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Forjando reinos


22 respuestas al tema

#1 The_Exorcist

The_Exorcist

    Periodista y Escritor

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Posteado 13 November 2003 - 07:00 PM

Esta es una historia que escribí hace mucho, de momento he transcrito de mis apuntes esta parte, y os la pongo para k me digáis que opinais. Está basada en el mundo de neverwere cuyos detalles tiene immort


Haciendo honor al sobrenombre que los humanos le habían puesto, Sirine "La Llave que Abre" entró en la sala del trono de Crysta sin que ninguno de los guardias se atreviese sólo a pensar en detenerla. La puerta se abrió, pero no había nadie allí. La mirada de la profeta se perdió en aquel enorme salón. Luz entraba a raudales por ventanas alineadas por parejas en las paredes de las naves laterales, más allá de las hileras de columnas que sostenían el cielo raso.
Altas esculturas fabricadas en mármol negro se ubicaban entre columna y columna para representar a los grandes reyes que habían gobernado en la ciudad de los magos. Sirine se fijó en que se habían retirado los tapices y las cortinas de tela, dejando la sala únicamente constituida por la piedra. Tampoco se encontraban allí objetos de madera o metal.
Sirine recordó entonces las altas esculturas de la Montaña Nublada y le entraron escalofríos, pero, ¿cuánto tiempo hacía ya que aquello le había sucedido? Mucho, sin duda, quizá más, pero no era momento de detenerse en cálculos estúpidos.
Al fondo del salón, sobre un tono de cristal, permanecía un hombre anciano con la cabeza gacha sobre su regazo. Sirine avanzó rauda la gran sala hasta colocarse a tres pasos del lugar donde se encontraba. Entonces furiosa como sólo ella lo podía estar gritó:
-   ¡REY ISLINGTON!
El anciano la ignoró. Esgrimía una sonrisa en su boca mientras observaba el objeto de su regazo. Era un antifaz de terciopelo negro. Sirine avanzó hacia él un poco más, pero Islington levantó entonces la cabeza y cruzó sus ojos con los de la profeta.
-   Mal, muy mal. -dijo el viejo meneando la cabeza- Muy mal deben ir las cosas en Lauvé si se han aventurado a llamarte.
-   He venido por propia voluntad. -respondió Sirine- No puedo permitir que estas tierras caigan, antes prefiero que sigan siendo gobernadas por un demente como tú.
Islington se levantó de repente y empuñó su bastón haciendo muestra de una vitalidad excelente para la edad que aparentaba.
-   ¿Demente me llamas? ¡Vosotros lo sois! Durante largo tiempo he meditado en secreto sobre vuestras formas de gobernar, formas que lleváis casi tres mil años manteniendo sólo por una estúpida tradición. Sabes mejor que yo que un solo hombre no puede gobernar un mundo.
-   Díma no es hombre. Ya no.
Si Islington no estuviese ya de por sí pálido se habría notado que su semblante se blanqueó. Azuzó su bastón y golpeó un pequeño gong situado tras el trono. Inmediatamente las puertas de la sala se cerraron, pero ninguno de los dos se giró a comprobarlo.
-   No dejaré -dijo la profeta- que Kalem lleve a cabo ese estúpido sueño suyo.
-   ¿¡Estúpido!? No puede serlo. Conoces mejor que yo el poder de las cabezas de Omen. Él es el verdadero elegido.
-   Elegido, ¿por quién?
Sirine desenvainó lentamente una espada oxidada que llevaba bajo la túnica.
-   Aquí a los héroes los elijo yo.

#2 Merlin

Merlin

    Hechicero de la Hermandad Arcana

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Posteado 14 November 2003 - 01:10 PM

Segun mi opinion esta bastante bien, pero la historia esta por la mitad, no tiene el comienzo ni nada que aga referencia al sueño ese, si estubiese entero podriamos "juzgar" mejor, pero aun asi me a gustado. ???

Cookies, cookies everywhere!!!


Piltrafillas, ¡Al turróóóóóónnn!

 

Huar ik im, midzani ik im, dzar is ains Gutiksland
 


#3 'Bhasbuto'

'Bhasbuto'
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Posteado 14 November 2003 - 11:41 PM

Pues sin el resto como que se complica un poco entender pero tiene muy buena pinta, cuándo veremos el resto? ???

#4 The_Exorcist

The_Exorcist

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Posteado 17 November 2003 - 06:50 PM

Esto no tiene principio. Bueno, si lo tiene pero son más de cuarenta páginas ???
Pero tranquilos, durante el resto del relato se van explicando cosas. Al final tendréis toda la información que necesitéis para entender. Y ahora lo sigo.
P.D.: Un sueño es una ilusion, aqui es una utopía.


Los gélidos rayos del sol en su ocaso despertaron al joven Kin. El canto del gallo confirmó la idea que le vino a la cabeza una vez abrió los ojos: era mediodía, y tenía que trabajar. Kin encendió su pipa y le fue dando caladas mientras se afeitaba y vestía. La pipa era la única forma de que disponía allí para medir el tiempo. Un cuarto de hora era lo que tardaba en terminarse una pipa, y un cuarto de hora era lo que le faltaba para ocupar su puesto en las almenas.
Comió una naranja y bebió aguamiel -que en aquel lugar era menos fuerte y más dulce, hasta el punto que a cualquier otro le habría parecido repulsivo- todo sin dejar de fumar. Luego subió de nuevo las escaleras a su habitación. Su mujer, Gara, todavía dormía. La besó en la frente intentando no despertarla y luego se fue, no, volvió, dejo la pipa consumida en un cenicero de arcilla y se fue definitivamente.
Kin era alto, llevaba el pelo largo, y tenía unas patillas negras que le llegaban hasta la base de la cabeza. Aunque en cuanto edad ya había superado la veintena, no era muy musculoso, por lo que la gente le hacía más joven. Cualquiera que lo viese embutido en su potente armadura de guardia de la ciudad antes lo habría confundido con uno de esos locos aventureros salteadores de tumbas llenas de monstruos antes que con un respetable guardia.
Era su aspecto lo que le hacía difícil imponerse y ganarse el respeto de la gente, y si no puedes hacer que la gente te respete, tu único lugar como guardia son las murallas. Aun así, entre sus compañeros se había ganado bastante prestigio: él era más respetable que los demás que habían allí, y además, sabía usar bien el arco.
El cuartel en el que Kin se ganaba el sueldo parecía más una taberna que otra cosa. Tenía las paredes construidas con piedra y cemento -más bien un sucedáneo de ambos materiales- y un poste que colgaba del segundo piso con un cartel. Así decía el rótulo:

Honrosa Milicia Protectora de Crysta

No dejó de pensar que el título tenía algo de ironía. En vez de proteger se habían encargado de dar muerte a demasiados ciudadanos de la ciudad. Todos por orden del rey. Pensó si tal vez no estarían actuando contra Lauvé y el imperio.
Antes de entrar miró un pergamino casi tan largo como él que había colgado en la puerta. Todas las mañanas lo comprobaba, mientras rogaba a Origin que no le hubiese llegado la hora a ningún conocido. Pero recordó que Origin estaba muerto, y dejó de rogarle. Suplicar a un muerto no tiene utilidad.
Un día antes el bardo del pueblo les había cantado una versión preliminar de la hazaña que se libró en el horizonte librándolos de la noche eterna, y el contenido luego lo había discutido con un clérigo, que le confirmó que era verdad.
Ángeles y diablos expulsados de sus cielos juntaron sus espadas para cumplir con sus destinos. Las puertas cerradas de las Mazmorras del destino habían sido abiertas sellando el porvenir de un pueblo sin nombre -el pueblo de los Uthii. Níza, diosa de la luna, se inmoló entonces acabando con la vida de su hermano, el dios del sol, Origin. Pero si ambos hubiesen muerto no habría cielo, hubo algo que cambió todo. Uno de los que viajaron a las Mazmorras del destino era hijo de la diosa de la luna, predestinado a ser el nuevo dios del cielo. Del día y de la noche. Ahora todos los astros fluían con armonía, pues un solo dios los manejaba.
Kin no preguntó el nombre del nuevo dios o diosa. Había leído un libro -sólo titulado como Valhalla-, en el que se contaban las guerras con los dioses en la antigüedad. Prefería ahora adorar a un dios muerto que a un dios desconocido. Aún iba meditando sobre sus propias palabras mientras entraba a la taberna-cuartelillo.
- Ah, hola Kin. -dijo Cynthia, su superiora, con una sonrisa en la boca- Enhorabuena a todos, hoy tenemos guerra.

#5 The_Exorcist

The_Exorcist

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Posteado 17 November 2003 - 06:53 PM

Tranquilos, va por fragmentos de cada uno de los participantes hasta que todos se conectan.

#6 The_Exorcist

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Posteado 26 November 2003 - 06:05 PM

Bueno, pos ya k lo he empezado lo voy a terminar

Dos cortes superficiales se encontraban en ambas de mejillas de la profeta. La sangre, roja, caliente y fétida, le fluía como dos hermosas cortinas, goteando desde su barbilla para caer en sus turgentes pechos. Islingthon, frente a ella, aún estaba intacto si no contamos su vejez como una herida.
Sirine sabía que estaba sangrando, lo notaba, pero así lo quería. Recibiendo un par de cortes superficiales al principio de la batalla consigues que el oponente se confíe, y no espere el millar de cortes que eres capaz de producirle durante ella. Pero en este caso las heridas tenían un propósito menos violento: el diálogo.
La profeta esquivó una arremetida del rey, y empezó a hablar, pues era mejor arma que su bastón.
-   Sé que es más dificil la elección de los aliados que las de los enemigos. Pero en este caso habéis errado en exceso.
-   ¿Celosa, Sirine? -dijo Islingthon- Ambos sabemos quién se levantará entre los fuegos y los relámpagos del Fin del Tiempo.
-   Y será él, Ser -Sirine esquivó otra estocada y jadeó, aunque no se sentía en absoluto cansada.
-   Ser no existe estúpida, no puede serlo. ¿Acaso no recuerdas tus propias creencias? "Ser. Creador de todo aquello que existe y es real en este mundo, no pudo formar parte de su creación"
-   Pero también escribí que un día regresaría, y así será. -Sirine golpeó a Islingthon en la mandíbula con el bastón. Un lúcido diente saltó cerca de uno de los ventanales.
-   No podrá hacerlo. Lo impediremos. Pues tenemos las cabezas.
-   Basta de juegos, Islingthon. He venido a avisarte. Kalem no precisa pacto alguno con tu ciudad, la arrasará y quedará reducida a cenizas. Tendrán la vía libre para llegar a Karak-nïr, y Rhûn no será capaz de impedirlo. Todo se reduce a esta batalla.
-   Intentas confundirme,bruja. -Islingthon se limpió de sangre la boca- Pronto llegarán sus emisarios, e Islingthon será representante de Kalem en esta ciudad. Así lo escribiste en las Tablas del Destino.
-   ¿De veras, Islingthon, -dijo deponiendo las armas- crees que habría sido tan estúpida como para escribir las verdades de nuestra vida futura y entregároslas a los mortales?¡Habríais impedido hace siglos el retorno de Ser! Escribí aquellas páginas para guiaros, no para encauzaros. Me decepcionas, Islingthon, has fracasado como rey. ¿Acaso tus ojos han estado ciegos para ver cómo las ciudades de Ligeia caían en cenizas para luego ser reconstruidas?¿Tu olfato acaso no huele el sudor de sus guerreros acercándose hasta aquí? ¿Acaso no oyes que tu propio pueblo te previene contra Kalem?
Entonces desde las almenas Kin gritó: "¡¡¡Nos atacaaan!!!";, y la ciudad se convirtió en un alboroto de armas y caballos siendo transportados al frente de la batalla. La noticia corrió de boca en boca, y todo el mundo se refugió en sus casas, excepto los que aún podían seguir durmiendo.
Islingthon ya había envainado sus armas y se dirigía a la puerta cuando Sirine dijo:
-   Sólo vine a decirte que eso no es un comité de bienvenida.
E Islingthon descubrió que así se lo habría tomado, de no haberle visitado la profeta.

#7 The_Exorcist

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Posteado 26 November 2003 - 06:08 PM

Aqui os doy una muestra del lenguaje teónico, que inventé hace un año. Las runas os las enseñaré en otro momento.

El sonido de los caballos cabalgando por en medio de la calzada despertó a Gara. Aún tenía sueño, mas no podía seguir durmiendo. Se acercó a la ventana y miró afuera, al horizonte. Descubrió en él la mancha roja de los caballeros.
Somnolienta, vió la aún humeante pipa de su marido, Kin. La cogió, aún estaba a punto de apagarse. La llenó con un poco más de hierba y la chupó un par de veces para que se encendiera, sin tragarse el humo. Luego volvió a la ventana y miró al cielo.
-   Oh, Nië Fëäv Yüthübëfä, Ebos. -oró Gara- Deäl Dyö Blïtëï, Ksü Tüïmfa Yüvdyë Diëdï Vyü Eïdïbü, Nië Neïlëfä Kin Syöüthsyï Eï Theï Syëfï. (Oh, Mi Dios Elegido, Ebos. Por Tu Gracia, Que Cuando Esta Pipa Se Apague Mi Marido Vuelva a La Vida.)
El viento empezó poco a poco a levantarse, y a los segundos lo que sonaba era un gran vendaval. Gara vió que la llama de la pipa comenzaba arder con el viento, así que la dejó en la repisa, y miró al horizonte, intentando divisar a Kin.

#8 The_Exorcist

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Posteado 26 November 2003 - 06:09 PM

Kin estaba en las murallas, tensando su arco cuando el viento empezó a incrementarse. Charlaba con su compañero que sería imposible acertar al mismísimo Toro con aquel viento. Cynthia subió entonces, y de un grito les dijo todo lo rápido que le salieron las palabras.
-   Compañía cinco, soltad los arcos, tomad las espadas y uníos a la infantería.
Todos acataron la orden y salieron de la ciudad por la puerta norte, de donde venían los atacantes. Cruzaron la caballería y se pusieron delante de ellos, en primera fila. O primera fila habría sido, si el rey Islingthon no estuviese allí, al frente, formando la primera defensa de su casa, y no la última, como los cobardes de los paganos tenían por costumbre.
Islingthon adelantó su caballó, y observó cómo las hordas de Kalem se dirigían a la ciudad. Nada las detendría hasta que le matasen. Se dio la vuelta y todo el mundo pensaba que iba a soltar algún discurso memorable, solemne, como solían hacer los reyes. Pero en vez de eso caminó hasta la cuarta compañía y se encontró con Sirine, que también estaba en primera línea de batalla.
-   Habría sido mucho más fácil con una negociación. –dijo Islingthon.
-   No. -respondió la profeta- Les habrías permitido pasar. Así aún nos queda una última oportunidad. A mí y a tu pueblo.
-   Eso me excluye.
-   Lo sé.
Islingthon volvió a ponerse al frente del ejército. Su capa azul celeste ondeaba con el viento. Al este se divisaban nubes negras. Desenvainó la espada, y los miró. Uno a uno recorrió todo su ejército mirando las caras de los que luchaban.
-   Señores. -comenzó, y al hablar se calló todo el mundo. Sólo los cascos de sus enemigos se escuchaban tras él- Hoy es un mal día, los vientos soplan en nuestra contra, y tenemos que luchar por conservar nuestros hogares. Pero aunque del cielo tenga que llover nuestra sangre, y los vientos traigan los gemidos de nuestros caídos, lucharemos, tanto yó como vosotros. Porque ésta, ésta es nuestra tierra, nuestra patria, nuestro hogar. Desde dentro de esas murallas nuestra mujeres e hijos nos esperan, rogando a los dioses que esta noche reciban buenas nuevas.
>> Ésta no es una lucha por el placer, es una lucha por el vivir, quiero que todos déis lo mejor de vosotros mismos, tomando fuerzas de donde no las haya. Pues aunque los Nueve Infiernos con sus cielos caigan sobre nosotros, nosotros nacimos aquí, aquí hemos de morir, y que esto último no sea demasiado pronto.
Islingthon dio la vuelta y vió que Kalem se acercaba. Con su potente armadura roja sobre un caballo negro. Los dos reyes en primera fila y sus ejércitos detrás. Todos participarían en ello y sólo había una forma de acabar. Que uno de los dos muriese, obligándo a su ejército a rendirse.
Gara desde su ventana veía las nubes negras y sabía que Ebos la había escuchado. Que al acabar la batalla, para bien o para mal, su querido resucitaría si estaba entre los muertos y volvería a casa. Se sintió complacida al ver que las nubes empezaban a desprender pequeños copos de nieve.
Sonaron dos cuernos, e Islingthon lanzó su grito de guerra y, consagrándose a Épheli, empuñó su mandoble dirigiéndose directamente hacia Kalem. Su caballo, rápido como el viento, encontró entonces el viento a su favor y cabalgó sobre él para abalanzarse a Kalem.
Kalem levantó el escudo y rechazó la primera carga de Islingthon. El ejército de Crysta aún estaba muy lejos, y la infantería retrasaba el avance de los caballos, como había dispuesto él mismo que fuese. Islingthon rechazó una estocada de Kalem, pero descubrió que sólo era una finta, y recibió un buen golpe bajo el brazo. Por suerte, aún se mantenía sobre el caballo.
Islingthon intentó hacerle otra finta a su manera, pero Kalem, Kalem ya sabía qué finta le iban a hacer, y la evitó desprendiendo al rey de su arma, para luego contraatacar con fiereza a su hombro ya maltrecho, separándolo del cuerpo. Islingthon, sin poder de hacer frente al inminente dolor, cayó del caballo, a la vez triste, a la vez satisfecho. Porque la batalla había terminado, y su pueblo estaba a salvo.

#9 The_Exorcist

The_Exorcist

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Posteado 26 November 2003 - 06:10 PM

Kin, desde su fila, vió caer a Kalem, y aunque hasta ahora ya había corrido todo lo que daban de sí sus piernas, aceleró el paso, azuzando además a su capitana, Cynthia, que estaba a su lado. Pero Cynthia no se movió. Como nadie en su peloton. Como nadie en su ejército. Pues estaba corriendo solo.
Dirigió una mirada a su capitana que sólo asintió con la cabeza. Luego miró a Sirine, que desde su le miraba y parecía contenta. Posó otra vez la mirada en Cynthia, ella estaba estoica, seria con la cara al frente. Eran las reglas, las reglas que defendían. No las podían infringir.
El otro ejército también se había parado por la misma razón. Crysta era en ese momento una ciudad sin rey ni gobierno, y cualquiera podía reclamarla, a ella y a su ejército. Por supuesto ese cualquiera iba a ser Sir Kalem de Noern, que en su caballo se acercaba mientras se quitaba el casco.
Kalem suspiró, y miró el ejército, descubriendo en él a Sirine. Alzó su espada, llena de sangre congelada, y la tiró al suelo hendiéndola en él. Luego comenzó su discurso, el discurso que tan bien conocía, el discurso que ya había repetido en otras seis ciudades más al norte, y que pretendía seguir haciendo en las del sur.
-   Yo, Sir Kalem de Noern, armado caballero paladín en la ciudad de Rundar, y anterior gobernante de la ciudad de Frysan, Mónica, Luz, Martel, Arandel -hizo una pausa- y Tasel, pues desde este momento dimito de tal cargo cediéndolo a uno de mis protegidos, me proclamo vencedor de esta batalla y por tanto me proclam...
-   ¡Alto!

#10 The_Exorcist

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Posteado 26 November 2003 - 06:14 PM

Ya se k esta parte corta el ritmo, pero hay cosas que necesitabais saber y k m habeis dicho al principio.

El que gritaba era Kin. Ya sabía de sobra quién era Kalem. Era imposible no hablar de él durante las comidas o las cenas. Le conocía a él y a lo que esperaba hacer.
Kalem había sido rey en la ciudad de Frysan, y un buen rey, por lo visto. Hasta que notó que en su interior los años se iban acercando. Pidió ayuda de magos adivinos, e incluso brujas adoradoras de los malvados dioses menores para alargar su vida todo lo posible.
Según se decía, encontró la forma de alargar su vida, mas no de forma permanente, sino unos cuantos años más. Le aterraba la idea de morir así que se encerraba noche tras noche tras noche sin comer ni dormir en la gran biblioteca de Frysan, ojeando los antiguos manuscritos, las historias, buscando algo entre los mitos capaz de hacerle realmente inmortal.
Como todo el mundo ya sabía, la única forma de que un mortal se convirtiese en divinidad era bebiendo de las aguas del lago Yitán, en Landor, tierra de dioses, donde los mortales comunes no pueden llegar por nada del mundo.
Pero un pergamino más fue hallado, de los tiempos del Valhalla. En el pergamino se narraba la creación de las cabezas de Omen, forjadas por los siete grandes reyes de la antigüedad con la ayuda del dios Origin, para otorgarles la omnisciencia, que los haría mejores gobernantes y les protegería de los dioses menores.
Pero el poder de las cabezas de Omen fue demasiado grande, y ninguno de los siete reyes quedó vivo cuando lo usó. Sus cerebros se habían convertido en un líquido viscoso que se escapaba por sus orejas. Sin gobernantes, los últimos vestigios de la adoración a los dioses mayores estaban por extinguirse.
Aunque Origin, sintiéndose culpable, había tomado armas y defendido a sus creyentes con uñas y dientes, desterrando o matando, uno por uno y para siempre a la mayoría de los dioses. Más tarde esas cabezas fueron entregadas a los próximos gobernantes de los mortales, que las guardaron bajo custodia en sus castillos, trasladándolas de vez en cuando a sitios más seguros, hasta que al final la pista se volvió irreconocible, y las cabezas se perdieron para siempre.
Kalem, con la excusa de estar siendo manejado por un demonio que se había hecho pasar por uno de sus sirvientes, arrasó una por una todas las ciudades del continente de Ligeia, respetando Rundar, por haberle armado caballero.
Como Lauvé no le permitía gobernar en más de una ciudad, dejaba allegados suyos en cada ciudad que abandonaba. Legalmente la ciudad pertenecía a sus súbditos, pero éstos dependían del rey Kalem. Así, poco a poco, se fue ganando un imperio.
Pero su premio no llegó hasta conquistar la ciudad de Tasel, allí, sólo se sabe que un día partió montado en un gran dragón negro, y al siguiente regresó con la cabeza de Ané (una de las cabezas de Omen). Incomprensiblemente, Kalem fue capaz de usar la cabeza de Omen a traves de varios sortilegios que lo protegían, y consiguió saberlo absolutamente todo.
Supo lo que fue y lo que será, lo que es y lo que puede ser. Conoce todos los caminos que puede tomar la suerte, todas las cosas que pueden pasar, y las que pasarán con exactitud si maneja sus propios movimientos. De este modo, Kalem había logrado un poder demasiado grande para un mortal, y muchos de los reyes que aún seguían fieles a Lauvé le adoraban y de habérselo pedido Kalem, le habrían entregado sus ciudades sin ningún remordimiento.
Kalem sólo tiene una idea en la cabeza(al menos que se conozca públicamente) y es que debe formar reinos. Hasta ahora Lauvé ha considerado el terreno no amurallado como territorio aparte de todas las leyes que puedan existir en el interior. Fuera de las murallas de la ciudad todo es permitido. Kalem acabaría con eso, unificando los territorios y las ciudades, apostando más guardias, uniendo a todos los pueblos en uno y todas las tierras en una.
Éste es el sueño de Kalem.
El que llevaría a cabo si nadie se lo impedía.
-   ¡Alto! -gritó Kin- No puedes tomar esta ciudad.

#11 The_Exorcist

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Posteado 26 November 2003 - 06:15 PM

Kalem bajó de su caballo y recogió su espada mientras se dirigía al joven combatiente.
-   ¿Y quien me lo va a impedir -dijo el rey- sino tú, pequeño?
-   Nosotros. La ciudad que quieres tomar. Tú no perteneces a Lauvé, pues, no te ampares en sus reglas para hacerte con nuestro dominio. Lucharé, lo protegeré, yo sólo si es necesario, para evitar que te adueñes de esta tierra, en la que nací. -y se armó para combatir.
Kalem fue el primero en atacarle, con un golpe tan rápido que sesgó el aire y sólo dio unos segundos para que Kin se defendiese con su propia espada. Consiguió detener el ataque antes que le causase más daños que un leve rasguño en el centro de la frente. Fragmentos de sangre congelados se desprendieron de la espada del rey cayendo al suelo y hundiéndose en la nieve.
Kalem escupió a su contrincante para cegarle con esputos, pero la cara de Kin ya no estaba allí, se había deshecho de la espada de Kalem y atacaba por el flanco. El sonido del frío metal chirrió y soltó chispas al encontrarse con el escudo de oro macizo que mantenía Kalem.
Un golpe de Kalem es desviado por la armadura de su adversario. Una estocada de Kin es evitada por su contrincante. Un golpe bajo evitado con un salto. Los contendientes parecen estar danzando tras el sonido de una desafiante melodía, una canción cuya nota final será la muerte de uno de los actores.
Kin no piensa, no tiene estrategias, sólo ataca usando las capacidades de su cuerpo en el momento, y eso es lo que desconcierta a Kalem, acostumbrado a preveer cada golpe. El rey sólo necesita que Kin no se valga de su fuerza y velocidad para vencerle. Que intente alguna tramoya para despistarle. Entonces lo vencerá.
Kin rechaza el golpe de Kalem con el escudo, y contraataca rápidamente asestando un tajo horizontal que saja la armadura y araña la piel. Kalem retrocede por el golpe, más asustado que dolorido, y se coloca a unos metros de más.
Ahora es el momento, piensa Kin, cuando ve a Kalem alejarse, de utilizar su entrenamiento. Kin se abalanza sobre el rey blandiendo una estocada. Kalem la desvía, como Kin esperaba, y sigue el trayecto de su espada llegando a la retaguardia del rey y aprovechando el impulso para un corte limpio que atraviesa el cuello del rey como estuviese hecho de aire. Porque estaba hecho de aire.
El cuello de Kalem se encontraba un poco más abajo, junto al resto de su cuerpo, que mantenía firme una espada clavada en los intestinos del guerrero. El joven Kin cayó arrodillado en suelo cuando la espada abandonó su interior, y acabó por desmoronarse con la boca llena de su propia sangre.
Los últimos copos de nieve de la tormenta cayeron sobre su cuerpo que expiraba, tiñéndo su boca de color rosa y blanqueando su cuerpo con la nívea pulcritud de la dama muerte.
Kalem se relajó un poco y tomó aire, hundiendo de nuevo la espada bajo sus pies, y retomó su discurso. Con esto ya había cumplido. Nadie le detendría. Todo estaba en completo silencio, y ya el aire no se movía. Tomaría la ciudad y nadie más se le opondría. Sabía que iba a ocurrir. Y eso significaba que iba a ocurrir.

#12 The_Exorcist

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Posteado 26 November 2003 - 06:16 PM

Sirine caminaba sutil y gracilmente mientras atravesaba la multitud, y era como si sus pies no necesitasen en realidad posarse en el suelo, y únicamente lo rozasen, de vez en cuando, por el placer de su contacto con el mundo terrenal, ya que ella, toda ella, en su conjunto, parecía casi divina.
Su largo pelo, bruñido y dorado por el sol, se mecía sobre el aire frío, y parecía bailar junto a su cuerpo, al son de una hermosa cancion largo tiempo ya olvidada. Sus ojos, de un blanco de perla y un oscuro fondo de azabache, se posaban uno a uno en todos los combatientes que, impávidos, observaban el discurso del rey.
Lentamente sus ojos encontraron la persona que había estado buscando, con su cabeza oculta tras un casco plateado que no podía ocultar su melena pelirroja. Cynthia. Sirine se avanzó hacia ella suavemente, y sus pisadas no dejaron rastro en la nieve. Pero Sirine ya no era ella. Ahora no era la profeta de los hombres. Sirine era ahora el único ángel portavoz del creador de este mundo, y actuaba según sus deseos. Los deseos de quien está en lo alto. De quien está fuera. Más allá.
Sus labios enrojecidos por el frío –el cual sentía, por ir desnuda, pero no la mataría, por ser inmortal- se aferraron a los oídos de Cynthia, y susurraron una frase inaudible que nadie más oyó, y si lo hizo, sólo Cynthia comprendió
-   Oooh, Mierda. -exclamó en voz baja Cynthia. Más bien sonaba como un -no me puedo creer lo que estoy a punto de hacer-.Dio un paso al frente, y Kalem se detuvo.
-   ¿Qué ocurre aquí? -preguntó Kalem. No se lo esperaba. Estaba nervioso.
-   No tomarás esta ciudad, Kalem. -dijo Cynthia confiada- Ya no importan las órdenes. En este punto de nuestra historia nunca hemos estado más lejos de ellas. Simplemente no eres bienvenido aquí, y te detendré. Si quieres la corona de Crysta, pasarás antes sobre mi cadaver.
Incertidumbre. Eso era lo que Kalem sentía. Se había equivocado pero no podía ser, él lo sabía TODO
Peor se sintió cuando uno de los caballeros se abrió paso entre la infantería y apoyó a Cynthia. Ese segundo caballero era Lusem, y también defendería su patria. Junto a los dos capitanes se unieron sus escuadras, y poco a poco todo el ejército había dado el paso al frente.
Todos rechazaban a Kalem, nadie en toda Vena le aceptaría como rey después de escuchar sus historias. Todos gritaban en su contra, todos le echaban. Al final la tensión del momento se congeló, y se fragmentó en pedazos, cuando el pueblo entero se le abalanzó encima para matarle.
Kalem rechazaba por pares los ataques que le dirigían, y mientras intentaba alcanzar su montura para escapar de aquel infierno. Una vez consiguió subir, hizo una señal a su ejército para que le asistiera, y el ejercito de Kalem corrió y se unió a la batalla para cubrir la huida del rey.
La batalla había comenzado, y lluvias de sangre surcaban el cielo, y los lamentos de los caídos llegaban con el viento, que se levantó al primer golpe.

#13 The_Exorcist

The_Exorcist

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Posteado 26 November 2003 - 06:18 PM

Desde su ventana Gara sintió frío. Pero no era un frío normal, del tipo que congela la carne y hiela los huesos. Este era un frío que arrebataba el calor del alma, y a su mente sólo trajo recuerdos de muerte. Cogió la pipa de Kin, y las nubes se abrieron, dejando pasar un rayo de sol a la batalla en la lejanía. Gara se estremeció en un escalofrío, y la pipa escapó de sus manos cayendo al gélido suelo.
La madera chocó con un bordillo, esparciendo el humeante tabaco a través de la nieve. Una pequeña brasa parpadeó un poco antes de extinguirse, acabando de apagar el contenido de la pipa de Kin. Y Ebos obró el milagro.

#14 The_Exorcist

The_Exorcist

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Posteado 26 November 2003 - 06:18 PM

Kin despertó en medio de la batalla sin saber muy bien porqué, y sintió el sol abrasándole la herida de la frente. Pensó que ahora estaba muerto, y pronto vería a la dama muerte acercarse a él. Pero un salpicón de sangre que le ampapó la cara desvaneció la quimera. Estaba vivo, y a lo lejos Kalem intentaba huir montado en su caballo.
Kin se abrió paso a golpes entre sus enemigos intentando llegar a Kalem. Mientras tanto, el rey alcanzaba la última línea de su ejército.
El caballo de Kalem tropezó y cayó al suelo, con un mandoble que le atravesaba el vientre, y el rey fue enviado unos metros más adelante. Tardó unos segundos en quitarse las piedrecitas que le habían atravesado la cara, y entonces pudo alzar la vista, sintiendo el horror, al ver sus ojos reflejados en los de... Islingthon.
Su cara se fruncía como con odio, pero no reflejaba expresión alguna. Estaba pálido, desangrándose, y se sujetaba el muñón del brazo izquierdo con la otra mano. No estaba armado, pero a Islingthon no le hacía falta.
Se soltó el brazo izquierdo, y de un chorro fue manando la poca sangre que le quedaba. Olía a queso podrido. Hizo unos extraños gestos, y pronunció unas palabras en lengua arcana: -S´ruqueï Fyü Siöüba. -De sus dedos surgió una flecha de aire candente que se clavó en el pecho de Kalem y desapareció. El rey gritó de dolor, pero todavía no estaba herido de gravedad.
Entonces Kin surgió de la batalla, y Kalem gritó de nuevo, esta vez de terror, y echó a correr. Islingthon yacía en el suelo, luchando por mantener el aire en sus pulmones, pero ya no tenía remedio, le quedaba muy poca sangre. Kin lo observó, pero no lo ayudó, y siguió corriendo tras de Kalem.
Kalem miró hacia atrás temeroso de que los muertos le siguiesen, y ese temor se confirmó al ver a Kin. Concentró su mente, e invocó con ella una mano invisible que detuvo al caballero. Y Kin corría, pero no se movía, y el rey se siguió alejando, hasta desaparecer tras la nevada colina.

#15 The_Exorcist

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Posteado 26 November 2003 - 06:20 PM

FIN

Y aki unos cuantos epílogos para saciaros del todo. Esta es mi parte favorita

Epílogo 1
La reina Cara paseaba por el castillo, y no sabía muy bien porqué. Decidió subir a su habitación, y desde el balcón pidió unas gafas para observar la batalla. Gracias a las lentes pudo ver con extrema nitidez el combate entre Kalem e Islingthon, y cómo este último caía al suelo.
Cara no sintió nada, no dijo nada. Sólo devolvió las lentes y continuó su paseo por el palacio. Entró en la sala del trono y no sentía nada por dentro, ni tristeza, ni lástima. Nada. Descubrió el diente de Islingthon lleno de sangre bajo la ventana. Ordenó a las sirvientas que lo recogieran. Quería que la sala estuviese limpia cuando el rey volviese.
Las criadas se miraron entre ellas, pero cumplieron la orden.
Paseó por los jardines y jugó con los peces que había en la fuente. Luego observó un rato a los patos que volaban hacia el sur, y los saludó alegre mientras pasaban. Luego subió de nuevo a su habitación y miró de nuevo por la ventana. La batalla había terminado, y eran vencedores. Bajó al recibidor y esperó al rey tras la puerta de entrada.
Las tropas entraron alegres y llevaban jarras de cerveza para celebrar su victoria. Nada más entraron la reina les preguntó:
-  La muerte de Islingthon no es real, ¿Verdad? Sólo fue una ilusión, una maniobra para bajarnos la moral.
Entonces Cara descubrió que hasta ahora se había estado aferrando a esa vana esperanza, y los ojos y el silencio repentino de los guerreros ante su pregunta le ofreció los motivos necesarios para abandonarla. Islingthon estaba muerto. Y ella ya no era reina.



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A Bragol. Tus amigos te echan de menos.