todos, nos vamos de aquí!, ¡Todos a la salida hacia el Camino del Bosque!.

#12 Greeny

Greeny

    Señor de los Patryn

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Posteado 05 August 2011 - 06:12 PM

¡Avisad a todos, nos vamos de aquí! ¡Todos a la salida hacia el Camino del Bosque!

Los gritos de Caduceo resonaron en el interior de la roca, siendo silenciados constantemente por los impactos y los temblores. Polvo y piedra caían sobre su cabeza, mientras varios habitantes de la Alianza se reunían con él, siguiéndole. Unos lloraban abiertamente, otros ocultaban su miedo tras máscaras pálidas. Todos se movían, hacia abajo, tras el Jerbiton. Caduceo miró atrás un par de veces para ver la cada vez mayor columna: la imagen viva del éxodo. Nunca los escalones habían parecido tan largos, pensó el mago. Nunca la salida de Altes Gestein había parecido tan lejana.

----------------------

¡Infantería, conmigo! ¡Agrupaos! ¡Escudo y atrás! —alrededor de Johann, los pocos Defensores que podían empuñar un arma sin soltarla se agruparon a su alrededor—. ¡Proteged a los arqueros! ¡En cuadro!

La formación de escudos fue perfecta, como si el espíritu de los antiguos guerreros romanos envolviese a aquellos últimos hombres. Los tres arqueros que quedaban, con Enelya entre ellos, quedaron protegidos por los Defensores, con Johann y Rodrigo al frente.

¡Arqueros, apuntad a los jinetes y a sus caballos! ¡Mandadlos al infierno!

Incluso antes de que Johann hubiera dado su orden, Enelya ya tenía su arco tensado. La madera crujió bajo los delgados brazos de la muchacha, que mantuvo firmemente la tensión mientras los otros dos arqueros disparaban demasiado pronto. Sus flechas cruzaron el aire, cayendo cerca de los oscuros jinetes, que siguieron imperturbablemente llenando el claro con sus malévolos cánticos.

¿Quién demonios es ése? —clamó Rodrigo sobre su escudo, viendo como un caballero cruzaba al galope. La mirada del castellano se desvió solo un segundo de las sombras que empezaban a rodear a la formación para ver a otro inesperado visitante—. ¿Un monje?

Frente a ellos, las sombras de cambiante forma reían con tenebrosas voces, deteniendo brevemente su ataque, disfrutando del miedo y del caos, mientras los cánticos latinos aumentaban de intensidad, y la torre de Altes Gestein empezaba a temblar desde sus cimientos. Algunos escudos de los Defensores temblaron, mostrando la vacilación de algunos.

Y el arco de Enelya siguió tensado.

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La enorme figura alcanzó el claro, y alzó la vista. La noche caía sobre la Selva Negra, haciendo que las rocas de fuego fueran aún más impresionantes contra la oscuridad del cielo. No muy lejos suya, la torre de los magos empezaba a resquebrajarse peligrosamente. Numerosos gritos de terror surgieron de su interior, mientras algunos hombres y mujeres salían del interior de la enorme estructura, tropezando y tosiendo. Algunos cayeron al suelo. Entonces Yaun Elur observó cómo una enorme roca ígnea golpeaba la cúspide de la torre de magos, arrancando su cima. Grandes peñascos negros se precipitaron sobre los desvalidos humanos, que chillaron ante el inevitable fin. Los alaridos resonaron en los oídos del gigante, al igual que en los de Bernardett, que acababa de llegar al borde del claro para, desde detrás de un árbol, observar con sorpresa la horrible escena.

¡Rego Terram!

El grito se oyó incluso sobre el caos del claro, y los restos pétreos de la torre se detuvieron en el aire, a un par de metros de los hombres y mujeres de la Alianza. Los dos pasivos observadores observaron a una bella mujer erguirse bajo los escombros, con sus brazos alzados para mantener el hechizo. Su cara mostraba claramente el esfuerzo que requería esa muestra de poder.

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Khalek ex Bonisagus acababa de salir de Altes Gestein, justo para ver cómo la líder de la Alianza salvaba a varios de sus habitantes. Gloria mantenía pesadas piedras irregulares sobre ellos, pero el espectacular hechizo le estaba costando caro.

Khalek… —masculló la mujer, señalando a los caídos, algunos de los cuales empezaba a levantarse torpemente del suelo. Tras él, otros habitantes estaban paralizados por el miedo, bien ante los peñascos de Altes Gestein, bien ante las horribles criaturas que llenaban el claro. El Bonisagus miró al centro de la batalla, donde unos pocos Defensores eran rodeados por sombrías criaturas sin forma. Y, a lo lejos, unos oscuros jinetes cantaban en latín…

Khalek… —repitió Gloria, sudando copiosamente.

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Tadeus golpeó a su mula para que acelerase el galope. Veía a varios hombres de armas tirados en el suelo, gritando por sus terribles heridas. Otros corrían de un lado a otro, totalmente fuera de sí. Decidido a ayudar a aquellos necesitados, se olvidó del Mal que asolaba aquel malhadado lugar y apretó los dientes. Pero su mula no tenía su valor, su fe, y cuando Tadeus estaba cerca de algunos caídos, sus patas cedieron. El monje cayó, rodando confusamente por el suelo. El golpe lo dejó sin aire, y bocabajo. Levantando la cabeza del suelo, vio su bastón, casi al alcance de sus dedos y, un poco más allá, a un moribundo que sollozaba, implorando a Dios un rápido final. Tadeus tosió polvo.

Y, entonces, el monje oyó una desgarradora risa, mientras la oscuridad de una sombra se erguía sobre el moribundo soldado.

Tu Dios —la voz apenas era perceptible, pues era poco más que un silbido. El hombre caído abrió inmensamente los ojos, y el miedo casi detuvo su corazón—. Tu Dios… ¿dónde está Él ahora? —se burló la sombra. Alzó lo que parecía ser un brazo, que tomó la forma de varios filos umbríos—. No irás con Él, porque Él no está contigo ahora…

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Alimentadnos —decían las sombras entre risas, rodeando totalmente a los Defensores—. Dadnos vuestro calor, y vuestras deliciosas Almas.

Johann notó el frío que emanaban, y encontró difícil mantener su arma bien agarrada. Tras él, oyó unos arcos caer al suelo, y supo que los arqueros habían cedido al miedo.

Pero no todos…

La flecha de Enelya cruzó el aire, pasando justo entre Rodrigo y Johann. El proyectil, apenas visible en la muy cercana noche, trazó un arco perfecto, dirigiéndose a su objetivo.

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Cristóbal alcanzó a los jinetes, manejando a su asustado caballo incluso en esta oscura hora. Con un grito de guerra, movió su espada y alcanzó a uno de los encapuchados extraños en pleno cuello. La cabeza de aquel ser, fuera lo que fuera, salió despedida por los aires, cayendo secamente sobre la tierra del claro. Esto atrajo la atención del resto de jinetes, pero repentinamente uno de ellos fue ensartado por una certera flecha, que se hundió hasta el astil en su pecho. Con un silencioso quejido, la figura cayó de su caballo. Cristóbal solo había conocido a alguien capaz de realizar un disparo como ése, por lo que recordó a cierta mallorquina que sabía que aún seguía atada a Nuruk ex Merinita.

Envalentonado, el antiguo cruzado volvió a descargar su arma contra otro jinete, que no pudo evitar el mortífero tajo en su vientre. Tres habían caído, pero casi una decena más de enemigos rodeaban ahora a Cristóbal, con toda su atención en su nuevo rival. Los cánticos en latín volvieron a surgir de debajo de sus capuchas sin rostro, y el veneciano supo que esa maldad que sentía iba dirigida justo contra él.

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Johann y Enelya, y el resto de Defensores, notaron una repentina incertidumbre en las sombras. Sus risas ya no eran tan crueles, ni su presencia tan paralizante. Parecían menores en tamaño e ira, pero aún sus afiladas garras sin formas podían matar a un hombre sin esfuerzo.

Fue entonces cuando un crujido resonó en el claro, y los ojos de todos los presentes fueron desviados a la torre de Altes Gestein.

¡Va a caer! —exclamó Rodrigo, casi sin poder creerlo. El único lugar donde se había encontrado a gusto en toda su vida, iba a caer.

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Caduceo tuvo que agarrarse a una pared para no caer. Ese último temblor había sido realmente potente, y el mago casi había creído que toda la torre se había movido. Estaba cerca de la salida, pero demasiada gente se agolpaba en los angostos pasillos que se dirigían al exterior. Un crujido resonó en el interior de la torre, ensordeciéndolos a todos. Gritos, y más gritos. Ahora lo sabía, la Vieja Roca estaba a punto de derrumbarse… sobre todos ellos.

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#13 Darvin

Darvin

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Posteado 06 August 2011 - 10:55 AM

Khalek ex Bonisagus



Khalek se apresuró a obedecer las ordenes de Gloria, llevando a los caídos lejos de las piedras, mientras les decía en voz alta, pero amable, a la gente que estaba inmovil por el miedo:

- Debéis de alejaros de aquí, pero antes, por favor, ayudarme a traslada a los caídos lejos de los peñascos.

Aunque él era ateo, en ese momento, mientras trabajaba en poner a la gente a salvo, rezaba porque Gloria aguantara el tiempo suficiente, por el bien de los heridos, también que las demás personas se pusieran a salvo y que alguna le ayudase en la labor que tenía en manos.

#14 agarroc

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Posteado 06 August 2011 - 01:16 PM

Tadeus se incorporó sobre una mano tratando de no llamar la atención sobre la sombra que acechaba al pobre guerrero moribundo, mientras con la otra agarraba su vara, que durante tanto tiempo lo había ayudado a andar los caminos de Dios. Tenía hojas pegadas en la cara y el pelo y el polvo del suelo manchaba su hábito. Durante unos interminables segundos, que parecieron horas, todos sus instintos le dijeron que huyera de allí, de hecho sus piernas se negaban a obedecerle, a no ser que la orden fuera correr en cualquier dirección, excepto hacia donde estaba la sombra. La torre crugió con un gran estallido, sin duda premonitorio de su inminente caída. Tadeus no era como Cristóbal, un curtido guerrero que se lanzaba al combate como un toro salvaje, sin embargo no podía dejar a aquel hombre a la merced de aquel engendro de las tinieblas. Además sabía que Dios si estaba allí, siempre estaba con él, lo sentía como calentaba su corazón dándole el valor que le faltaba. Y allí en medio de ese terrible bosque, mientras la torre se desmoronaba con un estruendo terrible, Tadeus se irguió con toda la fuerza que le confería su fe, y gritó:
-"Hoy no te lo llevarás sombra, porque somos fuertes en Cristo, y suya es nuestra fuerza, nada puedes contra nosotros."-
Un paso tras otro, lentamente, Tadeus se fue acercando hacia el herido intentando protegerlo, si no a él, al menos si su alma.

Editado por agarroc, 06 August 2011 - 01:19 PM.


#15 Eanáir

Eanáir

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Posteado 10 August 2011 - 08:15 PM

Nuruk de Merinita

Nuruk suspiró profundamente. Se estaba dando cuenta de lo mucho que le estaba costando decidir si, tratar de evacuar a los mundanos que le acompañaban, o bien confiar en que la cámara aguantaría a pesar de la caída de la torre y salir a enfrentar los tenebrosos cánticos. Algún tiempo atrás no habría dudado tanto. Se hacía viejo.

No necesitaba salir para sentir el sudor que perlaba la frente de sus amigos o el miedo que crispaba sus nervios. Una mezcla de intuición y recuerdos le hizo caer en la cuenta de que probablemente sólo los Defensores estuvieran bien coordinados, y no aguantarían mucho.

"En peores nos hemos visto" dijo, y trató de que su voz silenciosa llegase hasta Enelya y Cristóbal, de que les recordase antiguas victorias difíciles. "Que no os rodeen".

Y sin mediar palabra, indicó a los mundanos de la sala que había llegado el momento de marcharse. Su mirada no admitía réplicas.

Editado por Eanáir, 10 August 2011 - 10:25 PM.

Hallad al Pensador, no el Pensamiento.



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A Bragol. Tus amigos te echan de menos.