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RELATO DEL IV CONCURSO: El lobo en el espejo (Fuera de Concurso)


16 respuestas al tema

#1 Rhaenys

Rhaenys

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Posteado 15 April 2008 - 10:46 PM

EL LOBO EN EL ESPEJO, por Lobo Estepario


Mi padre me impuso el nombre de Francisco, como el santo. Cuentan que un día San Francisco predicó a los animalillos del bosque. Cualquiera con algo de sensatez puede culminar, a partir de estos hechos, y que Dios me perdone, que San Francisco era un imbécil. Sin embargo, los cronistas fieles lo narran de otra manera: aquel día memorable el santo no predicó a las ardillas ni a los gorriones, sino a los cuervos, los buitres y otras bestias de carroña. Que cada cual extraiga de ello sus propias conclusiones. Pero, decía que mi nombre era Francisco. Soy también monje (franciscano), y en el ora et labora consumo los días que me quedan. Antes fui cazador, primer montero de Luis XV (que Dios guarde) y, según cuentan, el mejor que nunca dio el reino. Pero he dejado de atender a alabanzas de cuervos, buitres y otras bestias de carroña. Ya compartí su desenfreno y su ansia, ya gané suficientes trofeos para ellos: que ahora guarden polvo en mansiones oscuras, donde no entra la Luz ni la Palabra. Yo tengo pecados que purgar, y me falta el tiempo.


¡La Bestia ha vuelto a matar! gritan, y los padres temerosos de Dios encierran a sus hijos bajo siete llaves. Pero el pasto crece sin que sirva de alimento al ganado, que muge de hambre y no da leche ni carne. Alguien decide al fin que una muerte no puede detener los giros del mundo, y sale al campo a pastorear o, si es cobarde, envía a otro que haga por él la tarea. Y entonces, el grito se repite: ¡La Bestia ha vuelto a matar!... una doncella destripada que yace blanca entre las flores, el cadáver de un mozo con la cara tan comida que no lo reconoce ni su propio padre, quizá una albarca tirada en el prado, calzada aún por un pié al que le falta el resto del cuerpo. Qué más da. El cura, encaramado en el púlpito como un cuervo, alza las manos al cielo y, ante el silencio del Altísimo, grita que bien merecido lo tenéis, pecadores, que la bestia es un castigo que os manda el Cielo porque no rezáis cada día como está mandado, porque fornicáis con la mujer del vecino y porque blasfemáis en la taberna. Entonces, se obra el milagro entre las gentes, y todos se vuelven sinceros, y se arrepienten, y salen de la iglesia cabizbajos, pero contentos, porque al fin han encontrado una razón que explique su desgracia.

Pero hay un pensamiento que revolotea en torno a sus cabezas, difícil de aventar, molesto como una mosca tenaz:
"mejor el otro que yo". Y no pueden dejar de pensar con alivio que, si muere alguien más por la cólera del Señor, será la hija de Fulano, bien conocido en la comarca por sus muchos pecados. Buscan chivos para la expiación y hacen acopio de miserables razones para creer que no serán los próximos en morir. Necios.


La noticia ya corre por toda Francia: me han contado acerca de un extraño animal o demonio que asola una olvidada región de Auvernia. "La Bestia", como han dado en llamarla, tiene ya en su haber más de ciento treinta asesinatos en menos de tres años, sin que las muchas batidas que se han organizado para cazarla hayan dado resultado. Sin duda es el propio Demonio quien hoya esas tierras, o quizá sea un castigo de Dios, aunque no entiendo que Su mano firme caiga sobre esta pobre región de vaqueros y campesinos, siendo París la verdadera urbe del vicio. Tanto da: mi señor el Rey no tolera que nadie ni nada escape a su jurisdicción, puesto que Él es Ley y Estado, y representante de la voluntad de Dios en la tierra, al menos en la de Francia. Y está decidido que la tal bestia ha superado, en número y forma, las muertes que le están permitidas cometer a un animal cualquiera, tal y como fue creado por Dios nuestro señor. Así pues, los propios dragones del rey encabezaron la última expedición, y aunque contaron que la Bestia recibió no menos de cuatro arcabuzazos antes de escapar, volvieron a París en fracaso y cubiertos de vergüenza.

Derrotadas las mejores tropas del reino, el obispo de Lyon nombró a la Bestia castigo divino, y alguna cabeza pensante de la corte (animada sin duda por los muchos fracasos y la cólera del Rey) concluyó que la solución a este problema está más allá de los métodos al uso. ¿Qué mejor que un hombre de Dios, cazador experimentado por añadidura, para enfrentar la obra del demonio? Alguien se acordó de este pobre monje, y aunque quise decirles que el hábito no hace piadoso al hombre, la cédula real que tengo ahora en las manos no admite más que la obediencia. Me ha sido encargada pues la caza de la Bestia, y mañana partiré a Gevaudan como monje de la orden de San Francisco, y de nuevo (tras tantos años) como primer montero y heraldo de la voluntad real. Pasaré la noche en oración, a la espera de que Dios me dé fuerzas para afrontar esta tarea ingente, y no deje que la soberbia me incite a pensar que saldré victorioso.


¿Cuántas expediciones de caza han fracasado desde que la Bestia habita entre nosotros? ¿Acaso cinco? ¿Siete? Ciertos aldeanos dicen haber visto de lejos a la Bestia en alguna de sus matanzas. Algunos dicen que es grande, más que un oso, otros que no, que como el lobo; los hay que juran que anda a dos patas, los demás, que corre veloz sobre cuatro; unos dicen que es pelona, otros que muy peluda, de color rojo, o negro, o pardo, según quien lo cuente. Que es un lobo, un oso, un simio, un tigre, o todos a la vez, una quimera espantosa, indescriptible. Todos dicen cosas distintas, y todos quieren tener razón aun en un asunto tan tétrico. Pero hay algo en lo que todos están de acuerdo: la Bestia es una bestia, y nada más que eso. No serán capaces de imaginar, ni por un momento, la posibilidad de que la Bestia sea
uno de ellos, que haya vivido a su lado, reído de los mismos chistes, compartido la misma jarra de vino frente a la lumbre. Nunca juzgarán que esto sea posible, porque tienen miedo de verse reflejados en aquello que aborrecen. Así, la Bestia debe ser algo tan ajeno al Hombre como las estrellas distantes o los peces de las profundidades, a los que nadie ha visto. No debe ser en nada similar al ser humano, para que, al presenciar una de sus horribles carnicerías, las buenas gentes puedan decir bien alto "nosotros nunca haríamos algo así".


Cuando entré en el pueblo de Gévaudan, y para mi vergüenza, fue como si en domingo de ramos Cristo entrara de nuevo en Jerusalén, tan desbocada era la esperanza de aquellas gentes, tanto su festejo al ver al que creían su salvador. Gentes mezquinas, pensé, que adoráis a la espada y olvidáis al guerrero que la maneja. Al cabo, fui conducido hasta un pequeño palacio donde me esperaban los nobles provincianos, que embutidos en sus mejores galas, ensayaban con gesto grave sus más elaboradas reverencias. Creo que se sorprendieron al ver que el montero del rey llegaba con apenas escolta y vestido con las humildes ropas de un cazador cualquiera (me permití colgar el hábito a favor de un atuendo más propicio a la montería). Aquellos nobles de provincias dieron mil y una gracias al Cielo, e hicieron interminables votos de perpetua salud y larga vida a nuestro señor el Rey. Pasamos a las explicaciones, y daban paseos de un lado a otro de la sala, inflados como pavos y abriendo y cerrando los brazos; tal parecían cómicos de baja categoría. Aquellos soberbios consideraban mi presencia como una atención directa del Rey hacia sus personas, y quizá alguno llegó a creer que tal acontecimiento justificaba en algo tantas muertes y asesinatos, que algo bueno había de salir de todo este asunto de la Bestia. Después de escuchar todo tipo de explicaciones absurdas acerca de las costumbres y apariencia de la Bestia, decidí retirarme a descansar. Para consternación de los hidalgos, rechacé el lecho de pluma que con grandes gestos me ofrecían, y me hospedé en un convento cercano.


Nace, llora, aprende, escucha consejos, no los sigas, yerra, pelea, triunfa, ama (o finge que amas), trabaja, sufre, duda, hazte viejo. Y si aún te resta tiempo, empléalo en meditar sobre aquello que no pudiste hacer y que ahora ya no importa. Luego muérete y procura hacerlo sin gloria, pero tampoco con pena. No permanezcas demasiado presente en la memoria de tus hijos, no sea que acaben aprendiendo de tus errores. Vive una vida sin vida, gris en el polvo gris que hay entre el cielo y el infierno. Luego, desaparece. Esto es lo que me dijeron al nacer, y bien sé que sólo los santos y los demonios perviven en los libros de historia. El santo se abandona a la contemplación extática de su Idea, como si presenciara obnubilado una danza sin fin. En ese momento, cuando al fin trasciende las leyes de los hombres, se hace libre y fuerte, olvida la incertidumbre, olvida que una vez fue humano.

Ya ha llegado al pueblo el cazador del rey, y según se dice, trae fama de santidad. Veremos si es cierto. Parece que la Bestia ya es famosa, y los mediocres que se tocan con corona han enviado a un santo para combatir al demonio. La hora está próxima.


En los conventos los catres son fríos y duros. Lo prefiero a un lecho de plumas, pues el dolor de huesos me ayuda a recordar que mi alma existe como algo ajeno a mi cuerpo, pobre envoltura caduca a la que un día ha de cubrir la tierra. Pienso en el cadáver que me mostraron esta mañana: era una niña, y la Bestia le había comido medio cuerpo; un único ojo me miraba desde su cara destrozada. Quiero borrar esa mirada de mis recuerdos, esa mirada azul (limpia entre toda aquella sangre) por la que aún me estremezco de asco y compasión. Por el ventanuco sin vidrios entra una brisa helada que acaricia mi cuerpo desnudo mientras me arrodillo a rezar en el suelo de piedra. Padre nuestro, que estás en los cielos, perdona nuestros pecados y no permitas que el demonio siga azotando estas tierras, pongo mi vida en tus manos, yo soy tu espada fiel, haz de mi tu instrumento. Y mientras pongo mi alma en comunión con Dios, mientras intento encontrarle a Él en esta cacería interminable en la que he empleado toda mi vida, siento como, poco a poco, la paz de Jesús entra por todos mis poros. Y, por un momento, vislumbro un destello, un aroma, un aliento, una sombra de aquello que busco con tanto afán y por lo cual dejé de ser yo para ser monje. Luego, desaparece tan levemente como vino. Y entonces sé que mañana iré en busca de la Bestia, solo, pues es la mano del Señor la que me guía y cubre de todo mal. Soy un hombre dichoso, porque me ha sido dado ver la sombra de Dios, y ya no necesito más, ya nada importa, ya nada espero, ya no creo en la muerte, ya soy libre. El cadáver de la niña me mira desde la ventana, su boca destrozada sonríe, sus labios susurran venganza.


El santo es libre a su manera, pero también hay quien mata para encontrar la liberación. La sangre que corre, los chillidos, los ojos fuera de órbita, los huesos tronzados, la crueldad con que la Bestia escarba en el cuerpo aún palpitante de su víctima. Es como una elevación inversa a la del santo, el caer en el lodo de los antros más bajos, la oscuridad y el barro donde los reptiles se arrastran en silencio, donde ya nada importa sino la furia desbocada y el miedo que todo lo llena, donde es posible escapar al sufrimiento de la incertidumbre porque el destino está ya escrito por nuestros propios actos, donde podemos rendirnos al dulce abandono de continuar sin tregua con actos horrendos que ya no tienen remedio ni perdón, donde no existe la necesidad de penitencia porque no hay esperanza de redimirse. En este estado, la Bestia se abandona a sus pasiones asesinas porque ya no se reprime, no añora, no espera, igual que un dios o igual que un santo que ignora las leyes de los hombres. Y así, se erige rey en su mundo de dolor y muerte. Y como rey, no responde ante nadie, como rey es, por fin, libre.


Aún no ha amanecido, y ya me encamino en pos de la Bestia. Se me ha revelado a través de un sueño el lugar en que se encuentra mi enemigo; también, que debo ir solo: ni un millar de guerreros podrían protegerme si Dios no está a mi lado. Visto mis ropas pardas, compruebo que el mosquete está a punto, y salgo del convento mientras todos duermen. Camino durante unas dos horas, hasta que veo en la distancia una figura enhiesta en lo alto de una loma verde, y entonces se que es la Bestia, que me espera. Es peluda, de color pardo, y tiene grandes garras, viva imagen del Demonio. Me arrodillo y digo en silencio una oración. Veo entonces que la Bestia echa a correr y viene a mí entre grandes aullidos.


En realidad, yo soy así porque soy un cobarde. No pude soportar el sufrimiento y la incertidumbre que hay en ser mediocre; corté los lazos que me ataban a mi vida anterior, y caí en el abismo. Desde entonces mi vida ha sido destrucción y muerte, una matanza interminable. Muchas voces se alzarán, y dirán que estoy loco, que no soy un ser humano y, según el rasero por el que los hombres se miden entre ellos, esto será verdad. ¡Ah! Pero hay uno que está más loco que yo, ya le veo, allá a lo lejos, cruzando los prados en la luz de la mañana. Viene solo, como corresponde a un tarado que no conoce el miedo o a un ángel de salvación o de venganza. Ven, hermano, ven, hace tiempo que te espero. Yo soy la culminación de tu búsqueda, yo soy quien da sentido a tu existencia… igual que yo no puedo ser sin ti, pues ¿qué sería del santo sin el demonio, qué del sol sin la tormenta, qué del odio si no hubiera amor con que hacerle frente? Ven, verdugo mío, ven, llévame de la mano hacia la historia y la perduración.


No tengo que mirar atrás para saber que Jesús está a mi lado: siento como Su mano se posa sobre mi hombro. Colmado de una paz beatífica, cebo el arma, apunto con cuidado y disparo. La Bestia cae rugiendo y rueda ladera abajo, levantando una nube de polvo.
Ya está cerca, ya me ha visto, ya su rodilla toca la tierra, ya encara el fusil. Eleva una oración a los cielos, como hacen los santos antes de matar, y apunta con la calma de quien no tiene miedo y se sabe elegido de Dios. Corro hacia él mientras grito como el animal que soy. Un estampido lejano, una nube de humo, y ya siento como la bala me abre el pecho y toca el corazón como un dedo ardiente. Luego, sobreviene la oscuridad y el círculo se cierra.


Me acerco al cuerpo derrumbado, y me asombro por su pequeño tamaño. Entonces veo sus largas barbas, el rostro sucio más allá de toda medida, las pieles con que cubre el cuerpo flaco, los ojos salvajes que me miran sin ver. La sangrienta y terrible Bestia del Gévaudan era un hombre, nada más que un hombre. Una tristeza profunda y cansada que no sé explicar cubre mi alma como si fuera un manto.


EPÍLOGO

Poco después se presentó en París el cadáver de la bestia. Sin duda el disecador tenía talento: sé bien que obró juntando huesos y pellejos de varios lobos grandes, pero el resultado parecía real: un lobo gigantesco, las fauces abiertas y ojos llameantes. Se me devolvió con rapidez a mi abadía, no sin antes obligarme a jurar silencio. Nunca supe qué había sido de la verdadera Bestia, quien fue, ni por qué lo hizo. Aquí acabaré mis días, recluso de la indiferencia y la melancolía, pensando en el santo y sus bestias carroñeras.


FIN


Basado en el mito de la Bestia de Gévaudan


Editado por Rhaenys, 17 April 2008 - 07:51 PM.


#2 Darsha

Darsha

    Antediluvian

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Posteado 15 April 2008 - 10:59 PM

Bien, maldito hijo de Belcebú, espero que estés contento, gente como tú es la que hace que gente como… que otra gente, no publique nada. Si eso que has hecho ahora no es escribir, perdón, ESCRIBIR, no sé entonces qué demonios es. Espero que para que el cosmos no esté en desequilibrio, físicamente seas un pigmeo aberrante, más feo que la duquesa de Alba recién levantada, que si no, a ver que nos dejas a los demás. Bueno, tras la fase perreta, empiezo con la valoración.

No está mal, maldi… digo, quitando que estás peleado con los monosílabos, razón por la que te niegas a acentuarlos cuando es menester, y que la tonalidad de letras rojas, cuando te refieres a la voz de la bestia, es bastante cantosa (de hecho, me imagino abriendo un ejemplar en una librería, y cerrándolo al punto por encontrarme un texto de un rojo satánico), no tengo mucho que criticarte. Bueno, por un lado, que para distinguir entre dos voces en un relato, es para lo que Dios inventó la cursiva. Por otro, no me gusta nada encontrarme con unos paréntesis dentro de un escrito, y tú llegas a abusar de ello. Siempre me ha dado la impresión que si los usan, se debe a que el escritor no ha sabido explicar algo, y lo ha cosido como ha podido con esos paréntesis, que es un pegote, vamos. En lo formal, nada más que decir.

Entramos en el relato. Es genial, ya me había gustado cuando lo vi en tu blog hace ya varios meses, y veo que ahora lo has mejorado, lo has afilado más, y has incluido un epílogo. Aunque no sé si era necesario esto último, supongo que lo has hecho para reforzar la idea de que una de las motivaciones de la Bestia, ser recordado, sólo se cumple a medias; el miedo por los asesinatos se mantiene, no así el nombre del asesino. Los fragmentos en los que nos presentas a una bestia, racional y asesina sin propósito evidente, son extraordinarios. El duelo entre monstruo y monje, cazador y presa, está muy bien planteado, magníficamente descrito. Echo en falta una mayor presencia de Francisco, una mayor descripción de su personalidad; lo encuentro demasiado frío, casi como un autómata, aunque puede que la austeridad de la orden a la que pertenece es lo que limita su juicio. Has querido que lo veamos así, de cualquier forma, no es fruto de un despiste. El otro protagonista, el asesino despiadado, está mejor representado, y es perfecto que no profundices más en él, que dejes un aura de misterio sobre sus motivaciones, orígenes. ¿Es una bestia sin conciencia o matar es su forma de criticar-transformar a la sociedad que desprecia? En realidad, mata para cumplir con lo que le han educado a creer. La visión que nos dejas es la de dos seres similares, que desprecian a sus conciudadanos de la misma manera, sólo que cada uno busca refugio a su modo, en un claustro, uno, en el bosque, otro. Me gusta el tono que has empleado, como aceleras el ritmo al final, acortando los párrafos, precipitando el encuentro mortal. Es de lo mejorcito que he leído últimamente.

En cuanto al estilo, qué te puedo decir… que voy a tomar nota en mi cuaderno de cómo lo has hecho, y buscaré algún refugio para aprender de todo esto. Uno de los grandes misterios de DLan es que no hayas ganado ninguno de los concursos de relatos hasta la fecha… Gracias por dejar que te leamos.
Emerson dijo que una biblioteca es un gabinete mágico. En ese gabinete están encantados los mejores espíritus de la humanidad, pero esperan nuestra palabra para salir de su mudez. (J.L. Borges)

El cuento es la literatura del nómada. (J. Cheever)

#3 Rhaenys

Rhaenys

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Posteado 15 April 2008 - 11:06 PM

El primer párrafo de este relato ya me había ganado por completo antes de seguir adelante, pero el resto no le hace sombra. Espléndido y sobrecogedor, de narración impecable, con expresiones que nos transportan al siglo XVIII y con dos personajes, opuestos y que nos acaban pareciendo complementarios, el primero conocido desde un principio, el segundo descubriéndose turbadoramente a medida que avanza el relato. La leyenda original es objeto de elucubraciones varias, pero la posibilidad más escalofriante es sin duda la que se explora aquí, que un ser humano fuera al menos en parte responsable de aquellos crímenes sangrientos. No parece probable que de todos, pero sí de al menos un cierto número. El texto se lee en un suspiro, con avidez, y poco se me ocurre que decir en su defecto, maese Lobo. Me encanta cómo engarzas a San Francisco y sus bestias carroñeras con el argumento del hombre-bestia, y cómo se cierra el círculo con la última frase.

#4 Apostle

Apostle

    Journeyer to Venusberg

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Posteado 16 April 2008 - 06:36 PM

Se pueden comentar numerosos aspectos de este relato, tanto a nivel técnico como temático, y en la mayoría de los casos (por no decir que en todos) las apreciaciones serían elogiosas. La narración es fluida, cuidada y contundente. La historia está bien construida, captando hábilmente la atención del lector desde el primer momento. Creo que junto al relato "Una Confesión", "El lobo en el espejo" es de lo mejor que has parido. Ambos relatos tienen algo en común que les confiere un sabor especial, y creo que este ingrediente mágico está en el estilo.

Varios autores te vienen a la cabeza a la hora de leerlo, el primero y fundamental (y corrígeme si me equivoco) es Cela, por la crudeza y la intensidad de la prosa. Después te puede evocar a algún otro como Ramón J.Sender o Miguel Delibes, al primero por el carácter de crónica trepidante que tiene el relato (y que me conduce inevitablemente al Lope de Aguirre) y al segundo por lo castizo y preciso del lenguaje. Has sabido captar en buena parte el estilo que tiene la narrativa de posguerra, el describir los aspectos de la naturaleza humana con elegancia cruda.

Creo que no es lo mismo escribir en castellano que escribir "castellano". Nuestra lengua tiene una riqueza única de la que autores como los antes citados se sirvieron de forma genial, riqueza que hoy en día el imperante mercado anglosajón ha relegado a un rincón olvidado. Actualmente es raro leer algo en "castellano" porque la gente lee y luego escribe en "inglés traducido", usando el tono y los recursos propios de este. Creo que tu relato recupera de algún modo ese brillo, el sello original del lenguaje, logrando que la lectura no solo se disfrute sino que además se identifique.

Nada más hijo, mi enhorabuena y... ¡a seguir escribiendo!

Un detalle gracioso:

http://img232.images...eprotegeoo7.png
<img src="http://i38.tinypic.c...com/ofsttv.jpg" border="0" class="linked-sig-image" />

<!--sizeo:1--><span style="font-size:8pt;line-height:100%"><!--/sizeo--><!--fonto:Arial--><span style="font-family:Arial"><!--/fonto--><!--coloro:#C0C0C0--><span style="color:#C0C0C0"><!--/coloro-->¿De donde procede lo apagado de vuestros ojos? ¿Como ha hecho vuestro siglo para entumeceros de este modo? Sois la suma de todos vuestros yos previos y sin embargo parecéis indiferentes a vosotros mismos. Sois una cultura que ha nacido sin intereses, ni siquiera por sus propias heridas abismales.<!--colorc--></span><!--/colorc--><!--fontc--></span><!--/fontc--><!--sizec--></span><!--/sizec-->

<!--fonto:Arial--><span style="font-family:Arial"><!--/fonto--><!--coloro:#808080--><span style="color:#808080"><!--/coloro--><!--sizeo:1--><span style="font-size:8pt;line-height:100%"><!--/sizeo-->William Withey Gull en <i>From Hell </i>de Alan Moore y Eddie Campbell<!--sizec--></span><!--/sizec--><!--colorc--></span><!--/colorc--><!--fontc--></span><!--/fontc-->

#5 Lobo Estepario

Lobo Estepario

    Ancillae

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Posteado 16 April 2008 - 10:57 PM

Verdadero de principio a fin lo que habeis dicho (lo malo, quiero decir). Sobre la personalidad del monje, bien dicho, Darsha. Pretendía presentarlo quizá como un cabeza cuadrada de convicciones férreas (fundamentalista sería la palabra), que sufre una fuerte derrota ideológica al comprobar que el autor de semejantes barbaridades no es un demonio ni producto de un castigo divino, sino un simple fulano. Es cierto: no me ha quedado demasiado bien, pero este es uno de esos relatos que estoy rehaciendo eternamente. Es por esto lo de San Francisco y los cuervos: el monje comienza conociendo la verdadera historia de San Francisco, pero no la entiende hasta el final, cuando se enfrenta a la verdadera realidad (posible) de la naturaleza humana. La interpretación de por qué San F. predicó a las aves de carroña la dejo al lector ???.

Sobre la relación con el verdadero mito, pues qué sé yo. Todos los mitos parecidos (vampiros, sacamantecas, hombres lobo, etc) surgieron de la conducta extremadamente violenta de algunos trastornos psicológicos. Como yo soy psicólogo, pues ya la hemos liado: la Bestia no podía ser sino un hombre. Y no os creais que no es posible, ha habido casos incluso peores a lo largo de la historia.

En fin, me hace muy feliz que os haya gustado, y os agradezco con toda el alma vuestros comentarios, aunque los elogios me suban un tanto los colores, ya que no los creo merecidos. Apos, por dios no me compares con Cela, y menos con Sender, ¡dónde vamos a parar! ??? (ya te invitaré a unas cervezas)

saludos!
"La estupidez es una enfermedad extraordinaria, no es el enfermo el que sufre por ella, sino los demás."

Voltaire

#6 tarshiss

tarshiss

    Neonato

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Posteado 17 April 2008 - 10:12 AM

felicidades por tu relato lobo, es fantastico !
me lo he leido en un pis pas!
"La belleza nace del corazón, y se derrama por los dedos del ceramista".

#7 REY_CARMESI

REY_CARMESI

    Rex Coronati

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Posteado 17 April 2008 - 12:29 PM

Excelente relato.

¿Palos? No diria yo tal. Solo una reflexion. El relato no lo calificaria a nivel personal como de sobresaliente de honor por una sencilla razon (personal) Hacia el tercer o cuarto parrafo "vi" el final. A veces ha pasado y, mas tarde, el autor me ha ofrecido algo que yo no esperaba, me ha dejado la sonrisa tonta colgada y mi sistema limbico con mas luces que un arbol de Navidad. Aqui no ha pasado. Ha ocurrido justo lo que esperaba.
¿Culpa del autor? ¿Justificado decir que en el relato existe un minusculo deficit de imaginacion o, mas bien, un pequeño desequilibrio entre su calidad a nivel tecnico y los aspectos ligados a la originalidad? Tal vez.
¿Culpa del lector? ¿de alguien "obsesionado con la complejidad"? Tal vez.

Mas cosas. Flagelas a los concursantes por la presentacion fisica del relato y tu nos metes por los ojos la enseña del Atletico de Madrid. Uffff. Si, es verdad, con cursiva mejor.
Lo del personaje me parece bien visto por Darsha, pero no me resulta molesto el detalle, es algo leve. (Ojo con Darsha que es un submarinista del alma de los personajes.)

La puntuacion es soberbia. Yo cambiaria alguna coma, pero a los niveles en que tu te mueves... no se, la puntuacion para segun que sutilezas no creo que sea una ciencia exacta. Esta ligada a la prosodia, al ritmo, a la forma en que cada cual percibe la belleza, al "oido".

Si me rechino (algo de no se que de braguero dices tu) la palabra "Fulano". Estaba absorto en la lectura, metido en el relato, hipnotizado por tu prosa cuando esa palabra rompio el hechizo. Me parece un coloquialismo tan made in spain que... me parece que afea algo esa frase. Pero no se, sera cosa mia, nadie mas lo ha comentado.


¿Que me gusta del relato? Pues todo, pero sobre todo como con cuatro trazos nos metes por los ojos vividamente una epoca fascinante, un mundo que intenta abrirse a nuevos horizontes pero al que un poderoso vestigio de oscuridad (el medievo) aun tira para atras. He visto sobriedad, con elementos tanto de las mas bronca y dura de Cela, como, en menor medida, de la mas taciturna de Delibes. Pero tambien he visto aspectos de Umberto Eco, del (no se por que) "El miserere" de Gustavo Adolfo, me has traido a la mente los paisajes de "El pacto de los lobos" (y no me estoy refiriendo a las curvas de la Bellucci, para recordar eso no te necesito.) Hasta me has quitado el mal sabor de boca que me dejo esa pelicula.

Felicidades.

Editado por REY_CARMESI, 17 April 2008 - 12:41 PM.

Imagen posteada

#8 Lobo Estepario

Lobo Estepario

    Ancillae

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Posteado 17 April 2008 - 02:42 PM

Gracias, Rey, por la crítica. Lástima lo del color rojo: las opciones de publicación en el foro no daban para más; el original tiene un color rojo oscuro, mucho más suave y que a mi entender no molesta a la vista del lector. La idea de poner diferentes colores me salió recordando La historia Interminable.

Lo de fulano lo cambiaré por un nombre francés cualquiera. Por otro lado, no hay en el relato intención de sorprender con un desenlace inesperado; cuando lo redacté por primera vez sí que intenté tal cosa, guardando información para el final, pero resultó un relato aburrido, por ser demasiado extenso y no lograr la progresión adecuada, así que renuncié por incapaz. Sobre lo de la complejidad, pues no sé a qué te refieres, si a la complejidad del tema o de la prosa. Si te refieres al tema, lo cierto es que se trata de un tema extremadamente complejo, que creo no haber manejado bien en este relato; es mas, esta es la razón de por qué el lobo en el espejo es un relato que tengo aborrecido de tantas vueltas que le he dado, sin lograr nunca lo que me proponía en un principio. No suelo tocar mucho lo que ya está escrito, como tú con tu Rosa de Dracia, pero con este maldito cuento me pasa todo lo contrario: valga este fragmento de Dreamtigers para ilustrar:

"Dormido, me distrae un sueño cualquiera y de pronto sé que es un sueño. Suelo pensar entonces: éste es un sueño, una pura diversión de mi voluntad, y ya que tengo un ilimitado poder, voy a causar un tigre.

¡Oh, incompetencia! Nunca mis sueños saben engendrar la apetecida fiera. Aparece el tigre, eso sí, pero disecado o endeble, o con impuras variaciones de forma, o de un tamaño inadmisible, o harto fugaz, o tirando a perro o a pájaro."

Y sí, es cierto, la peli deja bastante que desear.

Editado por Lobo Estepario, 17 April 2008 - 02:45 PM.

"La estupidez es una enfermedad extraordinaria, no es el enfermo el que sufre por ella, sino los demás."

Voltaire

#9 Rhaenys

Rhaenys

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Posteado 17 April 2008 - 02:52 PM

Lo del color rojo del texto es, obviamente, culpa mía: efectivamente, el texto original de Lobo es de un colo rojo oscuro, más agradable, pero probé a utilizarlo y los que tengan el fondo DLan clásico (oscuro) no verían nada. Pido perdón pues, más tarde probaré si es posible cambiarlo ???

#10 Lobo Estepario

Lobo Estepario

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Posteado 17 April 2008 - 02:59 PM

Ey Rhae, tranqui que no es culpa tuya, y tampoco pasa nada. Si quieres puedes cambiármelo a cursivas, como recomendaba Darsha. Sin prisa ???

Saludos
"La estupidez es una enfermedad extraordinaria, no es el enfermo el que sufre por ella, sino los demás."

Voltaire

#11 Rhaenys

Rhaenys

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Posteado 17 April 2008 - 03:14 PM

Dicho y hecho ???
No ha lugar a más críticas del color xDD

#12 Immortality

Immortality

    The Captn, Almirante de la flota estelar.

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Posteado 17 April 2008 - 03:26 PM

Pues otro voto para el "excelente relato". La verdad, es una historia que engancha, y mira tu, la leyenda original no la conocia.

El final, fantastico. ???

Lastima que no haya entrado en el concurso, sin embargo, una lectura muy entretenida! ???
Hola!

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#13 palafoxx

palafoxx

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Posteado 18 April 2008 - 02:33 AM

Después de leerlo, no sé si me he quedado extático o extásico. Impresionante. Mis felicitaciones

SaluDTssss

restlesstiny3gd.jpg    Inmortalidad es sólo una palabra. Todo lo que existe puede morir. Cada ente viviente tiene un arma contra la que no tiene defensa. Tiempo. Enfermedad. Hierro. Culpa


#14 Lobo Estepario

Lobo Estepario

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Posteado 18 April 2008 - 09:55 AM

Muchas gracias, Palafoxx, me alegro mucho de que te haya gustado ???
"La estupidez es una enfermedad extraordinaria, no es el enfermo el que sufre por ella, sino los demás."

Voltaire

#15 Darsha

Darsha

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Posteado 18 April 2008 - 06:34 PM

Hola!

Sólo quería complementar algo sobre lo que ya han hablado los demás, y es que si yo tengo que elegir entre: un final que me sorprenda con un giro inexplicable de última hora, en el que un autor puede caer en el final sorpresa porque sí, y no puedas entender la razón; o lograr un desenlace equilibrado, coherente con la historia y que no traicione la idea original… me quedo con esto último. Es cierto que hacia la mitad del relato “vi”, también, la conclusión del mismo la primera vez que lo leí, pero eso no me decepcionó. Me obligó a volver atrás, y releer lo ya andado para comprobarlo, y asistí al final alegre esperando que se confirmara. A mi parecer rematas muy bien el relato.

En cuanto a los colores… siento si he llamado mucho la atención sobre el tema. Es cierto que en el universo bloguero los colores en los textos son habituales, pero yo siempre que leo pienso en un libro. Para mí leer en la pantalla es un accidente, y hay cosas que me siguen chocando.

El hecho de que Palafoxx salga de su retiro y alabe tu relato, es casi el mayor de todos los elogios ???

Agradecer a Rhaenys que comentara que la última frase cierra el círculo con el principio, se me había pasado, por eso no entendía la inclusión del epílogo.
Emerson dijo que una biblioteca es un gabinete mágico. En ese gabinete están encantados los mejores espíritus de la humanidad, pero esperan nuestra palabra para salir de su mudez. (J.L. Borges)

El cuento es la literatura del nómada. (J. Cheever)



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