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Deus Ex Nuke: Jack


364 respuestas al tema

#1 Donpipollas

Donpipollas

    Antediluvian

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Posteado 17 July 2010 - 09:43 PM

Uno de los puntos más importantes para mejorar en Deus Ex Nuke es la profundidad de los personajes. Para ahondar un poco más en Jack y en su gran enemigo, Yak’i, he decidido escribir una serie de capítulos que irán intercalados dentro del relato original cuando lo tenga todo bien listo. Los iré subiendo como “Deus Ex Nuke: Jack”, y serán una serie de recuerdos que relatarán la vida de Jack hasta el momento de la aventura actual.
Además, el primer capítulo, “01-Un mal día”, pasará a ser el último de estos capítulos sobre la vida de Jack. “02-Soylent rosa” pasaría a convertirse en el primer capítulo de la historia principal. POR AHORA, pues aún tengo pendiente un prólogo.
Me voy a centrar en esto hasta terminarlo, y dejaré un poco de lado el relato principal.

Creo que también estos capítulos sirven para profundizar mejor en el mundillo de Deus Ex nuke, puesto que en el relato principal no me explayo mucho.

Vic, evidentemente es por Fallout 2, pero ya lo cambiaré. Es que me daba pereza pensar en nombres mientras escribía los capítulos XD.

Espero que os guste.

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Imagen posteada

01 – HUMO Y CENIZAS


El fuego lamía los troncos amontonados tras los que Jack se escondía. Uno de ellos iba ennegreciéndose con una celeridad pasmosa. El humo se volvía tan espeso que no aguantaría mucho más. Cerca, a su alcance, vio un trozo de madera astillada, tan puntiagudo y afilado que dolía con sólo mirarlo. Lo recogió, apretó con fuerza. Las lágrimas mezcladas por el escozor de la humareda, la tristeza y la rabia inundaban sus ojos, cegándolo. Intentó limpiárselos como pudo, con un brazo sucio y lleno de hollín, y únicamente consiguió agravar el escozor.

—¡Amarradlos! —bramaba una potente voz aumentada por un megáfono—. ¡Tened cuidado con ellos y metedlos en las jaulas!

Lo oía hablar, y cuando pudo limpiarse un poco los ojos, lo vio hablar. Era un hombre alto, musculoso y barbudo, con una larga cresta roja. Nada lo diferenciaba del resto de bandidos de su banda.

Sus lacayos salieron de la casa de Jack portando amarrados a dos hombres altos. Les habían golpeado hasta dejarlos semiinconscientes y se tambaleaban aturdidos mientras sus raptores se esforzaban en meterlos en una gran jaula montada en la parte trasera de una camioneta. Luego salieron más bandidos de la casa, arrastrando los cuerpos de sus camaradas fuera. Ellos mismos habían sido heridos. Se leía el terror en sus rostros. Aquella extraña pareja les había zurrado bien.

Unos días antes, los padres de Jack se habían topado con ellos. Estaban cansados, heridos y parecían huir de alguien. Sus pieles eran muy morenas, uno de ellos tenía el pelo grisáceo y el otro completamente blanco, pero el detalle que más había captado la atención de Jack fue que ambos tenían los ojos rojos, sin pupilas. Dos pares de globos rojos y brillantes. Los padres de Jack se preocuparon de ellos hasta el punto de darles cobijo. Aquello había sido su condena, y la de todo el pueblo.

Una bala aulló e impactó en una de las hombreras metálicas del jefe de los bandidos. Un hombre corrió hacia él desde una casa. Creyó distinguir las duras facciones de su vecino, quien apretaba el gatillo una y otra vez, abriéndosele los ojos de forma desmesurada al darse cuenta de que no le quedaban balas. Entonces tomó la resolución de huir cuanto sus piernas le permitieran. Varios bandidos le fueron detrás, pero el hombre corría como un chacal.

El jefe de los bandidos, sonriente, respirando rápida y nerviosamente por la emoción de la matanza que se estaba llevando a cabo, advirtió un movimiento y vio uno de los maderos del escondite de Jack caer.

—¡Eh, chico, no tengas miedo! —susurró.

Jack dejó escapar toda su rabia acumulada: profirió un grito, abandonó su escondite y cargó contra el bandido crestado. Le atacó con el trozo de madera, clavándoselo en una pierna e hiriéndose en la mano con las astillas. Empuñar el trozo de madera con las manos desnudas no había sido, desde luego, una buena idea. Le sangraba la mano con profusión por una infinidad de pequeños cortes. Aulló de dolor mientras el asesino gruñía arrancándose la madera, que no había penetrado prácticamente en su musculada pierna.

De un manotazo lanzó al crío por los aires. Luego sonrió, y le indicó a uno de sus lacayos que le diera unos azotes con su látigo. El otro bandido, un enclenque con un gorro de piel y unas gafas que le hacían parecer gilipollas, se lamió los labios, saboreando ya la sangre que no había probado aún, pues desde que habían irrumpido en el poblado no se había separado de su jefe. Hizo restallar con saña el látigo sobre la espalda del niño. Uno, dos, tres… el cuarto atravesó y desgarró carne.

—¡Para, Thorn! —El jefe de los bandidos le sujetó el brazo.
—¿Jefe?
—¡Míralo, apenas está consciente! ¡Deja un poco para las alimañas!
—E… está bien —El gafotas llamado Thorn miró al niño, desilusionado. Le temblaba la voz.
—¡Escuchad, ya tenemos lo que hemos venido a buscar! ¡Esos cabrones no nos van a tocar más las pelotas!
—¿Nos vamos, Yak’i? —preguntó otro de sus secuaces, un tipo joven con un larguísimo cabello negro, mientras se rozaba bajo el mentón una pastilla verde y cerraba los ojos.
—Sí, da la orden. Nos marchamos —asintió Yak’i.

El niño tuvo tiempo de escuchar el nombre antes de caer inconsciente. Cuando volvió en sí, no supo cuánto tiempo había pasado. El pueblo se hallaba desierto, no había llamas devorando las casas, solo esqueletos ennegrecidos y montañas de cenizas, y un humo espeso que surgía de las pocas ascuas que aún consumían lentamente algunas maderas. El aire traía un olor a muerte, a carne y madera quemada.

Intentó incorporarse, sollozando; la espalda le dolía y escocía como si le hubieran rajado. Luego recordó que en verdad lo habían hecho. Dio algunos pasos vacilantes, le costaba andar, estaba mareado, aturdido y confuso. Gran cantidad de emociones pugnaban por hacerse con su control. Identificó los restos de su casa, no quedaba nada. Una mano carbonizada asomaba entre los restos. Se dejó caer de rodillas y comenzó a llorar fuertemente.

El sonido de unos pasos que se acercaban le alertaron. Un viejo encapuchado se hallaba frente a él. Se sostenía con un nudoso bastón y una larguísima barba le caía hasta el suelo.

—Tranquilo, chico, ya se han ido. Yo te cuidaré.

02 – EL VIEJO MAD


—¡Kiwi, ven! —Jack corrió detrás de Kiwi, el perro del vejo Mad; casi tan anciano como él, e igual de enérgico.

Kiwi apartó los ojos del gecko que tenía apresado con las patas delanteras y lo miró gruñendo amenazadoramente sin dejar de mordisquear su presa. Lástima que apenas le quedaran dientes.

—¡Ven!

El perro se fue. Jack volvió a la casa, el viejo Mad lo esperaba en la entrada.

—¿Qué te dije? —inquirió, con dureza, el anciano.
—Pero, Kiwi… —tartamudeó Jack—. ¡No pué estar to el día en casa metío!
—¡Te he dicho mil veces que hables correctamente! —El viejo Mad le propinó un tortazo—. ¡Vuelve a hablar como un vulgar arrabalero y te daré una buena tunda!
—Es… está bien… —lloriqueó Jack con una mano en la dolorida mejilla.

Entonces, el viejo Mad le dio otro tortazo en la mejilla desprotegida.

—¡Au!
—¡Y no vuelvas a dejar salir a Kiwi! ¡El vecino nos la tiene jurada, lo sabes!
—Pero… Mad, podrías darle una buena paliza —objetó Jack mientras corría detrás de Kiwi—. Podría hacerlo yo por ti, ¡ya tengo catorce años, soy mayor de edad!

Jack regresó con Kiwi en brazos. El inquieto chihuahua se revolvió y se liberó, para acto seguido defecar en el porche. El viejo Mad le dio una patada, cabreado. Kiwi retrocedió de un salto, solo para tomar carrerilla, hincarle los dientes a su propia mierda, y escapar antes de recibir otro golpe.

—¡El vecino ya tiene sus propios problemas! —El viejo Mad volvió a golpear a Jack—. Además, ¡¿cuándo aprenderás que no todo se resuelve mediante la violencia?! ¿Para qué te estoy educando, para que te conviertas en un macarra sin futuro del Vertedero? ¡Recuerda lo que le pasó a tus padres, y a todo este pueblo!

Las lágrimas brotaron de los ojos de Jack. Las duras facciones del viejo Mad se suavizaron, y dijo en tono reconciliador:

—Anda, entra. Hoy abordaremos El Arte de la Guerra, de Sun Tzu. Aprenderás cómo vencer en situaciones de peligro sin necesidad de entrar en liza. Pero, primero, saca fuera los orinales y cagaderos y límpialos.

El viejo Mad entró en la casa. Jack, furioso, murmuró entre dientes. Luego metió la mano en el bolsillo de su pantalón, extrajo una nota arrugada, la desdobló, y leyó:

«Me llamo Jack, tu mataste a mis padres. Jaki, llo te matare a ti. Algun dia te atrapare y te matare con mis propias manos.»

Apretó el puño con rabia, convirtiendo de nuevo la nota en una bola de papel.

03 – KIWI


Jack contempló cada una de las maravillas que los mercaderes habían traído consigo. Una vez al mes, una caravana de mercaderes se acercaba al que antaño fuera un creciente y próspero pueblo, y que en la actualidad no era más que un cúmulo de casuchas carbonizadas en las que apenas vivían una docena de personas.

—Algún día iré a Metrópolis —dijo Jack.
—Déjate de tonterías —le espetó el viejo Mad— y regresa a tus deberes.

Jack bufó y volvió al patio de la casa, donde le esperaban su rifle y unas botellas colocadas sobre unas cajas. Apuntó cuidadosamente con el arma y disparó. Una botella reventó en mil pedazos. El muchacho sonrió, ya controlaba el retroceso. Todavía recordaba la vez en que, al disparar, se llevó tal golpe en el hombro que el moratón no desapareció hasta transcurrir meses.

Disparó de nuevo, justo cuando Kiwi, que hasta el momento había permanecido dormido, se abalanzaba sobre la botella apartándola del trayecto de la bala.

—¡Maldito chucho!

Poco después, Jack cambió el rifle por un bastón de madera y golpeó repetidamente una torre de sacos de tierra, practicando los movimientos que el viejo Mad le obligaba a realizar desde que tenía ocho años, cuando lo recogió en la matanza que tuvo lugar en el pueblo.

Se detuvo a descansar y posó la mirada en los comerciantes que platicaban con los aldeanos. Algún día iría a Metrópolis, de eso estaba seguro. Apenas distaba una decena de kilómetros del poblado, pero parecía casi tan inalcanzable como la legendaria Edén, allá en el este. Una vez en la populosa ciudad, buscaría a Yak’i con todos los medios de que pudiera disponer, que no serían pocos allí.

Un movimiento fugaz lo sacó de su ensimismamiento: Kiwi acababa de saltar la valla del patio en dirección al corral de Costroso, como él llamaba al vecino. Profirió una maldición por lo bajini; al instante, aquel lenguaje burdo que el viejo Mad se había esforzado por hacer desaparecer resurgió, y el miedo le atenazó la garganta. Saltó también y se apresuró a coger a Kiwi antes de que el perro hiciese de las suyas.

Lamentablemente, el chihuahua ya se había arrojado al cuello de una de las gallinas de monstruoso vecino. Jack agarró por el pescuezo a Kiwi y le azotó en el trasero, impertérrito ante los gruñidos rabiosos del animal.

Apurado, tomó la decisión de llevarse también a la gallina muerta para que el vecino no la viera. Se quitó la camisa, envolvió al pajarraco en ella y regresó a casa silbando disimuladamente. Al llegar al porche se detuvo. Costroso, envuelto en una capa con capucha como de costumbre, observaba desde la caravana a Kiwi con un odio tan grande como el que Jack sentía por el asesino de sus padres.

Aquella noche, Jack hizo la cena.

04 – ¿QUÉ VOY A HACER AHORA?


A medida que transcurrían los años y envejecía, el viejo Mad se volvía cada vez más insoportable. Quizás era incapaz de aceptar que su otrora espléndido cuerpo fuera ahora decrépito y débil. Él, que tiempo atrás había sido poderoso e inteligente, veía mermadas sus facultades hasta el punto que apenas veía ni oía nada; y además, debía apoyarse en un bastón para caminar.

Era un día magnífico: el sol no pegaba con mucha fuerza, los pájaros trinaban en las jaulas del porche y unos verdes arbustos crecían velozmente en el huerto. El viejo Mad confiaba en que dieran bayas comestibles, después del fracaso de las lechugas en aquella tierra estéril.

—Tu turno —dijo el anciano.

Jack estudió el último movimiento con el alfil del anciano, cogió su caballo y se comió la ficha enemiga.

—¡Bien!

Estaba aprendiendo rápidamente, cada vez le era más sencillo jugar a aquel juego. El viejo Mad insistía en que no era un juego.

—Um… —Era difícil averiguar las emociones del viejo Mad con aquella barba que cubría casi por completo su rostro—. Aún no cantes victoria, imbécil… Jaque mate.

De nuevo, el viejo Mad volvió a ganar. Jack resopló por la impotencia, jamás había ganado al ajedrez.

—Ve a la cocina y trae agua, estoy sediento —le ordenó el anciano—. Y échale un vistazo a Kiwi. Hace rato que no lo oigo ladrar.

Últimamente, la paranoia se había adueñado del viejo Mad. Se había obsesionado con que el vecino acabaría vengándose del perro por todos los años de diabluras caninas.

—¡Kiwi, sal! —Jack buscó por toda la casa sin éxito. A los diez minutos, reparó en una ventanilla abierta del salón. Corrió al patio y se dirigió a la barrera que pegaba al campo del vecino—. ¡No!

Efectivamente, Kiwi había escapado y estaba persiguiendo a una gallina. El asustado pajarraco pegó de pronto un bote y voló literalmente, en una perfecta diagonal, hasta la copa de un árbol de veinte metros de altura. El chihuahua se quedó mirando el árbol, sorprendido y confuso, y entonces él también voló cuando una sombra cruzó el campo y le propinó una patada.

Jack ahogó un grito y, furioso, se dispuso a saltar la barrera para darle su merecido al vecino cuando una mano se posó en su hombro. Era el viejo Mad, que con el semblante severo, lo detuvo.

—¡Va a matarlo! —gritó Jack.

Costroso se dirigía con violentos movimientos hacia donde el perro había ido a parar. El vecino profería unos sonidos guturales difíciles de clasificar.

—Espera dentro, yo hablaré con él —el tono del viejo Mad no dejaba lugar a la desobediencia.

Jack esperó sentado en el comedor, pacientemente, durante aproximadamente una hora. Pasado aquel tiempo los nervios afloraron. Kiwi entró corriendo y se le echó encima al borde de la histeria.

—¿Qué pasa, Kiwi? —inquirió Jack.

El chihuahua bajó, corrió hacia la entrada, volvió… así una y otra vez mientras profería agudos ladridos. Quería que lo siguiera. Jack se olió lo peor. Enfundó la navaja que siempre llevaba consigo, cogió su fusil del armario de las armas y salió escopeteado hacia la casa del vecino.

La puerta de la entrada estaba entornada. Cuando entró, se encontró con la peor escena que jamás pudo imaginar: el viejo Mad yacía muerto en el salón y el vecino se hallaba arrodillado frente a él, arrancando tiras de carne de su víctima y llevándoselas a la boca.

Al ver aquello, Jack se estremeció de tal modo que el fusil se le cayó de las manos y todo el contenido de su estómago se derramó sobre el arma. Se apoyó en la pared del pasillo, luchando contra las náuseas y tratando de desenfundar la navaja con una temblorosa mano, incapaz de llevar a cabo las órdenes de su cerebro.

Costroso —su rostro despellejado daba muestras de en lo que se había convertido en los últimos años— se incorporó, dispuesto a comérselo a él también. Las babas le goteaban a través de la comisura de los labios. Gea sabría cuánto haría que había perdido del todo la cordura.

Una extraña mezcolanza de aullidos de tristeza y ladridos de rabia se adueñó de Kiwi. El perro se arrojó al rostro del vecino para mordérselo. Costroso bramó de furia y unos chilliditos de dolor sacaron a Jack de su deplorable estado. Con el cuchillo en la mano atacó al necrófago mientras el vecino cogía a Kiwi, que ya no se movía, y lo lanzaba contra la pared.

—¡Cabrón!

Jack le hundió la hoja varias veces entre las costillas. El vecino, de un manotazo, le partió el labio y lo estampó contra los muebles que había detrás. Desesperado, Jack se arrojó sobre su fusil, apuntó y disparó justo cuando el necrófago extendía sus huesudas garras hacia su cuello.

Una vez se hubo asegurado de que el vecino estaba muerto, se puso de pie y fue cojeando hasta Kiwi. El pobre perro yacía con el vientre abierto de un mordisco. Jack comenzó a sollozar de forma convulsiva. Luego fue al centro del salón y comprobó que del viejo Mad, aquel anciano arisco que había cuidado de él desinteresadamente, no quedaban más que cuatro jirones de piel y carne enredados entre sus costillas.

Jack explotó por fin, y con las manos y el rostro cubiertos de sangre, aulló:

—¡¿Qué voy a hacer ahora?!

05 – METRÓPOLIS


¿Quién lo iba a decir? Realmente iba a ir a Metrópolis.

—¿Así que has estado solo todo este mes? —le preguntó Vic, uno de los comerciantes, amigo del viejo Mad.
—Sí —fue la escueta respuesta de Jack.

No se encontraba con ánimo para hablar. El recuerdo de lo acaecido había ensombrecido toda la alegría de abandonar de una vez por todas aquel pueblo maldito y ver la ciudad del Páramo; la grande, populosa y majestuosa Metrópolis.

—Por Gea, no me puedo creer que el viejo Mad esté muerto… —Vic giró el volante para no estrellar el camión con un chacal que se había puesto en mitad del camino—. ¡Malditos chuchos, siempre dando por culo!
—En cierto modo se lo buscó —dijo otro—. Debería haberse deshecho de ese perro en cuanto dio los primeros problemas.

Jack no dijo nada, aunque en su mirada había un reproche que no se molestó en ocultar.

—¿Qué piensas hacer cuando llegues? —preguntó Vic.
—No… no lo sé —balbució Jack.

«Es verdad, ¿qué voy a hacer?», pensó.

—Muchacho, como no tengas a alguien que te lleve por el buen camino lo llevas crudo. —Vic se ajustó las gafas con un dedo—. ¿Te interesa trabajar para mí? Tendrías comida y cama, ¡y un oficio con expectativas de futuro!

La caravana al completo estalló en risas.

—¿Cómo guardia de caravana? —preguntó Jack indiferente.
—¡No, chico! —Vic negó con la cabeza—. Esta no es mi única forma de ganarme la vida. Te contrataría de mozo, en la ciudad, haciendo un poco de todo. Lo que tus facultades te permitan. Piénsatelo antes de que lleguemos a Metrópolis.

Lo que sucedería antes del anochecer. Tras salir del puerto de montaña que daba al valle donde se hallaba su pueblo, el paisaje se volvió aterrador. Jack tragó saliva, el Páramo era más tenebroso de lo que imaginaba: un yermo pedregoso salpicado de vez en cuando por matojos y árboles moribundos. Y en el horizonte, Metrópolis, una megaciudad que se erguía imponente como única prueba de que el Apocalipsis no acabó con la civilización.

—¿Ves, muchacho? —preguntó Vic—. Por fin verás la ciudad. Ese es el mayor nido de ratas del mundo entero.
—No digas eso —le espetó un comerciante tan obeso que necesitaba ayuda para bajar y subir del vehículo—. El alcalde Anzar está haciendo todo lo posible por cambiar las cosas.
—Sí, favoreciendo a los ricos y hundiendo todavía más a los pobres. Desde luego, trabajador es: no para quieto, el mamón…
—Bueno, no creo que… —fue a protestar el gordo.
—¿Y qué me dices de toda esa gente que está expropiando el gobierno descaradamente? —dijo otro—. Los echa de sus casas por a saber qué absurdos motivos. Muchos están levantando chabolas ilegales fuera de Metrópolis, a merced de las bestias y los bandidos. Al final acabaremos todos allí.
—¡Algo habrán hecho! —intentó defenderse el comerciante obeso.
—¡Bah, es inútil hacerte bajar de tu nube! —exclamó, enfurruñado, Vic—. ¡Que la Aulladora te sople en la nuca!
—¡Oye! —bramó el gordo—. ¡No pronuncies eso aquí!
—Tiene razón —dijo el otro comerciante—. Esas cosas no han de decirse ni en broma.
—¡Bah, el alcalde Anzar es un cabrón y punto!

Se inició una discusión que Jack no entendía. Con el paso del tiempo, sus ojos fueron agrandándose a medida que se acercaban a Metrópolis y que la ciudad crecía. Fascinado, se olvidó de los comerciantes, de su pueblo, del viejo Mad, de Kiwi, de sus padres, de Yak’i… de todo; y embobado, no apartó la vista de las deslumbrantes luces de la alta torre que se alzaba justo delante y de las lucecillas que se desparramaban a su alrededor.

Editado por Donpipollas, 12 September 2011 - 09:10 PM.

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Deus Ex Nuke es un mundo habitado por seres humanos y razas de mutantes inteligentes que luchan por sobrevivir en una tierra salvaje, brutal, devastada por una guerra nuclear que ya nadie recuerda. El nuke, la droga más fuerte y adictiva que haya existido, causa estragos en una población que parece sobrevivir para su consumo.

#2 El Abuelo

El Abuelo

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Posteado 19 July 2010 - 02:42 PM

Bueno, leídos ya estos capitulos. Está bien que nos cuentes cómo ha ido Jack viviendo a lo largo de los años, una oportunidad más para seguir leyendo y disfrutando de sus aventuras.
Te paso un par de apunte:

el chihuahua ya se había arrojado al cuello de una de las gallinas de monstruoso vecino.

Se te olvidó la "L" (del).

Gea sabría cuánto haría que había perdido del todo la cordura.

Esta frase, en apreciación mía, quedaría mejos asi: "Solo Gea sabía cuánto tiempo hacía que había perdido del todo la cordura."

Costroso bramó de furia y unos chilliditos de dolor sacaron a Jack de su deplorable estado.

Creo que queda demasiado chirriante. Yo diría, quizás, "débiles aullidos".

Bueno, me quedo a la espera de nuevos capitulos, tanto de jack como de la aventura principal.
Saludos.

- Con la fama que tenía en mis tiempos entre las mujeres, quién te dice a tí que no soy tu padre.

"Yo he visto cosas que vosotros no creeríais"

Récord en el juego "Solo una letra". Lista de 265 palabras de 5 letras.

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#3 Donpipollas

Donpipollas

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Posteado 20 July 2010 - 03:43 PM

Gracias por los apuntes^^. Corregidos menos el último. Considero que "chilliditos", aunque suene un poco feo, describe muy bien los lamentos del perro.

Estos capítulos no sé cómo los meteré en el relato principal. Creo que será difícil introducirlos por ahí en medio acertadamente, pero pienso que son necesarios para la historia.

A ver si un día subo algo que no tenga que ver con ogros y gremlins XD.
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#4 Donpipollas

Donpipollas

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Posteado 31 July 2010 - 08:48 AM

Ha pasado tiempo desde lo último que subí. Últimamente no escribo mucho por pereza pura. Este maldito calor es horrible. Subo sólo 3 capitulillos.

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06 – UN MUNDO EXTRAÑO


Jack observó con detenimiento las chabolas que se acumulaban alrededor de la entrada de Metrópolis.

—Ahora son un centenar —dijo, apesadumbrado, Vic—. Dentro de unos años serán mil. Acabará por formarse una ciudad aquí fuera; y la llamaremos algo así como la Periferia, el Arrabal o el Poblao…
—¿Qué es eso de ahí? —Jack señaló un colosal edificio circular de piedra que se levantaba en medio del desierto.
—El Coliseo —respondió el mercader—. Es el lugar más famoso después del Jardín del Placer.
—¿El Coliseo? ¿Hay luchas de gladiadores allí como en los viejos tiempos?
—¿Gladiadores? El viejo Mad te quemó el cerebro con tanto libro… —Vic suspiró—. No sé qué es eso. En el Coliseo se celebran corridas de toros, conciertos de rock y combates de Corredores.
—¿Se puede pelear mientras se corre? No lo veo…
—Ay… Los Corredores son una famosa organización de moteros y cazarrecompensas. Van por el Páramo realizando encargos que requieren premura. Cuando no tienen trabajo, hacen carreras de motos y se zurran. Hay mucha rivalidad entre ellos.
—¡Eso es…!
—Una mierda —le interrumpió Vic—. Una grande y jodida mierda. ¡Rastreros e hijos de puta! Un trabajo decente deberían tener.
—¡No, eso es fantástico!

Unos guardias con uniformes negros y marrones les detuvieron en la puerta de la ciudad. Vic bajó y les abrió la puerta trasera para que inspeccionaran. Jack consideró todo aquello un paripé, pues apenas estuvieron unos minutos revisando el contenido del enorme camión. Su evaluación fue más que acertada cuando vio que Vic le deslizaba discretamente unos billetes a uno de los guardias.

—Está to bien —dijo el guardia—. Pa dentro.

La enorme puerta de acero se abrió, mostrando una extensa plaza empedrada.

—Bien, ya hemos llegado, muchacho —dijo Vic—. ¿Qué te parece?
—Cuánta gente… —tartamudeó Jack, nunca había visto tanta en un mismo lugar.

El convoy se disolvió. Los comerciantes pagaron a los guardias de caravana y cada uno se fue por su lado. Los dos mercaderes que habían ido en el camión con ellos se despidieron y subieron a sus respectivos vehículos. Tuvieron que ayudar al gordo a bajar, la tarea fue ardua y agotadora.

Vic, Jack y un par de mozos se internaron por un laberinto de callejuelas malolientes y sucias. Era bastante molesto conducir el vehículo por ellas y más de una vez hubo problemas con los transeúntes, pero Vic se excusó arguyendo que era el único camino posible, aunque no fuese cierto.

Por vez primera, Jack vio un gremlin. Le costó horrores mantener la compostura y no ceder a la risa al verlo caminar con un poncho el doble de grande que él.

—Son extraños —dijo Vic—. Casi toda su raza vive en cuevas, como la que está en el límite del Bosque Rojo.

Jack le había oído hablar del Bosque Rojo al viejo Mad. Decían que estaba poblado por los monstruos más terribles que el Gran Espíritu había puesto en la tierra. Nadie sabía qué había al otro lado, salvo vagas confesiones sobre nubes de radiación que fulminaban a cualquier ser vivo que osara cruzar el bosque.

—Presumen de ser excelentes tecnólogos —prosiguió Vic—. Pero… ¡que me aspen si todo lo que construyen no explota nada más probarlo!

El gremlin desapareció. Había barrido toda la calle con su poncho tamaño humano que arrastraba como si fuese un vestido de novia de esos de los cuentos.

La ilusión inicial de ver la ciudad se desvaneció por completo cuando tomó conciencia de que aquel era un mundo distinto, nuevo y extraño. Aquel pensamiento le infundía temor: se veía desprotegido y solo.

—No te preocupes, muchacho. —Vic lo miraba con gesto ceñudo—. ¡Ah, por fin en casa!

07 – MURRAY


Al contrario que las callejuelas por las que habían pasado, el almacén era muy grande. Abarrotado de cajas, barriles, y paquetes de alimentos, presentaba un aspecto tan caótico que daba dolor de cabeza. Apenas había espacio para aparcar el camión.

—Bien, ¿qué has decidido? —preguntó Vic.
—Pues… —Lo cierto es que Jack no tenía muchas opciones.
—Si aceptas, puedes quedarte a dormir aquí, en mi casa. Te haré sitio en uno de los trasteros de arriba.

Las opciones se habían reducido, concretamente a una.

—Vale, acepto —Jack asintió—. Y gracias…
—No tienes que dármelas, muchacho. Eres el protegido del viejo Mad, y él era un buen hombre. Es lo menos que puedo hacer.

Los mozos se pusieron a descargar el contenido del camión. Jack, de pie, observaba el trabajo sin interés alguno hasta que Vic le reprendió:

—¡Venga, muchacho, muévete! ¡Que ya eres empleado mío!

Jack se apresuró a ayudar a sus nuevos compañeros. Cuando acabaron, Vic se le acercó:

—Maldita sea… Seré sincero contigo, muchacho: el viejo Mad era uno de mis mejores clientes. He vendido poco hoy…

El viejo Mad había sido todo un personaje cuando era joven, sabía Jack. Se había hecho tan rico que había decidido irse de Metrópolis para vivir una vida tranquila. Aunque esto era contradictorio, pues lo cierto era que la gente con dos dedos de frente no se iba de la ciudad, sino que se iban a ella a fin de evitar los peligros del Páramo. Pero el viejo Mad había sido siempre muy raro.

Vic contabilizó las ganancias y le dio cuatro dens a cada mozo.

—Toma, un den para ti. Tu primer dinerillo, por haber ayudado a descargar el camión.
—Gracias. —Jack cogió la moneda y la guardó en su zurrón.
—Me verás poco, muchacho. Suelo venir todas las noches a dormir, pero estaré ausente la primera semana de cada mes. Viajo mucho y algunos poblados están bien lejos de aquí.

Vic recogió sus pertenencias de la guantera del camión y le indicó a Jack que lo siguiera por unas escaleras después de echar el cierre.

—Mañana te enseñaré bien la casa y la entrada principal. Ahora te explico: tu trabajo consistirá en entregar los pedidos por toda la ciudad. No irás solo, naturalmente. Esta es tu habitación. —Vic abrió una puerta—. Aguarda, voy a buscar al que será tu compañero. También vive conmigo.

El cuartucho era pequeño y olía a humedad. Jack esbozó una mueca de asco. El comerciante regresó con otro chico, más o menos de su edad.

—Bien —dijo Vic—. Este es Murray, será tu compañero de trabajo hasta que aprendas a desenvolverte solo. Ahora, limpiad bien esto, yo te buscaré un somier y un colchón.

08 – HAY QUE PROBARLO TODO


—Así que tú eres el crío del viejo Mad, ¿eh? —Murray le dio unas palmaditas en la espalda a Jack.
—¿Pasa algo con eso? —inquirió Jack entrecerrando los párpados.
—No, para nada —se disculpó, de forma un poco fingida, Murray—. Solo que te imaginaba un poco más alto…, y fuerte. Sobre todo teniendo en cuenta quién fue tu mentor.
—¿Debería también disparar rayos láser por los ojos?
—Eso sería estupendo —rió Murray—. Será mejor que empecemos a trabajar. Son ya las diez de la mañana.
—Este callejero resulta tan confuso para mí… —Jack le tendió el mapa a su compañero.
—Ya te acostumbrarás. —Murray se subió a una moto aparcada en la calle y urgió a Jack a montar—. Pon los paquetes en el maletero y sube.
—¿Qué llevamos en los paquetes? —comentó Jack al ver la diminuta mercancía.
—Ya lo verás. —Murray le guiñó un ojo.

Por el camino, anduvo Jack fijándose en todos los detalles de la ciudad. Se dio cuenta de que, a medida que subían hacia el interior, los edificios ofrecían mejor aspecto y las gentes tenían las panzas más abultadas. Las fachadas de las casas estaban decoradas con mosaicos y relieves de todo tipo. Muchas tenían porches y columnas de piedra maciza.

Se detuvieron cerca del palacio gubernamental, un recinto amurallado y vigilado por guardias, robots y torretas automáticas. Un escalofrío recorrió el cuerpo de Jack cuando un robot cruzó por delante de la moto. Tenía forma humanoide, pero ahí acababa todo parecido con el ser humano: su cabeza era demasiado pequeña para el tonel metálico que hacía las veces de cuerpo; unas pinzas ganchudas hacían de manos y en la espalda portaba una bombona con un tubo que desembocaba en unos diminutos agujeros que salían de los dedos.

—Esto es el cuartel de los Corredores. —Murray señaló un edificio de tres plantas con un patio con rejas lleno de motos aparcadas.

Al oír el nombre de la organización motera, Jack olvidó al robot y se volvió para ver, con fascinación, el cuartel.

—A ti también te gustaría ser Corredor, ¿eh? Llevas un día en Metrópolis y ya sabes lo que quieres —dijo Murray.
—Vic me habló de ellos —respondió Jack—. Debe de ser increíble.
—Sí, vagar por el desierto desafiándolo con nuestras motos, pistolas y nuestros grandes huevos. —Murray golpeó con el puño la palma de la otra mano—. Algún día no muy lejano tendré mi propia moto y entraré a formar parte de ellos.
—¿Qué hay que hacer para ser Corredor?
—Tener una buena moto, valor, dinero y hacer mucho la pelota. A las mujeres les es mucho más sencillo: les basta con tener unos labios bien gruesos.
—¿Para qué? —se extrañó Jack.
—Déjalo… —Murray suspiró—. Eso también lo verás.

Murray tocó varias veces el timbre. Un hombre delgado, de pelo largo, con unos pantalones vaqueros raídos y una cazadora con flecos también vaquera salió.

—Ya era hora, chaval. —El tipo carraspeó y escupió una flema—. ¿Por qué has tardao tanto?
—Mi jefe me ha puesto un pollo. —Murray palmeó con fuerza la espalda de Jack—. Le he estado enseñando un poco el negocio.

«No es verdad, ni siquiera me has dejado ver qué hay en los paquetes», pensó Jack.

El Corredor cogió el paquete que le tendía Murray y lo abrió. Dentro había una ristra de pastillas de color verde fosforescente.

—Cuarenta y ocho, cuarenta y nueve, cincuenta… ¡Correcto! Toma —El motero pagó la mercancía. Luego arrancó dos pastillas y se las ofreció—, pa vosotros.

Después de entregar el último pedido, Murray llevó a Jack a un callejón sombrío alejado de las zonas concurridas.

—¿Esto es nuke? —inquirió Jack.
—¡Claro! —Murray le dio una pastilla.

Jack la palpó, estudiándola detenidamente: era blanda, como si fuese líquido o gelatina.

—Pero Vic odia a los Corredores. Tampoco me creo que trafique con droga —dijo.
—Jack, te queda mucho por aprender. —Murray retiró el plástico de su pastilla—. Esta mercancía es mía, no del jefe.
—¿Qué quieres decir?
—Pues que aún no hemos empezado a trabajar. Tenemos toda la tarde para realizar los pedidos del jefe —se explicó Murray—. Me hago un dinero extra con la venta de nuke. Para que no te enfades, toma, unos cobres.
—No sé si probar esto —dijo Jack, dubitativo, mientras cogía el dinero de la mano de su compañero.
—Venga, no seas cobarde. Hay que probarlo todo en esta vida —le reprendió Murray frotándose su pastilla bajo el mentón.

Jack observó los efectos del nuke en su compañero. De pronto comenzó a gemir débilmente. En pocos segundos la pastilla se había fundido, o mejor dicho, penetrado bajo la piel, dejando una marca como un pequeño moratón. La droga le estaba provocando un placer tan grande, parecía, que Jack retiró también el plástico de su pastilla. Murray dejó caer sus brazos y se apoyó contra una pared.

—Te toca.

Jack siguió los mismos pasos y enseguida notó como un escozor le quemaba la piel. El dolor cambió de pronto, se fue; en su lugar, un intenso escalofrío de placer partió de su cuello y recorrió el resto de su cuerpo. Su pene se hinchó, el corazón comenzó a latirle irregularmente, y la cabeza le dio vueltas.

Entonces algo fue mal. Se derrumbó en el suelo, golpeándose el rostro con la piedra y unos fortísimos calambres de dolor se adueñaron de él. El corazón empezó a latirle de forma irregular: ¡Pum…, pum…, pum…, pum, pum, pum, pum…, pum! El último fue tan doloroso que se desvaneció.

—¡Jack, oye! ¿Qué tienes?

Alcanzó a oír.
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#5 El Abuelo

El Abuelo

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Posteado 31 July 2010 - 12:33 PM

(...) y una cazadora con flecos también vaquera salió.

Esta frase la cambiaría asi:"(...) y una cazdora vaquera con flecos salió".

Por lo demás, todo bien. Te envidio por la facilidad con la que escribes. A mí me está costando horrores seguir con el de Vance (y eso que apenas llevo siete capitulos) y tu llevas ya escrito el triple que yo. Definitivamente, los relatos largos no son lo mío. Eso sí, lo terminaré, no te preocupes.
Si a eso le añadimos que, como tú bien indicas al inicio de estos tres capitulos, el maldito calor te quita más aún las ganas de escribir... En fin, que sigas con ello, que lo llevas de madre.
Un saludo.

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#6 Donpipollas

Donpipollas

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Posteado 31 July 2010 - 04:07 PM

Buenas, Abuelo.

Cambiaré el orden de las palabras como me indicas, pero le añadiré igualmente el "también", puesto que "suaviza" un poco la repetición de vaqueros en la frase.

De facilidad nada. Llevo entre 100 y 140 páginas escritas en medio año, eso es muy poco XD. Aunque estoy contento por volver a escribir como cuando era más joven, que estos últimos años escribía textos cortos.

Espero que subas pronto más capítulos y no te desanimes^^.
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#7 Bukovy

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Posteado 20 August 2010 - 12:52 AM

Vamos a ver, por partes. Primero, los fallos:

Bandidos de su banda.


A mí gusto, es demasiado redundante.

Luego, a lo largo del capítulo cuarto, aludes demasiado a El Viejo Mad. Creo que deberías buscar otros vocativos para hacer referencia al anciano. Pues tal y como lo tiene suena demasiado recargado.

Bien, dicho esto, mis valoraciones son muy positivas.

Pues está muy bien, la verdad. El principio me ha recordado a La Carretera. La huída de los malos y el caníbal. Luego, el padre y el hijo que sobreviven como pueden. Te ha quedado muy logrado.

Luego, ya en Metrópoli, es un poco Tom Sawyer, con Jack ganándose la vida como buenamente puede y adaptándose a lo que hay. ¡Ay! El nuke que entra en la vida de Jack.

Veremos, veremos cómo sigue la cosa. Por el momento deja de hacer el vago y dale duro que la cosa va de maravilla y, además, no has dejado con toda la intriga.

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#8 Donpipollas

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Posteado 20 August 2010 - 07:34 AM

Hola, Bukovy.

Ni me había dado cuenta de las redundancias, ¡muchas gracias!:alabanza:.

Lo apunto y lo corregiré mañana.

El libro de La Carretera me interesa mucho, pero por el precio al que está y lo pequeño que es no lo compro ni loco. Vi la película, la cual no sé si será muy fiel, pero me sorprendió gratamente. Y eso es raro en una adaptación, así que el libro debe de estar mucho mejor.

Lo de Tom Sawyer me puede servir, ahora que lo dices, para valerme un poco de él para construir a Jack. Quizás un poco de su personalidad le vendría bien.

A ver si acaba el verano y vuelvo a la carga. Tengo el siguiente capítulo a medias (manda huevos, que no son ni de una página XD) desde hace meses. Pero ahora mismo soy incapaz de escribir tal como está el veranito, que en casa ni puedo leer tampoco por culpa de los vecinos y el ruido. También tenía que releerlo todo y corregirlo con los consejos de Esther y aún no lo he hecho ???.
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#9 Bukovy

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Posteado 20 August 2010 - 01:21 PM

El libro de La Carretera me interesa mucho, pero por el precio al que está y lo pequeño que es no lo compro ni loco. Vi la película, la cual no sé si será muy fiel, pero me sorprendió gratamente. Y eso es raro en una adaptación, así que el libro debe de estar mucho mejor.

Lo de Tom Sawyer me puede servir, ahora que lo dices, para valerme un poco de él para construir a Jack. Quizás un poco de su personalidad le vendría bien.


El libro de La Carretera está muy logrado, por su atmósfera y lo bien que te transmite el sufrimiento de sus personajes. La película es bastante fiable, pero ya sabes, el libro tiene muchos más detalles que el film pasa por alto.

Respecto a Sawyer. Es un mito de la literatura, como Ulises o Sherlock. Vamos, que sería un buen espejo donde reflejar al Jack niño; pues Tom vive momento difíciles en la pobreza y tira para adelante con todas las artimañana que están a su alcance.

¡Por la noche no hay diferencia entre verano e invierno!

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#10 Donpipollas

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Posteado 21 August 2010 - 07:42 AM

¡Por la noche no hay diferencia entre verano e invierno!


En mi barrio, con el ruido que hay, te aseguro que sí que hay diferencia XD.

Y a lo que iba: tengo pendientes más capítulos tuyos y de La Pirámide, pero no sé cuándo podré leerlos. Me cambio hoy de casita por un mes o dos, para estar más tranquilo, y no sé si podré poner instalación de internet allí, por lo cual puede que desaparezca completamente un tiempo.

¡Ánimo con vuestros relatos!
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#11 Donpipollas

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Posteado 14 October 2010 - 10:57 PM

09 – POR EL MAL CAMINO


La venta de nuke proporcionó tanto dinero que en unos meses Jack y Murray pensaron en dejar de trabajar para Vic.

—Dentro de poco —dijo Murray contando el dinero de la última venta— podremos pagarnos la cuota de entrada a los Corredores.
—Aun así nos faltan las motos —suspiró Jack.
—Tranquilo, ya he pensado en eso. —Murray sonrió, con esa sonrisa tan propia de él cuando urdía planes o hablaba con sorna.
—No vamos a robar nada —le advirtió Jack.
—Pasas demasiado tiempo con el jefe… —protestó Murray—. ¿Cuánto crees que cuesta una Harley decente?
—Ochocientos dens —respondió Jack sin dudar—. Me he visto ya todos los modelos.
—Pues ahorra unos cuantos años más, pero yo voy a conseguirme una hoy mismo.
—¿Y cómo lo piensas hacer?
—Esta noche hay carreras de Corredores en el Coliseo.
—¿Hablas en serio? —inquirió, mudo del asombro, Jack—. ¿Quieres robarle la moto a un Corredor para entrar a formar parte de los Corredores?
—Eso mismo.
—¿No te has parado a pensar que, si lo consigues, su dueño la reconocerá cuando te hicieses ver en el cuartel?
—Jack, para este tipo de problemas existen los talleres —le explicó Murray—. Una mano de pintura, matrícula nueva y listo.
—Estás tarado…
—¿Vendrás conmigo?
—Sí, pero no pienso colaborar.
—Ya… —Murray sonrió.

En el muro que rodeaba Metrópolis había un agujero, un boquete de medio metro de altura que usaban los pandilleros para salir. Los guardias de la ciudad eran conocedores de ello, pero como de todas formas no iban a poder sacarles más que unos irrisorios cobres a los niños, hacían oídos sordos a las quejas de los vecinos que protestaban indignados por la cantidad de botellas de cerveza y basura que se acumulaba en la calle del agujero.
Jack y Murray se colaron por allí al anochecer. Tuvieron incluso que hacer cola, dada la multitud que se congregaba en el boquete para acudir a la fiesta del Coliseo sin tener que pagar a los corruptos de la puerta. Murray llevaba una mochila colgada a la espalda.
En las afueras del Coliseo ya competían los moteros. Una serpiente de antorchas de fuego rodeaba el anfiteatro y se perdía tras unas colinas más al este para regresar. Una colosal mandíbula de behemot y unos brazos extendidos hacían las veces de cartel de salida. En torno al circuito se reunían cientos de moteros y espectadores, que animaban a sus favoritos con ahínco.

—Por lo visto quieren levantar una pista de carreras cerca del Vertedero, pero el alcalde Anzar rehúsa alegando que algo tan grande entorpece su Plan de Reubicación para Mejoría de Calidad del Ciudadano con Bajo Poder Adquisitivo —explicó Murray, pero entonces se dio cuenta de que no sabía qué puñetas había dicho y añadió—: O algo así.

El Vertedero, como su propio nombre indicaba, era el depósito de basura de Metrópolis. Desde las carreteras colgantes de la ciudad se arrojaban todos los desperdicios y se habían formado verdaderas montañas de mierda. Era aquel un lugar peligroso y habitado por todo tipo de maleantes. Un lugar sin ley.

—Sígueme.

Se dirigieron al interior del Coliseo. Bajo las arcadas de piedra que circundaban la plaza se hallaban aparcados todos los vehículos de los asistentes. Un solo vigilante daba vueltas silbando y jugueteando con una ristra de nuke.

—Pan comido —dijo Murray.

Dieron un paseo, viendo los modelos como si fuera un catálogo y siempre procurando que el guardia no los viera. Entonces, Murray encontró una de su agrado, sacó unas gruesas cizallas de su bolsa, cortó la cadena que amarraba las ruedas de la moto y se puso a manipular los cables. El diablillo pateó el trasero del angelillo que hasta entonces se había posado en el hombro de Jack.

—¿A que ya no piensas en Vic? Ya lo decía yo, que no ibas a poder resistirte al ver una de estas bellezas… —Murray escupió y sonrió jocosamente—. Te estás yendo por el mal camino. ¡Ay, ay!

Jack no pudo sino permanecer en silencio y maldecirse a sí mismo. Su amigo terminó y comprobó que la moto, una Shovelhead con las horquillas delanteras muy largas, arrancaba. Dio un brinco de júbilo y se paseó con ella mientras Jack mandaba a tomar por culo sus principios y buscaba con avidez una para él.
Una Fathead; otra Shovelhead; una Vespino que le produjo arcadas; una moto muy grande, demasiado para su gusto; y finalmente una de la que se enamoró al instante: una Evo negra y reluciente, con bolsas a los lados.
Murray regresó y aparcó a una prudente distancia de su ubicación original, no fuera a ser que el dueño volviera.

—Bien, ¿te gusta esa? —le dijo a Jack—. No está mal, no. Vamos a ver esos cables.

Dos horas después cruzaban con sus nuevas adquisiciones el gran portón de Metrópolis, camuflados entre la multitud de moteros. Media hora después bebían en un callejón y celebraban su éxito.

—¡Caca! —masculló, de pronto, Murray.
—¿Qué? —preguntó Jack.
—Que me cago encima.

Murray fue zigzagueando hacia un rincón, se bajó los pantalones y se puso de cuclillas. Entonces se oyeron unos pasos. Un motero de dos metros de altura y la mitad de anchura apareció tambaleándose por la calle principal, giró la cabeza y observó a los chicos del callejón, luego a la moto, y profirió un bramido tan monstruoso que la mierda salió del culo de Murray como un aspersor.

—¡Cabrones! —aulló el motero—. ¡Vusotros sus habéis robao mi pepino!
—¡Corre, Jack! — le apremió Murray a su amigo.
—¡Te voy a dejar el culo como un bebedero de patos! —El motero se desabrochó la cremallera de los pantalones y se le echó encima a Murray con el miembro colgando. Ambos cayeron al suelo y forcejearon, el chico a poco de quedar aplastado bajo el enorme corpachón del motero, quien trataba de inmovilizarlo.
—¡Ah!
—¡Te la voy a meter hasta el fondo!
—¡Quita!

Jack le propinó una patada al motero en el rostro y liberó a Murray. Mientras el hombretón, que parecía una tortuga boca arriba, hacía esfuerzos por levantarse, los dos jóvenes se subieron a las motos y desaparecieron tras una espesa cortina de humo.
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#12 Donpipollas

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Posteado 14 October 2010 - 11:00 PM

Bueno, tras meses desconectado completamente voy retomando Deus Ex Nuke. Dentro de poco me pondré en serio de nuevo, y he considerado colgar este capítulo que tenía en el blog como aperitivo XD.

Abuelo, he recopilado tu relato entero y lo he pasado a mi super chachi mega guay ebook para leérmelo entero. En cuanto acabe con El Enigma de la Cacatúa, una novela de otro autor novel (que tardaré un poquito), me pondré con Noctalia y el tuyo, ¡y os pienso pillar todos los gazapos y faltas! ¡Así que ya sabéis, haced lo mismo conmigo! XD.

Editado por Donpipollas, 14 October 2010 - 11:01 PM.

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#13 El Abuelo

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Posteado 14 October 2010 - 11:17 PM

Sí, sí... tú busca, busca... a ver si encuentras algo... :alabanza:. Es broma, es broma. Espero que no encuentres muchos en el mío, que ya hace rato que publiqué los capis y me daría mucha pereza ponerme a corregir más fallos ;D.
Me ha gustado el final de este capítulo ??? (mira que si el motero llega a lograr su "ojetivo"... ¡pobrecito Murray! ???). A propósito:

(...)una Vespino que le produjo arcadas(...)

¿Alguna mala experiencia personal con una vespino? ;D.
Bueno, hasta el próximo capítulo. Nos leemos.

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#14 Bukovy

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Posteado 15 October 2010 - 12:02 AM

Bueno, tras meses desconectado completamente voy retomando Deus Ex Nuke. Dentro de poco me pondré en serio de nuevo, y he considerado colgar este capítulo que tenía en el blog como aperitivo XD.

Abuelo, he recopilado tu relato entero y lo he pasado a mi super chachi mega guay ebook para leérmelo entero. En cuanto acabe con El Enigma de la Cacatúa, una novela de otro autor novel (que tardaré un poquito), me pondré con Noctalia y el tuyo, ¡y os pienso pillar todos los gazapos y faltas! ¡Así que ya sabéis, haced lo mismo conmigo! XD.


Algunos estamos ya desmenuzándote ???

Estoy leyendo DEN otra vez y en unos días te diré fallos y esas cositas. De momento voy por el capítulo veinte y he encontrado poca cosa, se nota que hay mucho trabajo detrás y que lo has pulido mucho y bien.

:alabanza:

Editado por Bukovy, 15 October 2010 - 01:50 AM.

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#15 Donpipollas

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Posteado 15 October 2010 - 08:21 AM

Abuelo, mi nuevo juguetito va de perlas para corregir. Puedes leer tranquilamente sin necesidad de imprimir en papel, sin joderte los ojos con la pantalla o la espalda con la silla. Lees, subrayas con el lápiz táctil, y ¡hala!, hecho^^.

Lo del motero, aunque parezca increíble, es casi un hecho real. Cuando era más pequeño, yo y unos amigos de mi pueblo de Córdoba nos dedicábamos a hacer calvos en la carretera por la noche. Un camionero fregó de golpe y corrió detrás nuestra con la minga fuera, intentando enganchar a uno XD. EL MUNDO ESTÁ LOCO.

Lo de la Vespino... ¡es que es muy fea! Mi madre tenía una y la odiaba XD. Por cierto, estos nombres ¿mejor en mayúscula o en minúscula? Supongo que en mayúscula, pero tantos seguidos me parece feo.

Cualquier fallo que me digáis me vendrá de perlas. E incluso mejor sugerencias, o si veis que un capítulo podría reescribirse ENTERO y de forma radical, lo aceptaría todavía con más alegría, ya que los capítulos son muy, muy cortos, deben tener el gancho suficiente hasta en la última frase. Por ejemplo, el capítulo 1 del relato principal, está claro que ha de reescribirse por completo, o poner un prólogo con gancho.
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